Dos de Mayo, un imprescindible para tapear en Sevilla: "Somos un bar de barrio"

Bodega abierta hace 35 años, su apuesta por la gastronomía andaluza y su enfoque en el cliente local han hecho de este uno de los lugares más concurridos para comer en el centro de la ciudad

 Terraza de la bodega Dos de Mayo en Sevilla. FOTO: CEDIDA
Terraza de la bodega Dos de Mayo en Sevilla. FOTO: CEDIDA

Paseando entre la Gavidia y San Lorenzo, justo a la altura de donde comienza la calle Baños en su extremo más alejado del río, se puede encontrar el Dos de Mayo, una de las esquinas para tapear más populares de toda Sevilla. Abierta en 1985, esta bodega se ha hecho un hueco como uno de los lugares imprescindibles del centro donde sevillanos y visitantes pasan de vez en cuando a comer. Alberto es hijo de su fundador, un antiguo gerente del Grupo San Eloy que decidió a mitad de los 80 emprender una aventura en solitario. “Para mi padre siempre significó mucho el barrio de San Lorenzo y se había fijado en esa esquina”.

El nombre del establecimiento tampoco se puso al azar, ya que un veterano cliente advirtió a su creador de que en su niñez, ya hubo en ese mismo local un bar llamado Dos de Mayo, lo que unido a la estatua que en la plaza se levanta a Luis Daoiz, le daba todo el sentido del mundo. En sus inicios, su carta era relativamente limitada, basándose principalmente en cerveza y montaditos e imitando un poco el modelo que su dueño había llevado a cabo en El Patio de San Eloy. “Incluso hace 20 años se descontroló todo un poco y la gente bebía por la plaza y se convirtió en una especie de botellón”.

Vitrinas en el Dos de Mayo de Sevilla. Foto: Dos de Mayo

El barrio y su gente

Cuando se peatonalizó la parte de la plaza que pasa por la puerta del bar, hará unos 15 años, pudieron instalar su ya conocida terraza, esa en la que pases a la hora que pases por la Gavidia, siempre ves a alguien. Y se acometieron reformas, las cuales apenas trastocaron ni la estética ni el espíritu del lugar, pero que agrandaron su cocina en todos los sentidos. “Teníamos claro que la reforma debía seguir proyectando que somos un bar de barrio, no queríamos perder esa personalidad”.

Pero, pese a no querer desvincularse de esa conexión con la gente más cercana, la bodega, que se encuentra en un lugar a pocos minutos andando de las partes más turísticas de la ciudad como puedan ser la Catedral o la calle Sierpes, ha ido viendo como llegaba hasta ella el visitante a la ciudad. “Siempre nos hemos enfocado en la gente de aquí de San Lorenzo. De hecho, tras el confinamiento, es de ellos de quienes hemos estado comiendo”. Pero entre esos clientes de las zonas cercanas, también se encuentran recepcionistas de hotel o propietarios de pisos turísticos, que junto con las numerosas guías de internet hacían (hasta la llegada de la pandemia) cada vez más frecuente la llegada de extranjeros.

Local del Dos de Mayo, en Sevilla. Foto: Dos de Mayo

“A pesar de que hemos notado esa afluencia, el porcentaje de nuestros clientes sigue siendo 80-20 entre locales y clientes de fuera. Ante todo pensamos en nuestro público de siempre”, aclara Alberto, que destaca que tienen clientes que acuden todos los días, aunque sea a tomarse una cerveza. Parte clave en todo esto es su personal, camareros como los de antes que llevan mucho tiempo en el local y que siempre tienen una broma amable con el cliente. “Mi padre decía que tapas hace cualquiera, pero el servicio y una atención óptimas a los clientes ya es más complejo”.

La cocina

Pero sus tapas son su principal reclamo. Siempre fieles a la cocina tradicional andaluza, aunque experimenten todos los años con distintos platos, el estilo no deja de ser reconocible. “Por ejemplo, en Cuaresma hicimos varias tapas nuevas de bacalao, intentamos evolucionar siempre. Pero lo que no vamos a hacer es ponernos a hacer sashimi o ceviche”. Esa evolución sigue un patrón muy sutil cada año, en consonancia con la cocina y con el espíritu del lugar.

