Casa Angelita, el homenaje a la cocina tradicional con "buenos productos sin trampa ni cartón"

Los empresarios hosteleros Raúl Cueto y Elías Saavedra regentan un nuevo negocio en la calle Nueva de Cádiz que emula a las tabernas de principios del siglo XX pero adaptado al siglo XXI

La barra de Casa Angelita, en Cádiz, en una imagen reciente. FOTO: MANU GARCÍA
La barra de Casa Angelita, en Cádiz, en una imagen reciente. FOTO: MANU GARCÍA

Angelita Cofiño nació en Caviedes, una localidad de Cantabria de poco más de 200 habitantes, donde conoció a su futuro marido, Elías Saavedra, con el que llegó a Cádiz cuando tenía 21 años. Era el año 1963 y, más de medio siglo después, puede decir que ha hecho de todo dentro del mundo de la hostelería, desde cocinar, ser camarera y regentar sus propios negocios, como el restaurante El Resbaladero, en El Puerto, junto a su marido, o el bar Montecoronas de Cádiz.

A ella y a su cocina “de toda la vida” está dedicado el nuevo negocio de su hijo, llamado Elías Saavedra como su padre, que regenta junto a su inseparable socio —y amigo— Raúl Cueto, propietario de otros establecimientos hosteleros como Arsenio Manila, Nahu Beach o Musalima. Angelita les dio de comer a Raúl y Elías cuando eran pequeños —“nos aguantó mucho durante la juventud”, cuenta el primero—. Ambos son socios profesionales y “socios de viaje de vida”, como define Cueto.

"Nosotros hacemos bares con fondo sentimental, que nos mueva a hacer cosas, y esta vez le ha tocado a la familia de Elías”, relata Cueto en declaraciones a lavozdelsur.es. Por eso el nuevo negocio de ambos, situado en el número 7 de la calle Nueva de Cádiz, se llama Casa Angelita, con el que homenajean a la madre de Elías y a un tipo de cocina tradicional que da mucha importancia a las conservas, los embutidos, los quesos y, sobre todo, al bacalao. “Es un bar que con el tiempo envejecerá y será más bonito, pero con productos que se han dejado de consumir”, relata Cueto, y otros “clásicos modernos”, como el tartar de atún rojo, marca de la casa.

Fachada de Casa Angelita. FOTO: MANU GARCÍA

La barra, de mármol blanco, ocupa la mayor parte del local, e incluye detalles dorados y elementos clásicos como pequeñas botas de oloroso, moscatel y manzanilla o los azulejos blancos que recubren las paredes, con otros más modernistas, recreando un bar de principios del siglo XX con detalles del siglo XXI, usando materiales naturales. Tanto en el techo como en el suelo hay barro, procedente de la localidad alicantina de Oliva, con los que el interiorista Gaspar Sobrino simula las escamas de los peces. “Nos gusta su trabajo y nos gusta su fondo, buscábamos materiales económicos pero bien colocados y Gaspar es especialista en eso”, cuenta Raúl Cueto sobre Sobrino. En definitiva, “un producto que ganara con el paso del tiempo”.

Sobrino, autor de la decoración de otros conocidos negocios como Garimba Sur, el mercado gastronómico de Vejer o la tienda gourmet Palomita, utiliza paneles de cuerda y corcho para representar botellas de vino, en un local donde predominan los tonos azules, pero también blancos y dorados. “Perseguíamos tener algo pequeño, un bar de cervezas y tapas que Elías pudiera manejar bien y conciliar la vida familiar con el trabajo”, relata Cueto, “defender en la venta, lo que nos gusta de verdad, buenos productos sin trampa ni cartón. Un montadito con algo bueno es lo más”. Para ello eligieron el centro de Cádiz, “porque este formato de bar necesita mucho paso y rotación y para eso era necesario el centro”, dice Cueto.

La carta apuesta “fuerte” por el bacalao, con distintas recetas, y también por el marisco, las conservas, embutidos y quesos seleccionados por los propietarios de Casa Angelita. “Hemos probado los productos del primero al último y hemos dicho: este sí lo queremos tener”, señala Raúl Cueto a lavozdelsur.es, quien cuenta que la elaboración de la carta les ha supuesto muchos viajes a localidades como Santoña, Caviedes, Zamora, Plasencia, Lodosa o Tolosa, pero también a otras más cercanas como El Bosque para “encontrar algo que nos guste y hacer lo posible por tenerlo”.

Judiones y choco aliñados, tortilla al Xerez, ropavieja con garbanzos y tomate, kokotxas comunistas, el legionario —jamón ibérico y queso de cabra—, numerosas recetas de mejillones y anchoas o esturión confitado son algunos de los platos de una carta que se irá renovando constantemente, porque como dice Cueto, “nuestro afán por encontrar referencias nuevas es ilimitado”.

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