En los últimos años, la gastronomía ha experimentado un salto cualitativo espectacular en “Jerez de las modas”. El 'Bar Juanito' sigue siendo una fuente de la que podemos seguir bebiendo, y comiendo.

Noche del sábado, 10 de diciembre. Jerez está atestada de Zambombas. No sé de dónde sale tantísima gente, pero todas están a reventar. Los bares también. Cenar fuera de casa se me antoja harto complicado en un día así. En la plaza Plateros no cabe un alfiler. Tampoco en la calle Consistorio, Asunción, Larga, Arenal, Cuesta del Espíritu Santo, San Lucas, Cruz Vieja, Rafael Rivero, Pescadería Vieja…

Hacia este último punto me dirijo. Hace sólo treinta años era una callejuela de mala muerte. Nada que ver con la 'milla de oro' que es hoy gracias a Faustino Rodríguez. Cuando el antiguo Bar Juanito cerró sus puertas en la plaza de la Yerba, Fau se la jugó apostando al “todo o nada” en una vía de quinta sin ningún atractivo ni tradición hostelera.

Desde la nada, puso al 'Juanito' en lo más alto. Y ese mérito no es de quienes llegaron después, sino de quien fue abriendo el camino entre la maleza. Pescadería Vieja es hoy día lo que es gracias a él. Llegó a tener varios locales bajo el mismo paraguas de 'Juanito'. Luego llegó la crisis y…

Decía que la otra noche en Jerez conseguir una mesa para cenar era poco menos que una misión imposible. Más que un segundo sábado de diciembre parecía un Miércoles Santo.

Consciente de que en este 'Jerez de las modas' habría ciertos establecimientos en el que sería imposible, no ya conseguir mesa, sino entrar, fui a tiro hecho al 'Juanito'.

Recuerdo que en su acogedora barra de entrada, felizmente recuperada, me dejé los poquitos 'dineros' que uno ganaba con apenas veinte años y me embebí de la experiencia, de las anécdotas y de la amistad de un tío estupendo. ¿Te acuerdas, Juan Alfonso? 'Juanito' era nuestro lugar de reunión. El de los académicos de la de San Dionisio al concluir cualquier sesión, el de los mandamases de la política municipal de entonces, pero también el de aquellos jóvenes que empezábamos a explorar el mundo de los adultos.

Faustino siempre nos dio el sitio y el mismo trato que a su invitado más ilustre. Cómo nos relamíamos con la ensaladilla de fideos, los calamares rellenos, las mollejas guisadas, las costillas, las famosas alcachofas, el revuelto… Mi descubrimiento de la gastronomía y en cierta forma de la vida en la calle se la debo (se la debemos) a Faustino y a sus amenas tertulias en la esquinita de la barra.Seamos honestos, “Jerez de las modas” no está siendo justo con su hostelero local por antonomasia. Trabajador incansable, ameno y buena persona, no estamos sabiendo devolverle a Faustino Rodríguez lo que Faustino le ha dado a Jerez a manos llenas.

Nunca me fui definitivamente, pero volver al Bar Juanito este sábado de llenazo en el centro no sólo me apetecía, sino que lo consideraba un deber moral.

Nada más entrar pregunté por él. “Faustino no ha venido hoy todavía”. Me extrañó, la verdad. Aunque no es menos cierto que el “guerrero”, que ha tenido algunos problemillas de salud no hace mucho de los que felizmente se ha recuperado, también se merece un descanso.

Un atento camarero nos invita a pasar al patio trasero, pero prefiero mil veces la barrita. Pura nostalgia, nada personal. Tomo una carta y veo que, salvo la ensaladilla de fideos, hay de todo lo que esperaba. Bueno, todo no. Fau me debe todavía un extraordinario arroz con zorzales deshuesados que me brindó hace muchos años y que no se me ha quitado de la cabeza.

La elección la tengo clara. Con una copa de amontillado NPU, de Sánchez-Romate, el revuelto de patatas que el mismísimo José María García puso por las nubes en su mejor época radiofónica, y las alcachofas que le han dado fama desde hace tantos años y que son el emblema de su casa.Los años pasan y la gente también, pero el revuelto mantiene su esencia. En los ingredientes, nada especial. Patatas fritas muy finas cortadas, huevos, aceite de oliva y sal. Un espectáculo de sencillez y armonía. Lucio los incluyó en su carta e hizo fortuna con ellos. Aquí, por 4,50 euros, podemos seguir deleitándonos. No se han ido.

Como tampoco los corazones de alcachofa, que llegan palpitantes y tiernos, como de costumbre. Su proveedor de siempre no le falla a Faustino. Unas buenas alcachofas no las tienen en cualquier sitio. A la mayoría no se les va la acidez por muchos lavados y mucho ajo y jamón picadito con que las sofrías. En 'Juanito' siempre ha sido y será un plato de garantía. Por 5,50 euros te pides media ración de una de las leyendas de la gastronomía andaluza y española.

En los últimos años, la gastronomía ha experimentado un salto cualitativo espectacular en “Jerez de las modas”. El 'Bar Juanito' sigue siendo una fuente de la que podemos seguir bebiendo, y comiendo. Para mí, desde luego, nunca pasará de moda.

¡Gracias por todo, Fau!

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