La Vega recupera el 'glamour' 60 años después: "Si quitábamos los churros nos echaban de Jerez"

La emblemática cafetería jerezana, corazón del centro, solo está pendiente de los últimos trámites urbanísticos para reabrir. Seis décadas después de que el edificio modernista de De la Cuadra incluyera este bello córner en la capital del sherry, recupera su esplendor tras una rehabilitación por todo lo alto que ha durado casi un año

La Vega recupera el 'glamour' 60 años después: "Si quitábamos los churros nos echaban de Jerez"

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Fue Fernando de la Cuadra e Irízar, arquitecto municipal de Jerez desde 1935 hasta 1971, el que dio a la plaza Esteve la imagen que ha llegado hasta nuestros días. Una arquitectura de inspiración modernista donde el edificio del antiguo Instituto de Reforma Agraria (IARA) se corona con la conocida esquina de la mítica cafetería de La Vega. Sesenta años después de edificarse un bloque que supuso la demolición de parte del mercado y del convento de San Francisco, al menos este córner inconfundible de la capital del sherry recupera todo el esplendor de antaño de la mano de tres socios, dos de ellos de origen asiático, Sui Ping Zhang, Suli Liu y Luis Calvo, que han invertido alrededor de un millón de euros en una rehabilitación integral del establecimiento que se ha prolongado durante once meses.

La Vega en las décadas de los 60 y 70 era un icono. Lejos de la imagen decadente de los últimos tiempos, la cafetería era epicentro de transacciones comerciales, corredores y trasnochadores. Más de medio siglo después, con su apertura solo pendiente de los últimos trámites urbanísticos, está a punto de resurgir como punto de encuentro emblemático del centro histórico de Jerez. En el interior del local, el arquitecto francés Eric Perignat ha tomado el testigo de De la Cuadra y, junto con el diseño de interiores del danés Christian Harhoff —con mucha experiencia en la imagen de numerosos establecimientos hosteleros en Cádiz—, se respira el ambiente de un concepto funcional propio de la Bauhaus y con una arquitectura decorativa vinculada con el art déco que, como en una máquina del tiempo, rescata casi en la segunda década del siglo XXI el espíritu de aquella época y devuelve el glamour perdido a La Vega.

Lourdes Ponce, en la planta alta del edificio. FOTO: MANU GARCÍA

La expectación es máxima. "¿A mí me lo vas a contar? Tengo cola todos los días en la puerta, me dicen de todo: desde niña, esto cuándo abre; quiero ya mis churros; uy, qué bonito está esto... una vez que hemos quitado la valla, esto está todo el día repleto de gente mirando por las cristaleras... increíble". Lourdes Ponce, una joven de Baeza a la que, a sus 29 años, el amor la trajo hasta Jerez, es filóloga y traductora, pero su experiencia en negocios hosteleros y comerciales la ha situado como gerente de la nueva La Vega. Estos días son frenéticos para que todo esté a punto y el equipo, como ella dice, "haga piña". Son 25 trabajadores los que conforman el plantel de un negocio hostelero que abrirá de lunes a domingo y que tiene servicio de desayunos, almuerzo y cena, y una planta alta (con entrada por Parada y Barreto) enfocada a las copas.

"Tenemos muchos antiguos trabajadores de La Vega; de 12 camareros, por ejemplo, seis son antiguos trabajadores. Están encantados porque han visto el antes y el después y parece que se han quitado 20 años de encima al ver cómo ha quedado esto", explica la gerente en una visita guiada a lavozdelsur.es por el remozado espacio. El aspecto interior recuerda a la reforma de establecimientos tan míticos como el Café Comercial de Madrid. "El cariño con el que hemos hecho esta reforma es también un cariño hacia esa clientela que ha estado tantos años con La Vega. La propiedad del inmueble también entendió que si se hacía aquí una reforma no podía ser algo light, sino que había que hacerla por derecho, como se dice aquí", comenta Harhoff, que se suma al tour para mostrar todas las curiosidades de la rehabilitación.

