El 'Mare Oleum' de Lola y Antonio: una almazara con aceite que "sabe a mar" en la costa de Cádiz

Esta pareja de conileños emprendieron hace 18 años este proyecto oleoturístico en La Janda, donde cultivan un olivar ecológico, tienen producción propia de aceite, un hotel familiar y programan visitas y catas

Lola Caro y Antonio Brenes, al frente de Mare Oleum, proyecto de almazara y centro de interpretación en Vejer.
Lola Caro y Antonio Brenes, al frente de Mare Oleum, proyecto de almazara y centro de interpretación en Vejer. REYNA
19 de marzo de 2026 a las 19:55h

Un mar de olivos se divisa en el horizonte. Al fondo, Conil, y a la izquierda, El Palmar. En un entorno inigualable crecen cada año frutos que acaban convertidos en lo que se conoce como el oro líquido. En este enclave, término municipal de Vejer, un matrimonio decidió ofrecer una experiencia única entre olivos, luz y aromas propios. Lola Caro y Antonio Brenes, de 54 y 60 años, eligieron la cercanía al océano para montar su propia almazara y centro de interpretación Mare Oleum. Alejados del interior, donde es mucho más habitual.

La historia de esta pareja de conileños está muy ligada al turismo, el potente sector que se alza como el gran motor económico de la zona. En el año 2001, cuando se les presentó la oportunidad de adquirir una vivienda en Conil, Lola dejó su puesto como contable de Petaca Chico, empresa puntera del atún, para emprender una nueva aventura laboral.

Así, se convirtió en empresaria, rehabilitó una casa antigua y la transformó en el coqueto Hotel Almadraba Conil, de tres estrellas, con más de 20 años de vida. “Una camarera de piso nos comentaba que en las habitaciones de los huéspedes siempre había una botella de aceite y otra de vino y vimos que era una alternativa”, explican a lavozdelsur.es.

Lola Caro Mare Oleum almazara y centro de interpretación.
Lola Caro, en el olivar ubicado junto a El Palmar de Vejer.   REYNA

En 2008, con el alojamiento ya consolidado, decidieron apostar por este proyecto en una finca familiar heredada por Antonio. En este terreno, donde siempre se habían cultivado cereales, sembraron olivos. Una transformación en la que estuvo implicado este conileño apasionado del campo. Él tiene una gran experiencia en el sector como ingeniero técnico agrícola tras haber trabajado en la cooperativa Las Virtudes, un mundo al que accedió después de terminar su carrera en Náutica. “Fui marino mercante, pero eso de estar navegando no era lo mío y me cambié”, comenta.

Juntos arrancaron una empresa agroindustrial, con una importante componente turística, donde “hacemos todo desde el inicio, desde sembrar el árbol hasta poner en la mesa el aceite”. No fue precisamente ameno poner en marcha esta propuesta que permite desentrañar los secretos del AOVE. “Hacer una edificación en un terreno agrícola, con toda la burocracia que conlleva, nos costó unos nueve años. La verdad que emprender no es fácil, y cuando se trata de una industria agroalimentaria, tienes muchas dificultades”, sostiene Lola.

No solo deseaban tener producción en la almazara, bajo la marca Oleoconil, sino también crear un centro de interpretación que abrió sus puertas en 2023. La pandemia les pilló de pleno y retrasó todo. “Nosotros estábamos inmersos en una gran inversión y no sabíamos qué iba a suceder. Entonces decidimos paralizar la obra porque nos daba miedo. Después la licencia tardó muchísimo”, recuerdan.

