Hace casi 30 años que Chema Bernal regresó a su tierra natal para abrir una tortillería en el centro de Jerez. En Francia había coqueteado con la hostelería trabajando en algunos restaurantes de cocina española, hasta que finalmente volvió al Sur para inaugurar su propio negocio en la céntrica calle Porvera. ¿Por qué una tortillería? "Ni idea. En los ochenta era algo novedoso, no había muchas tortillerías por Jerez, y a día de hoy tampoco. Pero aquí seguimos, sobrevivimos a base de tortillas", responde Mari Carmen Bernal, su hermana y actual propietaria del bar desde que Chema fuese asesinado hace justo una década. Los 20 años antes de su fatídico final, su hermano trabajó codo a codo con ella. Él, en la cocina preparando tortillas de todos los colores. Ella, en la barra y sirviendo mesas.

Recuerda que al principio tenían una carta mucho más extensa de tortillas, que si hoy tienen cerca de 20 tipos, antes tenían muchísimas más: tortilla de plátano, de mejillones, de chocolate, de brotes de soja... Una variedad que en la actualidad la tortillería Poti-Poti no maneja. "Cuando nosotros empezábamos había una discoteca famosísima que se llamaba Only Night. Esta era la zona de marcha de la época", rememora. Lo que provocó que su bar se convirtiera en un referente de aquellos jóvenes que salían de fiesta. "Los fines de semana abríamos a las siete de la tarde y cerrábamos a las siete de la madrugada de cómo se ponía aquello". Pubs, discotecas, burgers... En los ochenta la Porvera era la zona de bullicio de la juventud. No obstante, de todo aquello solo quedan recuerdos. Todos los negocios de entonces cerraron, a excepción de la tortillería de Chema Bernal. Y es que aunque empezó siendo un establecimiento de jóvenes, poco a poco se convirtió en un bar de carácter familiar.

La cercanía de Chema consiguió crear una gran cartera de clientela fija, o mejor dicho: una gran familia de amigos. Siempre presentes. Y es que fue también gracias a sus antiguas amistades por lo que este jerezano llamó a su tortillería Poti-Poti. El personaje, un dinosaurio verde de ojos grandes, provenía de una serie catalana de marionetas llamada Los Aurones. "Sus amigos se metían con él llamándole así y al final así fue como lo bautizó", sonríe Mari Carmen. Ella, cuando su hermano abrió el bar —concretamente el 16 de julio de 1988—, estaba trabajando como cajera en un supermercado. Relata que entró con él los fines de semana como una gracia entre hermanos y que al final se enganchó tanto que se quedó de manera permanente. "Recuerdo mi primera tortilla.. fue una de gambas. La experiencia fue rara al principio y la gente te miraba raro. Miraban el letrero y decían ¿Una tortillería?", rie.

Algunos quizá guarden en su memoria que el Poti-Poti daba desayunos, y es que comenzó teniendo un horario más extenso. Desayunos, meriendas y cenas. "Pero al ver que tenía tirón solo de noche, empezamos a abrir solo a partir de las siete de la tarde". El local también ha sufrido sus cambios. Donde ahora se encuentra la cocina antes era el saloncito donde había varias mesas y viceversa. Mari Carmen adelanta que en un futuro, no muy lejano, le gustaría "poner el bar un poquito en condiciones" y agrandarlo un poco más. "Es un proyecto a largo plazo, pero espero poder cumplirlo pronto".

Elena fue la última en llegar al negocio. Ella estaba trabajando en una empresa de publicidad, "pero siempre ha estado con nosotros si hacía falta que nos echara una mano", incide Mari Carmen. No obstante, en agosto de 2007 Chema Bernal fue asesinado en su domicilio de la calle Ídolos. Mari Carmen se quedó sola y Elena tuvo la iniciativa de quedarse con ella en la tortillería. "Fue él el que empezó todo y el que nos arrastró al oficio", comparte compungida. Confiesa que cuando pasó, su hermano era una persona muy especial y muy querida en la ciudad: "En el tanatorio parecía que había muerto un artista. Nos sentimos arropados por todo Jerez". Mari Carmen desvela que pensó no seguir adelante con la tortillería. "Sabía que me iba a ser muy duro seguir aquí. Pero luego recapacité, ¿qué hago? ¿A dónde me voy?".

"El otro día, una pareja de señoras que pasó por aquí me dijo que no pueden sentarse en el Poti-Poti porque sin él no es lo mismo, que les cuesta…", narra Mari Carmen. "La gente que lo ha vivido con nosotros, lo recuerda", agrega. Dice que ha tenido la intención de celebrar el quinto aniversario de la muerte de su hermano y que este año tenía muy presente hacer algo por el décimo aniversario. "Pero no tuve la fuerza suficiente para hacerlo. Ojalá con la reforma, pueda hacerlo. No sé si me saldrá. Lo pienso muchas veces. Mi hermano se tiene que sentir orgulloso de que yo lleve esto más o menos bien. Pero…", concluye emocionada. Recuerda que al principio su hermano dispuso un enorme cartelón en el interior del bar con todos los tipos de tortilla que había. "Todavía hay quien me pregunta por la tortilla de mejillones". No sabe si cuando haga obras también reestructurará un poco la carta e incluirá aquellas recetas que solo su hermano hacía. Pero una cosa sí tiene clara: "A mi me quedan 20 añitos más aquí. Yo espero estar aquí hasta que me jubile", destaca con una sonrisa.

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