Un horno de última generación, lámparas de los años 40, un equipo de sonidos Void que solo tiene en la provincia el local de Dani García en Tarifa, una barandilla art déco donde hasta el hormigón decora, una barra escultural y un jardín colgante en la planta alta, un cuarto de baño "teatral" con un pasillo de azulejos decorativos, un copero suspendido con arbotante, una barra de madera con bronce "que podría ser de un hotel de Nueva York de los años 30"... y el mítico mural de la Vega recuperado para la ocasión. "Solo esta pieza aguanta todo el local", dice el diseñador nórdico afincado desde hace 30 años en España. "Personalmente, insistí en que el mural se mantuviera, me empeñé en recuperarlo y en que estuviera en el mismo sitio, se ha restaurado entero, estaba en muy mal estado, y según me han dicho el mural lo hizo el padre de un churrero de la Plaza". El vino, los pescados, el racimo de uva, el sol... "Es fantástica la pieza", exclama Harhoff, muy orgulloso del resultado de unos dos años de trabajo.

Hasta los churros se han resituado con habitación propia y maquinaria digital. "Si quitábamos los churros nos echaban de Jerez", confiesa Lourdes. El churrero será Miguel Pizarro que promete que de su "laboratorio" partirán churros muy finos, porras, buñuelos y chocolate. "Los nuevos socios han hecho una inversión de locura con la idea de recuperar esa esencia anterior. El local llama la atención quieras o no quieras, y la idea es mantenerlo como un punto de referencia del centro de Jerez", explica su gerente. En la cocina, el jefe es José Luis Prieto, antiguo propietario del Reino de León que regresa al centro tras pasar por el Hotel Jerez. A su lado, Emilio Dorante, su mano derecha en la cocina para preparar platos de la zona, cocina de producto y de mercado, pero "con un puntito diferente".

A la ensalada templada de pulpo, los saquitos de toro, la tortilla de corvina en amarillo, las mollejas a la plancha, el codillo y las setas se sumarán cada semana un plato nuevo, y se incluirá el "cuchareo". Hasta los desayunos serán algo diferentes, incluyendo desde huevos revueltos hasta rellenos de tostadas de elaboración casera: sobrasada, pringá y zurrapa. "Arrancamos con carta provisional para ir viendo qué funciona y qué no, qué interesa cambiar; es una cocina de aquí con una pequeña vuelta de tuerca con una novedad que no está tan vista en el entorno", aseguran. Eso sí, advierte Lourdes Ponce, "queremos que sea un negocio asequible al gran público, el local es un lujo pero lo que vamos a ofertar va a estar a la alcance de la mayoría de bolsillos".

Harhoff ante el mítico mural de La Vega, totalmente restaurado. FOTO: MANU GARCÍA

Harhoff, en la recta final de los trabajos que devolverán el esplendor a un establecimiento emblemático de la provincia de Cádiz, afirma: "Llevo dos años trabajando en este proyecto y casi no hay jerezano que no tenga una anécdota en La Vega, gente de todo tipo habla de alguna anécdota aquí, tomaban el aperitivo antes del teatro o el café antes de ir al mercado. Me ha encantado este reto y he sentido una enorme responsabilidad ante el significado histórico y la idiosincrasia de Jerez y de La Vega, en el corazón de mucha gente de aquí".

El danés agrega: "El concepto pasaba por ser muy respetuosos con el edificio, esa era la premisa inicial, y muy disciplinados en cómo desarrollar la reforma en el único edificio modernista en el centro de Jerez". Madera, hierro y cristal como elementos principales de una reforma que está a punto de ser realidad. "Cuando llegó la última parte de la cristalera y probamos luces, nos iban a tirar la valle, era esto Walking Dead", bromea Ponce. "Sabemos que la gente va a venir por la curiosidad pero el interés es que se dé buen servicio y buena atención y quieran volver. Ese es nuestro objetivo", promete.

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