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Supongo que un día de lluvia no está tan mal –reflexionó Clara sonriendo–. Solo es distinto.

Qué asco de lluvia! -pensó Clara aquella mañana de verano.

La lluvia había roto sus planes de sol y mar. ¿Qué haré? -se preguntó.

Cuando algunas ideas empezaban a rondar por su cabeza, sonó el teléfono.

- ¿Dígame? –preguntó.

- ¡Hola Clara! –dijo una alegre voz al otro lado del teléfono.

- ¡Ah! Hola Jane –dijo Clara un poco más despierta.

Jane era una de las mejores amigas de Clara. Nació en América y había venido a España con sus padres cuando tenía dos años.

- Pueees…, como hoy está lloviendo y no podemos ir a la playa, me preguntaba si te gustaría venir con nosotras a la tienda de mascotas –respondió Jane-... después de un mes pidiendo un gato mi madre ha cedido.

Clara se estremeció. Aunque tuviera once años, le seguían asustando mucho los gatos.

- Eeeeh… -dudó Clara.

Tenía que elegir entre ir con su amiga a comprar un gato, que es el animal al que más miedo tiene, o quedarse en casa aburrida viendo como llueve.

- Si –respondió al final.

- ¡¡¡Genial!!! -exclamó Jane-, nos vemos allí a las doce y media.

Cuando llegaron a la tienda de mascotas, a Clara se la veía muy nerviosa.

- Clara, ¿estás bien? –preguntó Jane preocupada– en todo el viaje no has hablado y ahora estás muy rara.

Clara emitió un suspiro. Tenía que contárselo. Dudó un segundo y empezó: -Mira Jane, nunca le he contado esto a nadie, porque siempre he pensado que parecería una tontería.

- Tranquila, a mí puedes contármelo –intentó convencerla Jane.

- Está bieeeen – dijo Clara no muy convencida mientras se frotaba las manos.  –Me dan mucho pavor los gatos.

-  ¡¿Quéee?! –gritó Jane– digoooo, ¡no pasa nada!.

- Ya sé que es una tontería –dijo Clara.

- No, tranquila –la consoló Jane- todo el mundo le tiene miedo a algo.

- Sí, bueno, vamos a ver los animales -resolvió Clara.

Estuvieron viendo varios animales y por fin llegaron a los gatos. Jane miró de reojo a Clara, al verla se dio la vuelta y le dijo:

- No pasa nada, están en jaulas, tranquilízate.

Jane escogió un gato blanco con dos rayas marrones y se fueron a su casa.

Durante el viaje a casa, estuvieron decidiendo el nombre del gato y, después de muchos nombre sin aprobación, decidieron que su nombre sería “Kit”.

Fueron al salón a ver una película. Al terminar ésta, llamaron a Kit, pero no hubo respuesta. Estuvieron buscándolo por toda la casa pero no estaba. Eso significaba que….  –¡se ha escapado!– chilló Jane.

- Tranquila – dijo Clara –te ayudaré a encontrarlo.

Cogieron un mapa de la ciudad y se dividieron los sitios donde buscarían. A las cuatro  y media, después de comer, saldrían a buscarlo.

Se pusieron el chubasquero, cogieron un paraguas y comenzaron la búsqueda. Jane fue por el lado nuevo de la ciudad y Clara por el viejo.

A las cinco y media no lo habían encontrado. Clara se dirigió hacia una cabina telefónica y marcó el número de Jane para comunicarle que aún no había encontrado nada y preguntarle por su búsqueda.

Las calles estaban desiertas aunque algunas personas ya empezaban a salir. Clara iba pensando en Jane. ¿Habría encontrado a Jane?, ¿estaría bien?  Como Clara no tenía teléfono móvil, Jane no podía llamarla

Después de la llamada ninguna de las dos tenía buenas noticias, así que continuaron.

La ciudad era enorme y Clara revisó todas las calles y callejones. La lluvia aumentaba y Kit no aparecía.

A las seis y cuarto Clara, había dado su tercera vuelta por la ciudad. Decidió parar un rato bajo un toldo para protegerse un poco de la interminable lluvia cuando, de repente, se convertía en unas pequeñas gotas que parecían chispitas cayendo del cielo.

La lluvia estaba cesando, así que Clara salió del toldo y se preparó para dar la cuarta y última vuelta.

Las calles estaban desiertas aunque algunas personas ya empezaban a salir. Clara iba pensando en Jane. ¿Habría encontrado a Jane?, ¿estaría bien?  Como Clara no tenía teléfono móvil, Jane no podía llamarla.

Se metió por unos callejones muy estrechos y descuidados. El ruido se aproximaba a medida que andaba y Clara cada vez se asustaba más.

Al final se desvió a una calle a la derecha. Era corta y ancha. Lo que vio allí la dejó atónita. Aquella calle estaba llena de … ¡¡¡GATOS!!!.

Iba a salir corriendo cuando, de repente, acurrucado en una esquina, divisó a Kit. ¡Tenía que cogerlo!.

Ahora sí que estaba confusa. No sabía si huir de aquella tropa de gatos o coger al pequeño y travieso Kit, que haría muy feliz a su amiga. Mientras pensaba, se pegó a la pared asustada. Era muy difícil elegir. Si huía, huiría y ya está; en cambio, si cogía Kit, haría feliz a su amiga y lo más importante, superaría su miedo.

Empezó a andar con decisión, con un objetivo y sin mirar a los gatos que pasaban por su lado. Entonces se agachó, cogió a Kit y salió del oscuro y sucio callejón. Al salir se sentía orgullosa de sí misma.

-¡Lo he conseguido –dijo acariciando a Kit entre las orejas.

Salió de los callejones y se dirigió hacia la parte nueva de la ciudad donde vivía Jane. Mientras andaba, llevaba puesta su mejor sonrisa.

Al llegar, subió corriendo, dejó el gato sobre su cuna con un poco de agua y comida y llamó a Jane.

-¿Si? –preguntó Jane con voz triste.

- ¡Lo he encontrado! –exclamó contenta Clara–. Lo he encontrado, lo he traído y lo mejor es que ¡he superado mi miedo!

- ¡Qué bien! –se alegró Jane-. Estoy muy contenta por ti y por lo de Kit. -¡Nos vemos en casa!

Cuando Jane llegó a casa eran las siete y diez. Estuvieron jugando con Kit hasta que a las siete y media Clara dijo: -Lo siento mucho, tengo que irme ya.

- Vale –respondió Jane- mañana nos vemos en la playa, supongo-. Las dos rieron y Clara se fue.

Al llegar a casa su madre le preguntó qué tal el día.

-Muy bien -respondió Clara.

-Me alegro -dijo su madre.

-Supongo que un día de lluvia no está tan mal –reflexionó Clara sonriendo–. Solo es distinto.

Este relato breve ha sido escrito por Sara García Alonso, con 11 años de edad, para la revista El Ático de los Gatitos.

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