Cortijo Bablou, el oasis con vistas a la Peña de Arcos que soñó un matrimonio francés

Jean Louis Montilla y Bárbara Seine regentan Cortijo Bablou, un negocio ubicado a las puertas de la Sierra de Cádiz, donde se puede dormir en una jaima, en un carromato gitano o en una de las habitaciones del 'cortijo'

Jean Louis Montilla, junto al carromato gitano de Cortijo Bablou.
Jean Louis Montilla, junto al carromato gitano de Cortijo Bablou. ESTEBAN

Hay que salir de Arcos de la Frontera y enfilar la carretera CA-5221 para llegar al destino. Una vez pasado el campo de golf, hay que desviarse a la derecha y discurrir por un camino de tierra, sorteando baches y curvas, hasta toparse con la entrada del Cortijo Bablou, un cortijo rural de más de ocho hectáreas donde se puede dormir en una jaima, en un carromato gitano o en alguna de las habitaciones del que llaman el cortijo.

“Hemos pensado, no sé si me equivoco, en hacer una mezcla de la culturas andaluza, marroquí y gitana”, dice Jean Louis Montilla, quien gestiona el negocio, a medias con su mujer, Bárbara Seine. Ambos son franceses y dejaron atrás una vida de estrés y altas responsabilidades para apostarlo todo al relax. Aunque eso no significa que trabajen poco, “pero es diferente”. Antes, él era un alto cargo de Microsoft y ella directora de centros de formación para adultos, aunque llevan muchos años ligados al sector hotelero.

“Nos gusta recibir a la gente y estar atentos”, abunda este matrimonio, que estuvo dos años dando vueltas por Andalucía buscando el lugar ideal para ejecutar la idea que tenían en la cabeza y completar el “cambio radical” que dio sus vidas. ¿Por qué aquí? “Porque está bien ubicado, cerca de la playa, de Sevilla, de Cádiz, de Jerez, de la Sierra… Os lo enseño y vais a saber por qué”, dice Jean Louis, ejerciendo de anfitrión durante la visita que lavozdelsur.es realiza a las instalaciones, mientras Bárbara atiende a unos huéspedes que acaban de llegar.

Jean Louis Montilla y Bárbara Seine, en Cortijo Bablou.
Jean Louis Montilla y Bárbara Seine, en Cortijo Bablou.

La finca, de más de ocho hectáreas, se encuentra en un lugar privilegiado, a las puertas de la Sierra de Cádiz, en una colina desde la que se puede contemplar el paisaje serrano, el valle del río Guadalete y la espectacular Peña de Arcos, que aún a unos kilómetros de distancia, se alza imponente.

En Cortijo Bablou, además de distintos alojamientos, hay mucho espacio para el esparcimiento, como una gran piscina, un lugar habilitado para masajes y mucha vegetación y fauna. Gallinas, ovejas o pavos reales comparten estancia con los huéspedes. Hasta un burro llamado Julio, que rebuzna cuando siente presencia humana. “Quién viene de la ciudad está encantado”, apostilla Jean Louis.

“Al llegar aquí iniciamos un cambio muy importante, sobre todo de ritmo profesional”, explica Montilla. “Se trabaja mucho, porque requiere mucha presencia y no paramos. Hay que estar los fines de semana, pero es otro tipo de vida, mucho más agradable”. De hecho, Bárbara y Jean Louis residen la mayor parte del año en la misma finca, aunque en invierno, cuando cierran, se van a su vivienda de Sanlúcar.

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Jean Louis, junto a una de las jaimas de Cortijo Bablou. ESTEBAN 
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La piscina de Cortijo Bablou. ESTEBAN 

Desde 2016, estos franceses regentan un cortijo rural con alojamientos para todos los gustos. El cortijo tiene estancias comunes, para poder descansar o desayunar, aunque para ello están colocadas unas sillas y mesas, debajo de unos árboles, que se aprovechan sobre todo en primavera y verano. Hay cuatro habitaciones, con espaciosas camas, cada una con una decoración diferente. “Los turistas extranjeros son quienes más eligen esta opción”, dice Jean Louis.

A unos metros del cortijo se encuentran varias jaimas, grandes tiendas de campaña de unos 20 metros cuadrados, con una cama y varios muebles, con decoración con tintes marroquíes. “En verano no se puede estar por la tarde aquí dentro, pero por la noche hay que taparse con manta”, dice entre risas Jean Louis. Esta es la opción favorita de muchos españoles, ya que “siempre están llenas” de turistas nacionales.

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Una de las habitaciones del cortijo. ESTEBAN 
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Interior de una jaima. ESTEBAN 

Para llegar al carromato gitano hay que subir una loma y pasar junto al burro Julio, desde la piscina. La roulotte hasta tiene nombre, se llama La niña, y está construida entera de madera por una empresa de Rumanía. “Tardó cinco días en llegar en tráiler”, abunda el propietario del negocio. Desde la terraza del carromato, al despertarse, quien se aloje en él puede contemplar la Peña de Arcos nada más levantarse. “Es un lujo”, dice Montilla.

Bárbara y Jean Louis, que regentaron antes hoteles en Marruecos y otros negocios en Barcelona, son unos enamorados de la provincia de Cádiz que, desde su cortijo rural, no dudan en proponerles planes a sus huéspedes, desde conocer la cercana Arcos, hasta visitar alguna playa, saltar en parapente en Algodonales, pasar por la Real Escuela del Arte Ecuestre, ir a los pueblos blancos o visitar ciudades como Cádiz, Jerez, Sevilla o Ronda. “Imposible aburrirse en nuestro cortijo, ya que la región es rica y propone muchísimas actividades”, dicen. Ellos lo saben bien.

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