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El jienense Claudio Molina es uno de los diez finalistas al Mejor Docente de España 2017 por su forma de implicarse y motivar al alumnado. Sus propios alumnos en la Escuela de Arte de Jerez le inscribieron en el certamen.

"Yo no soy el típico que corrige y tacha. Me siento con el alumno y le digo qué es lo que le falta a su trabajo, pero nunca tacho; y no pongo nota hasta que el proyecto está bien hecho, entonces el alumno no siente la inseguridad ni la presión de una nota. Si yo lo voy perfilando al final sale un buen trabajo, hago todo lo posible para que tú trabajes y mejores". Para Claudio Molina, profesor de Diseño Gráfico, Diseño Web y Marketing, entre otros, el docente tiene un componente de ayuda a la persona, "si concibe la educación como yo la concibo". Natural de Torre del Campo (Jaén), este profesor de estudios y ciclos superiores es finalista al Mejor Docente de España 2017 por su manera de implicarse y motivar al alumnado. Tras su paso por la Escuela de Arte de Jerez, fueron sus propios alumnos los que le inscribieron en el certamen para que su docencia fuese reconocida. "No sé qué han dicho los estudiantes, pero es muy bonito ver que en un momento dado otra educación es posible", dice emocionado a través del teléfono. 

Relata que con tan solo cinco años daba clases en su barrio a los niños del pueblo. "Y me vino ese recuerdo mientras daba clase de teatro a un grupito de niños", adelanta. Y es que antes de estudiar Bellas Artes en la Universidad de Sevilla (US), Molina quería ser actor. "Así empecé mi historia, pero no me gustó mucho y siempre me incliné por el arte, aunque no dibujaba bien". Cuenta que un día en el teatro decidió ponerse detrás de las cámaras y que sintió algo mágico. "Esto es más espiritual, no tan egocéntrico", pensó. Y con 21 empezó en el mundo de la formación. Dio cursos para desempleados, para Formación Profesional, cursos privados para empresas...

Más tarde terminó la licenciatura de Bellas Artes e hizo el CAV —curso que posibilita ser docente de Secundaria y estudios superiores— en la Universidad Complutense de Madrid. Y nada más terminar sus estudios, se inscribió en una bolsa de Educación de la Junta de Andalucía. Nueve años tardó en conseguir plaza. Entró directamente a la escuela de Formación Profesional de régimen especial, donde podía optar al Bachillerato artístico, Humanidades, Gráfica Publicitaria, Abaniquería…, "los grados superiores más creativos". Desde entonces Molina ha estado trabajando en Sevilla, en la Escuela de Arte de Jerez y en la actualidad se encuentra en Huéscar (Granada). "Me paré a pensar e hice una retrospectiva de todos mis profesores y me pregunté: ¿A qué profesor me quiero parecer, qué profesor quiero ser? Pues creo que voy a ser este...". Y en realidad se reinventó en base a lo que no quería ser: "Valoraba aquellos que me habían hecho pasarlo mal, y no quería cometer los mismo errores que ellos. Esa cabezonería...". Su método es muy personal y dice que su truco es simpatizar con los alumnos. "Mi metodología es que el alumno sea partícipe de su propio aprendizaje. Le enseño a que sea autosuficiente, a base de investigaciones y proyectos personales, que sea reflexivo... Aunque el tipo de educación que yo propongo es compleja porque tienes que estar pendientes de ellos", explica. Pero asegura que le funciona. Dice que es de enviar correos donde les escribe: ¡Ánimo chicos!, ¡Venga, que ya queda menos!. "Detecto que con ese punto emocional consigo cosas", sonríe. "Y es que consigo que la gente venga a clase porque intento darle una utilidad al contenido que doy, los meto en los talleres y los hago responsables de sus resultados". 

"El alumno tiene muchas cosas que decir y para mí es fundamental que se sienta importante en ese punto del recorrido"

Confiesa que los principios fueron duros: "La soltura la gané con los años, esto ha sido un trabajo de tiempo". Su técnica es escuchar y hacerle ver al estudiante la importancia del momento en el que está. "Hablo mucho con ellos y dejo que ellos hablen. Escucho, les guardo el sitio que les corresponde. El alumno tiene muchas cosas que decir y para mí es fundamental que se sienta importante en ese punto del recorrido". Y dice que en sus clases no hay cabida para los exámenes. "Para mí eso es una antigüedad, está un poco obsoleto. No me sirve de nada que tú vengas y me sueltes el rollo". No obstante, aclara que también tiene un "as debajo de la manga" y es que en todas sus clases destaca que se guarda el derecho a examen para cualquier momento. "Pero nunca pasa, todos me responden súper bien en esta metodología". 

En todos sus cursos Molina suele presentar un contenido con diferentes herramientas, pero es el alumno el que escoge el temario con el que se va a implicar durante la asignatura. "Le creo una carpeta personal a cada estudiante —en Google Drive—, y dentro de esa carpeta le creo cuatro categorías y a lo largo del curso le voy dejando material para que lo vaya realizando. Dos investigaciones por trimestre, un proyecto a final de semestre...". Y desvela que su pequeño secreto es conseguir que ellos tengan una visión de futuro con el material que él les ofrece. "Yo le cuento la teoría, pero luego el propio alumno se implica en su investigación hasta tal punto en que crea un proyecto privado, muy propio". Pero sobre todo, su docencia hace especial hincapié en la vida laboral tras la formación académica. "Siempre he ofrecido al alumno lo que hay en la calle para que la educación no sea una mera teoría, porque es muy importante que el alumno no venga solo a aprender, sino que cuando aprenda, vaya desarrollando estrategias y recursos para cuando luego se incorpore al mundo laboral", concluye el jienense. 

Sobre el autor:

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Claudia González Romero

Periodista.

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