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Jugar es un derecho de todos los niños y una actividad imprescindible para su desarrollo. Por eso deberíamos tomarnos muy en serio con qué juegan los niños, dónde y cómo.

Hace una semana asistí a las jornadas 'Constru[cc]iones en juego' organizadas en MediaLab-Prado en Madrid. Dos días intensos hablando de la importancia del juego, de espacios de juego, de juguetes de construcción y de 'ludificación' en las aulas. Dos días para aprender, compartir, intercambiar y recargar pilas (lo más parecido a aquello de súpervitaminarse y mineralizarse de Súper Ratón). Dos días escuchando a sabios como Juan Bordes o José Luis Linaza (que llevan años estudiando el juego y los juguetes) y a los que han venido detrás y trabajan en la actualidad porque los niños aprendan disfrutando de la que tiene que ser su actividad principal: jugar.

Analizar el desarrollo infantil a través de los juguetes  y de las experiencias lúdicas de los niños abre distintos debates de interés que tendrían que ver con los objetos con los que juegan y con cómo y dónde juegan y aprenden (juguetes, metodologías y escuela-ciudad).

El juego es una actividad necesaria para el desarrollo del niño. Hasta el siglo XIX la mayoría de los juegos de los niños los llevaban a asumir los comportamientos de los adultos y los juguetes figurativos apoyaban estos juegos que capacitaban a los niños para reproducir la sociedad que imitaban. Es en la primera mitad del siglo XIX cuando empiezan a aparecer objetos destinados a fomentar la imaginación y la creatividad. Froebel y su revolución pedagógica abren una puerta importante ya no sólo porque el juguete pasa a ser una herramienta fundamental en la escuela sino porque su influencia llega al ámbito doméstico y los fabricantes de juguetes son sensibles a sus propuestas lo que tuvo un efecto beneficioso en el mercado del juguete.

En esta “revolución” los juguetes de construcción tienen un papel protagonista, pasando de ser objetos de lujo artesanales de los que sólo disfrutaba la aristocracia (siglo XVIII) a ser un material docente indispensable (siglo XIX) y sufrir una evolución rápida cuando hubo una evidencia de su valor didáctico (siglo XX). No se nos puede olvidar  que el construir es una manifestación  expresiva del niño tan arraigada en su naturaleza como el dibujar y contribuye al desarrollo integral del individuo.

En la actualidad la oferta de juguetes en el mercado es infinita (incluso podríamos decir que excesiva) y es interesante conocer entre tanta oferta que aportan y cuáles son los más adecuados. Es muy alentador saber que hay gente trabajando en este ámbito más allá de las grandes multinacionales, movidos por el interés de ofrecer a los niños herramientas de juego que les proporcionan otro tipo de vivencias. Y también a los adultos, porque el hombre es una especie que juega durante toda su vida. Muchos de estos juguetes no llegarán a la gran masa (como nos dijo Juan Bordes en su charla son muchos los buenos juguetes que se quedan en el camino ahogados por las grandes marcas) pero cada vez se amplían más los canales que permiten el conocerlos.

Algunos de estos juguetes están englobados dentro de proyectos más amplios en los que, y esto es lo más me gusta, se implica de forma activa a los niños. Y en España tenemos varios ejemplos. Es el caso de Fermín Blanco y su Sistema Lupo, donde a partir de un juego de construcción de siete piezas y con la premisa de aprender jugando, los niños pueden conocer a Chillida, descubrir la unidad de habitación de Le Corbusier, saber más de un icono del diseño industrial como la vespa o reproducir el mismísimo acueducto de Segovia.  En esta misma línea “A pequeña Escala” en Medialab-Prado, desarrolla sus juguetes con la “implicación de las niñas y los niños en los procesos de diseño y fabricación de los objetos con los que juegan, los espacios en los que aprenden y las ciudades en las que habitan.” ¡Bravo! A las jornadas Constru[cc]iones en juego asistieron como invitados niños y niñas de 5º y 6º de primaria y os aseguro que ellos tienen mucho que aportar.

Los espacios en los que aprenden, las ciudades en las que habitan... Es tan necesaria otra revolución en este sentido. La escuela, los espacios públicos. Desde la escuela son necesarios cambios, y posiblemente y tal como está el panorama a nivel institucional esos cambios hay que confiarlos a los docentes, a esos maestros implicados y convencidos de que otra forma de enseñar es posible y  conscientes de que lo natural es el juego. Si además el espacio en la escuela acompaña e invita a jugar, el resultado puede ser redondo. Y en ello nos va el que las generaciones futuras sean las nuevas vanguardias. Todos aquellos cambios pedagógicos que arrancaron con Rosseau, Pestalozzi o Froebel, supusieron otra forma de enseñar en el siglo XIX de la que bebieron las vanguardias del siglo XX. La auténtica revolución se produjo en la escuela, porque estos vanguardistas del siglo XX fueron niños que aprendieron de otra manera en el XIX. Aprendieron jugando y tuvieron la oportunidad de conocer “nuevos” juguetes hoy convertidos en referentes pedagógicos. ¿Sería eso posible ahora? Hay intrépidos que se atreven y hacen de la 'ludificación' en el aula (y fuera de ella) su forma de trabajar. Además de en aquellos pioneros que marcaron el inicio de la nueva educación ahora también pueden inspirarse en Montessori, Waldorf, Malaguzzi, Tonucci, Gardner y los innovadores del siglo XX.

De los espacios públicos y su amabilidad con los niños mejor ni hablamos. ¿No se trata de que los niños jueguen? Corran, salten, den patadas a un balón, compartan ocio... Con parques infantiles convertidos en aberrantes catálogos de columpios imposibles y carteles de “prohibido” difícil se lo ponemos. Volvemos a lo de siempre, a nivel institucional repensar las ciudades y pensarlas para los niños  supone un sobresfuerzo que hoy por hoy no se asume y hace mirar para otro lado a quien corresponda. De que a los niños  se les haga participe en el proceso ya nos olvidamos. Basta con mirar algunas experiencias que se han hecho fuera de España en el diseño de algunos playgrounds (parques infantiles) para que a uno le entre la envidia más insana. ¿Tan complicado es hacer las cosas bien?

Si los aprendizajes más importantes de la vida se hacen jugando en la primera etapa de vida y no dejamos de jugar-aprender nunca. Si el juego necesita variedad de entornos para hacerlo más rico. Si para jugar se necesita tiempo libre y la posibilidad de elegir los espacios donde jugar. Si se deben tener pocos juguetes pero buenos. Si un juguete bueno es el que aporta variedad de juego tanto para jugar solos como con amigos (como dice Tonucci aquel que sin ser nada concreto puede ser todo). Si como le escuché a José Luis Linaza el otro día, el mejor juguete que se le puede dar a un niño es otro niño (¿móvil, tablet?). ¿A qué estamos esperando para jugar en casa, en la calle, en la escuela?

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