Un mesón familiar donde se puede comer cordero e incluso quedarse a dormir en El Bosque

El matrimonio Gil Benítez regenta el Mesón El Tabanco, que abrió en 1992 después de estar varios años en Suiza, ahorrando y mamando el oficio. Ahora da trabajo a 10 miembros de la misma familia

Antonio Gil hijo con una paletilla de cordero guisada.
Antonio Gil hijo con una paletilla de cordero guisada. ESTEBAN

En pleno centro de El Bosque, un municipio de la Sierra gaditana de poco más de 2.000 habitantes, Antonio y María decieron resucitar un pequeño local que antes había sido un tabanco, pero que llevaba años abandonado. “Estaba para tumbarlo”, recuerda él, “lo hicimos de nuevo”. El puente de la Inmaculada de 1992 abrieron las puertas el matrimonio formado por Antonio Gil y María Benítez, con mucho vino y algunas tapas en la carta. Pronto se dieron cuenta de que tenían que ampliarla.

"La gente nos preguntaba si teníamos chuletas de cordero, o trucha, o venado, o jabalí...", rememora Antonio. En cuatro días ampliaron la carta y ofrecieron todo eso y mucho más, dando el salto a restaurante. Con los años, además, construyó habitaciones en la planta superior del establecimiento para hacer un hotel. El Hotel Restaurante El Tabanco de El Bosque ha evolucionado según lo que han ido demandando sus clientes. La apuesta no les ha salido mal. 

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Antonio Gil, fundador del Mesón El Tabanco, con un plato de queso El Bosqueño.  ESTEBAN 

En una casa con 9 hermanos, Antonio recuerda su infancia detrás del mostrado de la carnicería familiar —"por allí pasamos todos"—. El trato con la clientela lo manejaba, pero a él lo que le gustaba era la hostelería. Mientras sus amigos disfrutaban de las fiestas locales, él se iba a los bares a trabajar. "Quería aprender hostelería", dice, por eso luego se matriculó en la Escuela de Hostelería de San Roque, donde fue mamando el oficio. "Los fines de semana nos decían dónde faltaba personal, y allí que iba", rememora. 

Palma de Mallorca, Barcelona, Cadaqués, Marbella... Antonio Gil fue acumulando experiencia en la hostelería, hasta que le salió la oportunidad de trabajar en Suiza. "En la empresa en la que estaba solo echaba la temporada de verano, en Palma, y yo quería trabajar también en invierno", cuenta. Se fue para unos meses y, aunque regresó a España, volvió para quedarse durante 16 años. María Benítez, su mujer, estuvo allí 11 años también. "La idea era ahorrar todo lo que pudiéramos", cuentan.

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José Antonio sostiene un plato de ensalada de queso fresco y otro de queso con anchoas. ESTEBAN  

En el país suizo estuvieron "apretando el culo" María y Antonio, con varios trabajos cada uno, con la idea de regresar a El Bosque y abrir su propio negocio. Así nació el Mesón El Tabanco, que diez años después de su apertura también se convirtió en hotel. "No daban un duro por mí, luego hay gente que me ha dicho que no esperaba que duráramos ni seis meses", confiesa Antonio. "Hay quien me dice que he tenido suerte", añade. "¿Suerte? Yo no he visto crecer a mis hijos. Suerte en los ha visto correr, cuando se les cae un diente o montan en bicicleta. Yo no he visto nada de eso. Ni los cumpleaños".

Los hijos de María y Antonio, ahora, trabajan en el negocio. José Antonio, Sandro y Óliver están en la cocina o detrás de la barra, junto a varios primos y parejas de hijos. Un restaurante muy familiar que da trabajo a 10 personas. El hijo mayor, José Antonio Gil, es quien está en los fogones. Las recetas son las mismas de hace 30 años, pero cambia la forma de cocinar. O mejor dicho, se ha perfeccionado. El cordero, por ejemplo, lo hace a baja temperatura, durante toda la noche, aportándole una textura espectacular.

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Paletilla de cordero del Mesón El Tabanco de El Bosque. ESTEBAN
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Tarta de queso fresco con frutos rojos. ESTEBAN

En El Tabanco hay que probar los productos autóctonos, recomienda Antonio padre. El queso de la Sierra, espárragos, tagarninas, cordero, venado, jabalí o corzo. Hasta pescados, como la trucha, que se prepara a las finas hierbas con jamón. Pero también tienen cochinillo o carne de vaca retinta. "Estamos en un lugar, la Sierra de Cádiz, donde apenas tenemos que salir para encontrar todo esto", dice Gil. "Hasta el pescado, si quiero algo lo pido y está aquí en unas horas". Además, María Benítez dirige una pizzería, que abrieron en vista de que la localidad no tenía establecimientos de este tipo. 

La familia Gil Benítez lleva más de 20 años con el hotel y está a punto de cumplir 30 desde la apertura del restaurante. "Es un restaurante con hotel", dice muy seguro Antonio, que separa ambos negocios. "Aquí los clientes vienen, duermen, comen y lo pasan bien", agrega. En el negocio de El Bosque supieron aplicar mucho de lo que aprendieron durante su estancia en Suiza. "Aquí no había ceniceros en los bares cuando lo abrimos. Y barríamos varias veces al día, teníamos los baños limpios...", enumera. "Queremos que quien se hospede se sienta como en su casa, les damos una cerveza de bienvenida, empezamos a hablar, les recomendamos rutas...". Desde luego, ellos ponen de su parte para que así sea.

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