Lola Caro Mare Oleum almazara y centro de interpretación.
Antonio Brenes, ingeniero técnico agrícola, en la almazara.   REYNA
Lola Caro Mare Oleum almazara y centro de interpretación.
Lola, durante la entrevista con lavozdelsur.es.  REYNA

Una vez inaugurado, tocaba mantenerlo, algo que a veces les supone un esfuerzo extra. El olivar depende de la meteorología y, como han notado en las últimas semanas, las lluvias torrenciales no ayudan. A esto se suma las trabas burocráticas que superan día a día. “La importancia del sector primario ha desaparecido. Aquí teníamos un hándicap. O abandonábamos nuestras raíces o le dábamos una vuelta. Y decidimos mantener nuestro patrimonio natural”, dice Antonio frente a los ejemplares en flor.

Su proyecto es una rara avis en el litoral de La Janda, donde ellos mismos aseguran haber aprendido mucho más sobre el oleoturismo y la producción del aceite. “Es una satisfacción personal hacer algo diferente. Estamos desubicados”, dice Lola, que comparte que “el aceite que hemos conocido todos en nuestras mesas es un gran desconocido. Llevamos toda la vida viéndolo y no sabemos nada de él”.

Un espacio divulgativo

En ese sentido, Antonio y Lola ponen su granito de arena realizando una gran labor de divulgación a través de visitas guiadas por el recinto y el centro.

Lola Caro Mare Oleum almazara y centro de interpretación.

Lola, ante los paneles del centro de interpretación.  REYNA

“Cuando la gente hace la visita, se lleva una sorpresa”, asegura Lola delante de los paneles explicativos. Es Antonio quien se encarga, además de los cultivos, de impartir charlas en las que enseña a distinguir el AOVE de otros que no lo son o a saber cuál es más saludable. Recibe tanto a turistas internacionales como a alumnos y alumnas de los colegios de la zona.

Antonio pasea entre los olivos mientras cuenta algunas curiosidades. El enclave influye en el sabor de su aceite. “Como nosotros conocemos al turista que viene a este litoral, que es alemán, ya sabíamos que no quería una aceituna fuerte, como puede ser la picual, así que plantamos arbequina, variedad de olivo cuya característica principal es su suavidad y su dulzura”, explica.

Lola asegura que las características del terreno le dan un toque distinto al aceite que producen. “Cuando vienen personas con paladares educados dicen que este aceite sabe a mar. Cuando ya vas haciéndote tu paladar a probar distintas variedades, te das cuenta que la cercanía del mar sí le da un sabor especial”, sostiene.

Lola Caro Mare Oleum almazara y centro de interpretación.
Antonio, junto a los olivos plantados en la finca de herencia familiar.  REYNA

Desde Mare Oleum, cuidan todo el proceso para que la aceituna no sufra y vaya del árbol al molino dando lugar a un producto “de primerísima calidad” que ya ha conquistado a muchos visitantes de países de Europa. “Tenemos muchos clientes centroeuropeos a los que les mandamos el aceite desde aquí”, dicen.

También distribuyen botellas en distintos puntos de venta, en tiendas de productos gourmet, en restaurantes o en el mismo hotel. Además de la venta por internet. “Hemos conseguido una clientela fiel que está esperando de un año para otro el aceite”, comenta Lola.

Además de empresaria en este proyecto y en el alojamiento turístico, esta conileña es la presidenta de la Asociación de Empresas y Comerciantes de Conil, es vocal en el Patronato de Turismo de Conil y participa en las Ampas de los colegios de sus hijos. “Yo siempre pienso que si todos aportáramos un poquito a nuestra sociedad, la sociedad iría mejor y todo sería más fácil”, dice esta mujer inquieta que inspira a otras.

“Nunca he tenido problemas en el trabajo por ser mujer. Aunque algún comentario de mal gusto sí he recibido. En alguna conversacion cuando digo que soy presidenta de una asociación, me dijeron, de amas de casa”, recuerda.

Un día de viento, Lola y Antonio se preparan para la temporada, ponen a punto las instalaciones tras el tren de borrascas, que también causó estragos en el interior de las instalaciones. Pronto, seguirán compartiendo esta pasión en la que ponen su empeño desde hace ya 18 años.

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Patricia Merello

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