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Las últimas noticias sobre el etiquetado de los productos alimenticios vuelven a generar controversia. Por si el tema resulta no estaba enrevesado, el Gobierno ha adoptado una serie de medidas encaminadas a introducir un elemento nuevo. El etiquetado Nutriscore o semáforo de los alimentos. Consiste en clasificar los alimentos según lo saludables que sean. En un principio parece buena iniciativa, pero cuando se profundiza solo un poco, te das cuenta que una lata de refresco de cola obtiene una mayor puntuación que el aceite de oliva. Vamos, una incongruencia añadida más sistema. De momento, han rectificado y ahora no es de obligatorio cumplimiento y que los alimentos con un solo ingrediente (aceite, leche…) no deberán incorporarlo en su etiquetado.  Esperemos a nuevas noticias sobre este nuevo etiquetado de los productos alimenticios.

Consejos fundamentales

Independientemente del producto que queramos comprar, existen dos partes fundamentales y obligatorias por ley, en las que le consumidor se debe fijar en las etiquetas de los alimentos.

Contenido nutricional: En el apartado sobre la información nutricional, cabe destacar que el reglamento ofrece sin ninguna duda las sustancias que deben obligatoriamente estar presentes dentro de cualquier etiquetado nutricional de cualquier producto comercializado en España, exceptuando complementos alimenticios, aguas minerales y productos destinados a una alimentación especial. Siendo así, los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, polialcoholes, almidón, fibra alimentaria o alguna vitamina que se considere en alta concentración.

La tabla nutricional debe reflejar las cantidades que se ingieren por ración. Aunque es un tema que genera polémica, ya que las raciones varían en función de las comidas que vayamos a consumir, no está mal tener una idea de conocer las cantidades de azúcar que se consumen al comer unas simples galletas tipo María. Muchos nutricionistas desaconsejan que nos remitamos a calcular las cantidades, sino más bien que nos fijemos en el tipo de producto que se consume, valorándolo de forma global. Es decir, una fruta puede tener la misma cantidad de azúcar que una galleta, pero evidentemente el origen de ese azúcar de cada uno de los productos es totalmente diferente.

Además del número de porciones que contiene el envase, éste debe llevar reflejado el valor energético y un cálculo sobre el valor energético y la cantidad de nutrientes expresados por 100 g o 100 ml, facilitando así la comparación entre productos.

Lista de Ingredientes: Respecto a los ingredientes, éstos deben ser escritos tras la palabra “ingredientes” y ordenados de forma decreciente según la cantidad de cada uno de los mismos. Es decir, el primer ingrediente que aparezca será el que está en mayor cantidad en el producto. Por ejemplo, es fácil encontrar  cacao soluble y su primer ingrediente es azúcar. No se sorprenda, esto pasa en muchos productos.

Existen sustancias que pueden ser agregadas a los productos, pero pueden omitirse en el etiquetado como pueden ser: componentes que durante su fabricación hayan sido separados, aditivos o enzimas alimentarias o el agua que se utilice durante el proceso de fabricación.

Muy importante el contenido de alérgenos. Deben ser reflejados en negrita o escritos junto a la lista de ingredientes, aquellas sustancias que puedan ocasionar alergias o intolerancias en la población.

Para el consumidor es de gran interés que conozca exactamente qué significa todos estos calificativos que diariamente vemos en el etiquetado de los alimentos que consumimos. Cada día nos preocupamos más por nuestros hábitos de comida. La tendencia actual hacia una alimentación sana va en aumento. Pero en el supermercado no nos ponen las cosas fáciles, y muchos de los etiquetados intentan crear una manipulación sobre los hábitos de consumo. Productos que se presuponen ser saludables que, al mirar el contenido de la información nutricional, no lo parecen tanto.

No les perdáis la pista. El fijarse en las etiquetas de los alimentos, es un hábito que no es nada complejo. Sólo que debemos de tener claro qué tipo de producto es el que estamos comprando y en definitiva, si nos compensa de cara a nuestra salud.

Miguel Ángel Granado Alcedo es Experto en Seguridad Alimentaria

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