Una estampa que se da recurrentemente cada Semana Santa y en todo lugar donde hay palcos o sillas es la suciedad que se produce en estos entornos. En la imagen, se puede ver en Jerez. Pero en realidad es en todas partes.
Y es que las jornadas de Semana Santa se pueden hacer largas. Desde la primera hermandad hasta la última pasan varias horas. Y si se tiene en cuenta que para llegar a la primera con tranquilidad es bueno hacerlo con tiempo, la verdad es que se entiende que en esas horas se consuman bebidas o alimentos mientras se espera.
Eso sí, la imagen que queda después es una pena. Montones de pipas, latas, botellines, envoltorios de bocadillos, restos de la propia comida, pañuelos usados...
Para ello, lo mejor es hacer un llamamiento a acudir con bolsitas y depostiar luego en un contenedor. Especialmente sucias son las cáscaras de pipas o de otros frutos secos. Son un problema sobre todo porque no son cuatro, sino montones de restos.
Esto afecta entre otros muchos a los propios nazarenos que hacen promesa y van descalzos. Pero además es un foco de suciedad y mala presencia.
Por más que es el año con mayor presencia de los servicios de limpieza en muchas ciudades, como Jerez, es un esfuerzo de todos que la Semana Santa tenga siempre la mejor imagen.
