La Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre tiene su origen a principios de los años 70, desde cuando viene desarrollándose su espectáculo Cómo bailan los caballos andaluces, presentado por Álvaro Domecq Romero poco después de recibir el Caballo de Oro —máximo galardón ecuestre que se concede en España— de manos del Rey —hoy emérito— Juan Carlos I. Ahí comienza la historia de unas instalaciones de primer nivel donde se forman, año tras año, a algunos de los mejores jinetes del panorama nacional y a la que se le debe atribuir buena parte del mérito de que a Jerez se la siga conociendo como la “ciudad del caballo”. ¿Pero se conoce realmente a la Real Escuela? ¿Qué servicios ofrece? ¿Qué se puede conocer durante una visita a sus instalaciones? Un recorrido por ellas quiere destacar los principales atractivos de una institución que trabaja sin descanso para conservar la doma clásica y vaquera y promocionarla por todo el mundo.
El Museo del Arte Ecuestre
El espacio museístico, situado en el sótano del Palacio del Recreo de las Cadenas —que data del siglo XIX—, fue inaugurado en 2005, y muestra al visitante la historia y evolución del arte ecuestre a través de las once salas con las que cuenta, en las que se puede conocer la importancia que tuvo el caballo en la época de íberos y tartesios, pasando por el uso que hacían de ellos los caballeros jerezanos durante la Edad Media, conociendo los juegos de cañas —y posteriores exhibiciones ecuestres— que se celebraban en la plaza del Arenal, y el posterior mantenimiento de una tradición ecuestre que se mantiene hasta la actualidad gracias a la labor de instituciones como la Real Escuela.
El Palacio de Abrantes
El arquitecto francés Charles Garnier, quien lo fuera también de la Ópera de París o del Casino de Montecarlo, es el autor del Palacio de Abrantes —situado en eel Recreo de las Cadenas—, una maravilla de estilo ecléctico levantada a mitad del siglo XIX, aunque hay quien sostiene que es obra del arquitecto Salomón Ravel. El palacio, en principio residencia de Julián Pemartín Laborde y su familia, quien lo mandó construir, pasó más tarde a manos de los duques de Abrantes —Carmen de Carvajal y Alcázar y Francisco de Borja Zuleta de Reales— y actualmente sirve de espacio expositivo y de lugar de celebraciones de actos —desde bodas hasta eventos de todo tipo—. En su primera planta alberga un espacio que nos lleva al siguiente punto de la lista…
El Centro de Documentación Ecuestre
El espacio ofrece la posibilidad al visitante que así lo solicite —estudiosos del arte ecuestre o, simplemente, interesados en la materia— de consultar una amplia gama de bibliografía relacionada con el sector, como monografías, publicaciones periódicas y material gráfico y audiovisual, que trata temas como la historia del caballo, el turismo ecuestre, el arte y literatura vinculado al sector o todo lo relacionado con los enganches e instituciones ecuestres. El Centro de Documentación Ecuestre pertenece a la Red de Información y Documentación Especializada de la Consejería de Turismo y Deporte, que a su vez está integrada en la Red Idea o Red de Centros de Documentación y Bibliotecas Especializadas de Andalucía.
La guarnicionería
Las guarniciones son el “conjunto de correajes y demás efectos que se ponen a las caballerías para que tiren de los carruajes o para montarlas o cargarlas”, según la RAE, y estos utensilios se siguen fabricando de forma artesanal dentro de las instalaciones de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. En ellas, Florencio Ruiz, actual maestro guarnicionero de la institución, da forma en su taller a las monturas y demás correajes que requieren los jinetes de la institución, que también acuden a él —y a sus aprendices— para que reparen los que se van degradando con el paso del tiempo. Ruiz se define a sí mismo y a sus compañeros de oficio, según le contó a los compañeros de Crónicas con Solera, como sastres del caballo.
El espectáculo 'estrella'
La exhibición Cómo bailan los caballos andaluces lleva celebrándose desde los inicios de la Real Escuela y es uno de los principales atractivos de la institución. El ballet que protagonizan los caballos, que alternan doma clásica y vaquera, con música y vestuario del siglo XVIII, hace las delicias de los visitantes. El espectáculo, que suele celebrarse todos los martes y jueves —los viernes entre agosto y octubre y algunos sábados de forma excepcional—, tiene una duración de unos 90 minutos e incluye, además, enganches, trabajos en la mano —con el jinete desmontado— y un carrusel de caballos y jinetes que realizan ejercicios de equitación avanzada, constituyendo un desfile único.
El Museo del Enganche
Coincidiendo con la celebración de los Juegos Ecuestres Mundiales de 2002, la Real Escuela inauguró el Museo del Enganche, instalado en un casco bodeguero de principios del siglo XIX, que alberga carruajes, caballos, indumentaria y atalajes dignos de ver, y de admirar. El museo tiene seis salas, la primera de las cuales alberga los carruajes más emblemáticos, de los siglos XIX y XX, aunque quizás el más significativo es el empleado en la boda de la Infanta Elena, una carretela construida en Francia a finales del siglo XVIII, de estilo barroco. El casco de bodega también alberga un espacio donde se pueden ver 28 trajes de corto fabricados por Antolín Díaz Salazar, el rey del traje corto andaluz.
Un picadero ‘Real’
El picadero cubierto, construido en 1980 por el arquitecto José Luis Picardo, tiene capacidad para 1.600 espectadores, dispone de seis puertas y está adaptado para personas con movilidad reducida. En esta instalación se celebra el espectáculo Cómo bailan los caballos andaluces. También hay otros dos exteriores, para entrenamientos y pruebas hípicas, donde además se celebran eventos privados. Desde que en 1987 el Rey Juan Carlos I fuera nombrado presidente de honor de la Real Escuela, ha acudido en más de una ocasión a actos celebrados en el picadero cubierto. Y para terminar, una curiosidad: ¿Sabes que Rafael le dedicó un poema a la Real Escuela? Lo tituló El caballo andaluz:

De frente o de perfil, quiebros volando blancos, puros y grandes, inocentes rasgos de luz divinos y crecientes, ciega y honda armonía golpeando, sois los altos caballos inmortales, hijos del sol y espumas musicales.

¿Quién no los ve y a quién no les extasía vuestro rítmico paso, vuestra pura, perfecta nitidez, vuestra mesura, vuestro sentido de la geometría? Sois las medidas, exaltadas luces que brotan de los campos andaluces.

Yo os quisiera cantar, aunque quisiera, infundiéndoos las savias del jinete, que dulce y duramente os compromete el alma que a la música os trajera.

Y nada más, caballos que en el viento bailaréis en mi solo pensamiento.

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