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Puedes ser lo que sueñes en esta vida, siempre que lo desees de corazón.

Era una tarde preciosa, los árboles brillaban mientras danzaban al son de una brisa fresca que alegraba los corazones y despertaba las almas.

Se oía a las vecinas charlando en las casapuertas bajo un halo de café y dulces, a los niños riendo en la plazoleta y a los pajarillos felices cantando entre los árboles y la fuente.

¿Y tú? ¿Qué quieres ser de mayor?

De repente una voz me sacó de mis pensamientos, estaba tan metida en lo que había fuera de la casa que olvidé dónde estaba y con quién estaba. Aún tuve que volver la cabeza y quitarme del balcón, miré a mí alrededor y abrí bien los ojos porque estaba oscuro, ya mi visión comenzó a adaptarse y fui reconociendo y recordando. Todas las amigas de mi madre estaban en torno a la mesa del té en un intento de asemejar a las mujeres de las casapuertas pero con estilo, como decía mi madre, aunque yo siempre vi más divertido lo de salir fuera, en fin, cosas de adultos que nunca comprenderé.

La mirada de mi madre trasmitía impaciencia, todas las miradas de mi madre me trasmitían cosas similares, creo que nunca nos entendimos bien o yo no supe interpretar sus miradas, ella me quería a su forma.

De pronto recordé por qué me había girado, esperaban una respuesta.

¿Yo? ¡Reina del mundo!

¿Cómo? Qué cosas más raras dice esta niña, esas cosas no puedes serlas, dime algo sensato.

Pues yo quiero ser bailarina en un circo y vivir con payasos y trapecistas.

¡¡Pero qué locuras dices!! ¿Cómo vas a ser bailarina? Tú eres una señorita de bien, no puedes ser eso, ni vivir en un circo. Y sabes lo que te hemos enseñado, sabes lo que debes ser, ahora dilo, ¿qué vas a ser de mayor?

Pues si no puedo ser ni bailarina ni reina del mundo…seré exploradora e iré por las selvas del mundo descubriendo animales nuevos y haciéndoles fotos. (Me llevó a otro cuarto y me soltó el sermón de siempre) ¡Señorita, está empezando a hartarme! Quieres dejar de ponerme en ridículo delante de mis amistades, sabes de sobra lo que serás de mayor, lo hemos hablado mil veces y otras tantas te he prohibido que digas esas cosas. (Volvimos al salón de té y ya cambió la expresión de su rostro) Perdonen amigos, son ideas que le meten los libros que su padre le regala, ya saben el espíritu “aventurero” de mi marido. Ahora dinos querida, ¿qué serás de mayor?

Vale Madre, seré costurera en la empresa de papá hasta que aprenda bien y pueda diseñar mis propios vestidos, entonces pasaré a modista y diseñadora, hasta que me case y tenga mi familia a la que atender y cuidar. Y siempre apoyaré a mi hermano que será el que dirija la empresa de papá.

Muy bien hija. ¿Veis lo bien que habla? Será una gran costurera y esposa.

¡¡No!! Nunca seré eso que dice madre, seré bailarina como yo quiero ser, porque bailo muy bien, me han dicho en la escuela que puedo llegar lejos, miren y juzguen ustedes mismos.

A partir de aquí la cosa se me fue de las manos, me acerqué al tocadiscos y lo puse con mi canción preferida, un vals vienés de Strauss, me subí a la mesa y bailé y bailé, tiré todo, tazas platos, pisé las pastas, derramé el té, pero bailé mejor que nunca, todos comenzaron escandalizados pero acabaron encandilados con mis movimientos. La reprimenda después fue monumental por parte de mi madre. Mi padre me abrazó cuando llegó del trabajo, yo estaba ya acostada, pero sin poder dormir y sin parar de llorar, me dijo que sería lo que yo quisiese ser.

Y así fue, hoy ya estoy jubilada y dirijo como afición mi propia escuela de danza, he bailado en los mejores teatros del mundo y con las mejores compañías, he explorado selvas y mil parajes de ensueño, tuve un circo durante unos años, y tengo una pareja maravillosa y cuatro hijos fantásticos.

Puedes ser lo que sueñes en esta vida, siempre que lo desees de corazón.

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