Estética y sabor: la tercera generación de los Grimaldi más tradicionales con un toque innovador

El chef Jesús elaborando una de sus creaciones. FOTO: MANU GARCÍA
El chef Jesús elaborando una de sus creaciones. FOTO: MANU GARCÍA

La cocina de autor de los Hermanos Grimaldi de Jerez provoca un impacto visual placentero para los curiosos que se acercan a su restaurante, bautizado con su propio apellido. Jesús y Gonzalo llevan casi toda la vida metidos en la cocina trabajando juntos para deleitar con sus platos, el primero entre fogones y el segundo en sala. Desde los catorce años ya merodeaban por el restaurante El buen comer que fundó su padre, Francisco Grimaldi, allá por 1980.

“Llegó a ser uno de los mejores restaurantes de la provincia de Cádiz, y de ahí nos viene nosotros la pasión, ya desde chiquititos veíamos a nuestro padre, que es nuestro ejemplo, y es lo que ves en casa”, explica el jefe de sala que asegura que ya son “la tercera generación de hostelería, empezaron nuestros abuelos, maternos y paternos, y después mis padres”.

El restaurante, que hoy se asienta en un rincón de la avenida Voltaire, comenzó su andadura a finales de 2014, con el mismo nombre, en la calle Cobre, dentro de la zona, “decidimos que era el momento de montar nuestro primer restaurante, y empezamos a trabajar muy bien, fuimos arrancando y viendo cómo iba”, comentan los hermanos que han puesto los pies en hoteles prestigiosos como Montecastillo o Los Jándalos y en restaurantes como Sadunia.

Interior del restaurante Hermanos Grimaldi. FOTO: MANU GARCÍA

“Siempre arrastramos uno del otro porque prácticamente somos un dúo”, reconocen los Grimaldi que, hace cuatros años, después de ver que el negocio funcionaba, optaron por trasladarse al local desde donde mantienen la misma línea con un diseño mucho más actual. Peces decorativos que cuelgan del techo lucen en un espacio acogedor donde se respira sintonía entre un equipo “totalmente familiar”.

Gonzalo cuenta cómo al restaurante se acercan “los clientes que tenía mi padre hace 30 años, escuchan Grimaldi, y como mi padre tuvo tanto éxito vienen y me cuentan anécdotas”. Este apellido que se asocia a la hostelería más jerezana continúa contentando paladares en la localidad con planchas de carbón y una buena dosis de amor.

Los hermanos, que han sido docentes en la Escuela de Hostelería de Jerez, Jesús como chef y Gonzalo como camarero en sala, se empeñan cada día en ofrecer una “cocina tradicional pero siempre con un toque innovador, nos basamos siempre en una cocina mediterránea, autóctona en la que lo importante es la materia prima”.

La huella de la gastronomía española se deja ver en los mariscos, las carnes o el pescado que componen la carta de los hermanos Grimaldi, repleta de tapas, raciones, medias raciones muy personales. Además, destacan las sugerencias del chef Jesús que apuesta por “creaciones muy meticulosas y platos muy estudiados” como la foie de pato casero, el lomo de rodaballo con salteado de langostinos y setas al ajillo, la pata de pulpo asado sobre arroz negro con gratinado de alioli, o el salmón ahumado relleno de cigala y mango sobre aliño de aguacate.

Salmón ahumado relleno de cigala y mango sobre aliño de aguacate. FOTO: MANU GARCÍA

La fusión de sabores se mezcla con el vino, un elemento esencial para los Grimaldi que, como fieles defensores del vino de Jerez, plasmaron botellas de gran valor en las estanterías que adornan las paredes del local. “Hacemos mucho hincapié en el maridaje de los platos, siempre intentamos que el cliente maride nuestras delicias con los vinos de la provincia de Cádiz, tanto los olorosos, como los amontillados, los tintos o los blancos”, explica Gonzalo con un ojo puesto en la sala para que todo marche correctamente.

No solo la comida y los aires bodegueros caracterizan a este restaurante. Para poner un punto dulce a la velada, los comensales no pueden levantarse del asiento sin haber probado los postres de estos hermanos que saltan a la vista a leguas desde el momento en el que salen de la cocina. Sus propuestas especiales y, según Gonzalo, “exquisitas” llaman la atención tanto por su aspecto visual como por sus ingredientes.

“El cliente que viene a nuestro restaurante cuando pide, siempre sus palabras son: para, que tenemos que dejar un hueco para el postre”, comenta Gonzalo que, reconociendo que “somos muy jerezanos” resalta entre las opciones dulces Me encanta Jerez, que consisten en una base de leche frita con una pieza de tocino de cielo. “Algo más jerezano que eso no hay”, dice convencido mientras señala en la carta la mousse de chocolate con leche, “que la ponemos en una copa voluptuosa muy grande” y las torrijas rellenas de yema con canela.

También atrae Mi dulce locura, una sugerencia fuera de carta con la que se le hace la boca agua a cualquier amante del chocolate al estar creado por Jesús con trufa de chocolate decorada con algodón de azúcar o nueces, y helado de mango.

Mi dulce locura, trufa de chocolate acompañada de un helado de mango. FOTO: MANU GARCÍA

Muchas personalidades han degustado las especialidades de los Grimaldi desde que abrió. Isabel Pantoja, el chef Chicote y otros toreros y presentadores no se han querido perder las propuestas innovadoras del dúo, que cuida al detalle la estética del plato. Para ellos, “el plato es una experiencia”, por eso “miramos mucho por él, si el plato lleva en el centro la patata, la carne a la derecha y la crema a la izquierda, tiene que salir siempre así”, explican los que se metieron de lleno en un oficio, que según dicen “nunca se termina de aprender”.

Aunque son momentos duros para la hostelería, los hermanos siguen trabajando cada día en el local de 211 metros cuadrados que cuenta con el aforo limitado al 65%. Gonzalo, el pequeño de los hermanos, señala que “lo que vendemos ahora mismo es seguridad y tranquilidad para que los clientes se sientan cómodos y no haya esperas”. Por eso, decidieron no coger segundos turnos, se realizaron la pruebas PCR y tomaron las medidas de higiene necesarias, de forma que en cada plato junto a la servilleta, se distingue una muestra de gel hidroalcohólico.

Plato con gel hidroalcohólico. FOTO: MANU GARCÍA

Los hermanos Grimaldi llevan en la sangre su trabajo y se dejan la piel llevando por bandera la humanidad y la cercanía. “Es un oficio muy sacrificado, pero a la vez muy gratificante, y cuando tu estás haciendo algo que te gusta evidentemente le pones mucho cariño”, reconoce Gonzalo que seguiráse mueve como pez en el agua explotando sus ideas junto a su familia.

A ellos les gustaría que “nuestra rama siguiera, pero eso ya no lo decidimos nosotros porque la hostelería de hace 30 años no es la de ahora, hay mucho más mercado”. Mientras tanto sus mentes se centrarán en un servicio al que continuarán dedicándose muchos años más.

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