Alimentación en tiempos del coronavirus y los beneficios de la dieta mediterránea

Un pescadero, en una imagen reciente. FOTO: MANU GARCÍA
Un pescadero, en una imagen reciente. FOTO: MANU GARCÍA

Días antes de que entrara en vigor el estado de alarma en todo el territorio español debido a la crisis del coronavirus, los supermercados recibieron un aluvión de consumidores y en pocas horas, las góndolas quedaron vacías. Afortunadamente, a pesar del fenómeno de compras de pánico, no se ha producido un desabastecimiento y mientras el mundo se paraliza, la industria alimentaria intensifica su producción para garantizar el abastecimiento de estos productos de primera necesidad. Después de todo, la buena alimentación es un factor clave para reforzar nuestro sistema inmunitario.

Y si bien aún es pronto para establecer vínculos entre el Covid-19 y ciertas dietas, los expertos, entre ellos la Academia Española de Nutrición y Dietética, señalan que durante este tiempo, es de vital importancia monitorizar el adecuado consumo de alimentos y agua. Expertos del departamento de Medicina Preventiva de la Universitat de València, insisten también en la importancia y los beneficios de la dieta mediterránea durante este período de confinamiento.

El confinamiento obligatorio supone un cambio radical en los hábitos de las personas y esto también incluye un cambio en la alimentación. En este período de incertidumbre, en el que aún quedan muchas dudas por despejar con respecto al coronavirus, es fundamental seguir las recomendaciones de expertos. No solo en lo que concierne las medidas a seguir para respetar el distanciamiento social, sino también en lo que respecta a la buena alimentación.

"Lo esencial es llevar una alimentación basada en el patrón de dieta mediterránea donde predominan principalmente las frutas, las verduras y las hortalizas, que es una dieta rica en antioxidante y micronutrientes, que es fundamentalmente, lo que nuestro cuerpo necesita", explicó en una entrevista reciente brindada al diario El Español, José Manuel Fernández García, quien lidera el grupo de nutrición de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (Semergen).

Como bien lo resume Fernández García, la dieta mediterránea se caracteriza por una alta ingesta de alimentos de origen vegetal (como frutas, verduras, nueces y cereales) y aceite de oliva. Así como una ingesta moderada de pescado y una baja ingesta de productos lácteos, carnes rojas, carnes procesadas y dulces. Los beneficios de la dieta mediterránea, y por ende del consumo de sus productos estrella, son reconocidos mundialmente y están científicamente comprobados. En 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguró que esta dieta propicia efectos protectores contra las enfermedades cardiovasculares y la diabetes tipo 2. Esta dieta, también ha sido reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Por su parte, a las recomendaciones de Fernández García, se suman las de la Academia Española de Nutrición y Dietética que junto al Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas (CGCODN), han publicado un documento basado en una revisión científica, con recomendaciones de alimentación y nutrición para la población española ante la crisis del Covid-19. Entre ellas, se destaca el consumo de frutos secos, semillas y aceite de oliva. Cabe destacar que el aceite de oliva es la grasa de adición por excelencia en la dieta mediterránea y su rol es fundamental por su aporte en vitamina E, betacarotenos y sus propiedades cardioprotectoras.

Estas recomendaciones llegan en un momento fundamental, sobre todo si se tienen en cuenta las advertencias recientes por parte de expertos que han evidenciado en el último tiempo, una “transición nutricional” en la región mediterránea que conduce a un alejamiento de su antigua dieta. Un informe reciente presentado por la FAO y el Centro Internacional de Altos Estudios Agronómicos Mediterráneos (CIHEAM), señala que la combinación de ciertos factores como el crecimiento demográfico, la globalización, la urbanización y el rápido ritmo de vida, alteran los hábitos alimentarios y patrones de consumo. Esto, sin contar las campañas en contra de ciertos productos centrales de la dieta mediterránea como el aceite de oliva. Una de las polémicas más recientes con respecto a este producto es el de la posible aplicación del semáforo nutricional, conocido como Nutri-Score.

El Nutri-Score, un diseño importado de Francia, contempla la incorporación de un etiquetado frontal en los productos alimentarios. En resumen, este sistema clasifica los alimentos mediante un código de color y letras, que va desde la A/verde (productos más sanos) hasta la E/rojo (productos menos sanos). A diferencia de otros sistemas como el NutrInform Battery, diseñado por Italia y adaptado a la dieta mediterránea, el Nutri-Score, según lo advertido por la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) y la Asociación Interprofesional del Cerdo Ibérico (ASICI), “estigmatiza de manera simplista y confunde al consumidor”.

La implementación del Nutri-Score en España, fue una de las medidas anunciadas por el ministerio de Sanidad en el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Obesidad. Tras el anuncio, la plataforma SinAzúcar.org recopiló información sobre productos alimentarios de la ONG Open Food Facts y recreó las etiquetas del Nutri-Score. Lo que generó una gran polémica, al conocerse que el aceite de oliva saldría puntuado con una ‘E’, lo que equivale a una recomendación de “no consumo”. Este punto suscitó revuelo en España, sobre todo entre los productores de aceite, lo que acabó con la intervención de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) y un expreso pedido a Francia para adaptar el sistema a la dieta mediterránea.

Sin embargo, según la Federación Europea de Aceites y Oleaginosas, por más esfuerzos que se hagan, los aceites vegetales nunca alcanzan una mejor clasificación de Nutri-Score que ‘C’ o ‘D’. Conscientes de ello, desde el ministerio de Sanidad se apresuraron en aclarar que el aceite de oliva no llevaría el Nutri-Score. Una excepción que no habría sido bien recibida por la Comisión Europea, que llama a una armonización del etiquetado en toda la comunidad.

Pero más allá de esta polémica, lo inquietante es que la adopción de este sistema podría contribuir a la transición nutricional, lo que además generaría cambios en los hábitos de consumo de los españoles. Si bien la idea detrás de la aplicación del semáforo nutricional es la de informar a los consumidores, el ejemplo anterior demuestra que todavía existen zonas grises con respecto a su aplicación. Y en una época en la que abunda la desinformación, es fundamental que los consumidores accedan a las fuentes oficiales para informarse, más allá de un sistema simplista de colores. Tal como lo ha señalado Alexandre Meybeck, Coordinador del Programa de Sistemas Alimentarios Sostenibles de la FAO, la dieta mediterránea no solo es nutritiva, sino también sostenible a nivel ambiental, un punto clave en estos tiempos que corren. Es precisamente por esta razón que resulta vital continuar promoviendo esta dieta y desterrar mitos al seguir los consejos de expertos.

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