El bar, anclado en la plaza San Andrés desde su inauguración, hace más de 30 años, es parada obligatoria durante la Semana Santa debido a su larga lista de pepitos a precios económicos.

Don Vito prepara su semana de Pasión. Debajo de cuadros que enmarcan citas célebres de Einstein, Picasso o Rosa Montero, aparece una cartelería de la imaginería jerezana: La Esperanza de la Yedra, La Salud, el Cristo de la Expiración, La Oración en el Huerto... Poco más. El bar, anclado en la plaza San Andrés desde que Gabriel Campón lo inaugurara el 28 de diciembre de 1985, es parada imprescindible para reponer fuerzas entre tanta procesión, penitente y tambor. Juan Carlos Moreno Jiménez, nacido en Madrid, pero criado en el barrio de San Mateo, está al frente del bar desde 2015. Hace un rato que ha llegado al establecimiento. Recoge algunos vasos de café medio vacíos, los recipientes de barro con su tomate artesanal y hace recuento de algunos productos que acaban de traer. Al rato coge una funda de plástico y saca un taco de folios. Viene de imprimir las cartas que esparcirá sobre las mesas de su local durante Semana Santa; una oferta algo más limitada para unas jornadas en las que sabe que tanto él como sus cuatro empleados estarán desbordados. 

En Jerez la Semana Mayor tiene dos recorridos: uno oficial por donde normalmente circulan las hermandades y el extraoficial, que se realiza por callejuelas, tascas y plazas despejadas de cirios. Y el bar Don Vito se encuentra en un sitio idóneo para la ocasión: ni dentro del bullicio ni muy lejos de la Carrera Oficial. No obstante, el emplazamiento no le favorece una vez que la Semana Santa finaliza. Entre el parking, el ORA y que “el Ayuntamiento de Jerez no se acuerda de la plaza para nada”, apenas hay tránsito, vida en San Andrés.

Rodeado de santos se encuentra la versión jerezana de Don Vito Corleone, el capo de la mafia italiana del escritor Mario Puzo. “Mi antiguo jefe le puso ese nombre al bar porque decía que Corleone, en El Padrino, ayudaba a los pobres”, expresa Juan Carlos Moreno, quien lleva más de 25 años en el negocio. Su actual dueño confiesa que es agnóstico y que su "verdadera pasión son las cosas paranormales", por ello, en la noche previa al Día de todos los Santos, Juan Carlos se disfraza y apaga las luces de Don Vito para crear una atmósfera de terror. “Recuerdo un Halloween en el que había niños que no paraban de llorar porque les daba muchísimo miedo entrar al bar”, ríe. Lleva solo dos años decorando su establecimiento con temáticas diferentes desde que se hiciera cargo del negocio. “Gabriel jamás hubiera hecho una cosa así”. Juan Carlos también recreó una merienda al más puro estilo Hogwarts cuando la librería El árbol de las palabras organizó una yincana durante el lanzamiento del último libro de la saga de Harry Potter. “Me encanta participar en los eventos culturales”.

Juan Carlos Moreno siguió los pasos de su padre casi sin darse cuenta. “Me mudé a Jerez con doce años porque mi padre encontró trabajo pintando barcos”, cuenta. Sin embargo, éste luego se embarcaría en diversas tascas y bares de la ciudad, incluso llegó a regentar el bar de la Peña Barcelonista de Jerez cuando esta se encontraba en la calle Justicia. “Él no era culé ni nada. No le gustaba el fútbol”. Como su padre, Juan Carlos hizo un grado de Electrónica y trabajó en una imprenta de Jerez hasta que terminan cerrándola en 1986. “Allí trabajaba con el hermano de Gabriel Campón, Pepe. Y como nos echaron, a los pocos días ambos empezamos a trabajar en Don Vito”. Desde entonces no se ha separado de la barra. Cada mañana saluda con ahínco a los clientes habituales: padres y profesores del Conservatorio Joaquín Villatoro y de los colegios La Salle Buen Pastor y Compañía de María. 

Además del típico desayuno andaluz de mollete con jamón, Don Vito alberga una larga lista de montaditos en la que destacan el San Francisco, un pepito relleno de pollo, ensalada, bacon y queso fundido; el payés: tortilla francesa, jamón y pan humedecido con tomate; o el parigüela, con pollo, pimiento, tomate y salsa verde. Y por supuesto, en un bar tan reclamado en la semana religiosa no podía faltar un montadito con nombre feligrés, como el monaguillo, un panecillo con queso manchego y tomate untado. Francisco Izquierdo, cocinero del bar, también resalta la salsa riojana de su aneto, una receta casera única. En Don Vito también trabajan Fernando, Raquel y la esposa de Juan Carlos, Ángeles Pérez. Ningún hijo del matrimonio en la plantilla del negocio. "Mi hija ha estudiado Enfermería y mi hijo Imagen y Sonido, y no quiero que trabajen en la hostelería. Es un trabajo al que le tienes que dedicar más horas que a tu familia...". No obstante es el oficio que ha escogido Juan Carlos y con el que se siente a gusto. "Me gusta servir a la gente", concluye, como la imagen que en su día Gabriel Campón tuvo de Don Vito Corleone cuando este decidió abrir su bar el Día de los Santos Inocentes. 

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