Y precisamente el bacalao antes mencionado, es una de las tapas estrella de Dos de Mayo, más concretamente el bacalao a la viuda. “La empezó a poner mi padre hace más de 20 años y nos la han copiado en más sitios. Es un plato muy original y muy fino”. Se trata de un bacalao hecho al horno, con salsa de verduras de pimiento y tomate, también se le añade cebolla junto con unas patatas panaderas y una muselina por encima, la cual se gratina en el mismo horno.

Bacalao a la viuda de la Bodega Dos de Mayo de Sevilla. Foto: Dos de Mayo

“Ese bacalao lo cortamos nosotros y lo desalamos al punto de sal que sabemos que les gusta a nuestros clientes. Creo que es de nuestras tapas más buscadas porque los clientes nos dicen que no pueden encontrar en otros sitios”. Pero para conseguir esos resultados, es clave una materia prima de calidad, algo que Alberto tiene claro que debe primar en su bodega. “Es importante para nosotros tirar de proveedores cercanos, por ejemplo la fruta la compramos en la misma calle Baños y el pescado a Álvaro, que va a diario a la lonja de Conil y trae el pescado de la Almadraba. Igual pasa con las chacinas y el resto de cosas. El 90% de lo que compramos es todo andaluz”.

En vinos en cambio, sí se abren más a toda España, y aunque tengan imprescindibles de Jerez como la manzanilla o el palo cortao, en tintos reconoce que las condiciones climáticas de, por ejemplo los Rioja, hacen que obtengan unos resultados que para conseguirlos en Andalucía, se necesitan condiciones más especiales y por tanto, redunda en los precios. A pesar de ello, en Dos de Mayo se pueden pedir vinos de Ronda, de Cádiz o de Bodegas La Margarita de Sevilla.

Barra del Dos de Mayo, Sevilla. Foto: Dos de Mayo

Uno de los aspectos que han convertido en referente a este bar ha sido el no verse nunca invadido por extranjeros como otros establecimientos y zonas del centro, que el sevillano y el visitante nacional no lo vean como un sitio de ‘guiris’. Para Alberto, se debe en parte a que no están en una zona tan turística como lo puedan ser Mateos Gago y el barrio de Santa Cruz y, sobre todo, en cómo han cuidado a su cliente de toda la vida para que vuelva. “Nosotros podríamos seguir adelante sin turistas”. Aunque reconoce el plus que supone en ingresos el extranjero, que además no coincide a la hora de comer con el español, que lo hace más tarde.

Sus precios también permiten que el cliente local pueda volver con mucha asiduidad. Unos precios, como antes señalaba su propietario, pensados en la gente del barrio. Hasta tal punto, que tras el confinamiento, los bajaron en la terraza. “Sabemos que mucha gente ha perdido su trabajo o está afectada económicamente por esta situación, así que dijimos de bajarlos un poco”. Es encomiable que un lugar con cierta fama, en el centro y siempre con gente, no haya tenido la tentación de subir los precios durante estos años, y Alberto tiene claro el porqué. “Nosotros queremos que nuestro cliente venga todos los días, y si está lleno a diario puedes bajar precios porque compensa”.

Pizarra con platos de la carta en Dos de Mayo de Sevilla. Foto: Dos de Mayo El ser un lugar con solera no le impide que en él se puedan ver desde reuniones de universitarios comiendo hasta personas mayores, y a eso ayuda su precio y, por supuesto, su carta. En ningún momento han pensado en irse de esa esquina ni franquiciar el nombre a pesar de haber conseguido el respeto del comensal sevillano. Un comensal tan atraído por sus platos como por la amplitud de su carta. "Lo importante es que todo se venda en el día. Para tener una carta amplia tienes que vender mucho pero también da la posibilidad de que es muy difícil que no encuentres algo que te guste". En este sentido, Alberto tiene claro que ayuda la gastronomía andaluza, que al ser tan variada y ofrecer tantas posibilidades, permite una carta de ese tipo sin tener que recurrir a platos de fuera de Andalucía u otros más exóticos. Y es por eso, precisamente, por lo que Dos de Mayo seguirá siendo uno de los sitios a los que recurrir habitualmente para comer en el centro: buen servicio, buen producto y precios económicos en lo que es ya todo un clásico de Sevilla.

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