Algunas hermandades jerezanas tuvieron la pericia, en la primera mitad del siglo XX, de adquirir de Sevilla grandes joyas del bordado que hermandades hispalenses no quisieron –o supieron– conservar, por eso de pensar que lo nuevo sería mejor que lo que ya poseían. Muy conocida es la venta, por parte de la hermandad de La Amargura, de las caídas y techo de palio, así como de su manto a juego, a la hermandad de los Judíos de San Mateo.
La cofradía de San Juan de la Palma, no obstante, volvió a encargar al autor de estas piezas, Juan Manuel Rodríguez Ojeda, otro conjunto que, a día de hoy, sigue siendo uno de los mejores de la Semana Santa sevillana.
Otras piezas de bordado que llegaron a Jerez y que hoy son santo y seña del patrimonio cofrade de la ciudad son el antiguo conjunto de palio y manto de la Virgen del Refugio, de la hermandad de San Bernardo, que hoy pertenece a la Hermandad del Mayor Dolor; o el palio y manto que fuera de la trianera Virgen de la O, realizado por las Hermanas Antúnez, y conservado actualmente por la Hermandad de la Piedad.
Aquellas adquisiciones no solo enriquecieron la Semana Santa jerezana, sino que evidencian la gran capacidad económica que tenían en aquella época algunas de sus hermandades, sumado a un refinado criterio artístico que, de no haber existido, habría dejado a la ciudad sin algunos de estos grandes conjuntos del bordado sacro andaluz.
A estas incorporaciones procedentes de Sevilla se suman encargos directos a reputados talleres sevillanos, muchas veces gracias al impulso de mecenas que sufragan estos gastos. De ahí surgen palios como los de María Santísima de la Paz en su Mayor Aflicción; de María Santísima del Desamparo; de La Amargura; de María Santísima de la Esperanza de la hermandad de las Cinco Llagas y de su homónima de la Esperanza de La Yedra; de la Encarnación, de la Virgen del Valle o de la Soledad.
Son piezas que destacan y que llaman la atención del gran público por su majestuosidad y riqueza ornamental. Sin embargo, más allá de estos grandes conjuntos, existe otro patrimonio textil menos visible, pero que también sale a la calle todos los años en Semana Santa, formado por piezas cuyo valor histórico y artístico resulta extraordinario pese a pasar casi inadvertido para el gran público.
Saya de Pedro de Lima
Entre estas reliquias destaca la saya de Pedro de Lima, que custodia la Hermandad de la Coronación de Espinas. Datada en 1762, está considerada la pieza de bordado más antigua que procesiona en Andalucía. Su iconografía —la fuente como símbolo del seno de María, los cuernos de la abundancia o las flores alusivas a pureza y belleza— se combina con técnicas prácticamente desaparecidas, como el punto milanés o un matizado en seda excepcional.
Restaurada entre 2020 y 2021 por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), la prenda revela una complejidad técnica que confirma el alto grado de especialización alcanzado por los bordadores del siglo XVIII.
Patrimonio de Las Angustias
No menos relevante es el patrimonio textil de la Hermandad de Las Angustias, que posee el llamado Pendón de los Siete Cuchillos, estandarte corporativo del siglo XVII bordado en oro sobre terciopelo granate. Su composición evidencia tres etapas artísticas distintas, desde la cenefa original hasta los añadidos posteriores del escudo y el corazón atravesado por puñales.
A ello suma el manto barroco púrpura de la dolorosa de Las Angustias, fechado entre finales del XVIII y comienzos del XIX. Ambas piezas, pendón y manto, fueron restaurados en 2012 por el bordador astigitano Jesús Rosado.
Otra joya, y quizás la que pasa más desapercibida, es el estandarte de la Huida a Egipto de la Hermandad de la Vera-Cruz, pieza renacentista de acusado sabor flamenco que cuelga de una cruz procesional de bronce de la segunda mitad del siglo XVI, comparable a otra conservada en el Museo Arqueológico Provincial de Orense. Bordado en sedas y jiraspes, el paño representa la escena del segundo dolor de la Virgen dentro de una cartela de roleos y tornapuntas en hilos de oro y plata.
11.000 reales de vellón por la túnica del Nazareno
Para completar este selecto inventario de piezas de primer orden, citamos la túnica de las Avefrías, de Jesús Nazareno, confeccionada en la primera mitad del siglo XIX en oro sobre terciopelo morado y llamada así por las aves bordadas que la ornamentan. Costó 11.000 reales de vellón y sustituyó a otra anterior, más costosa aún, robada durante la ocupación francesa de 1810.
Cinco tesoros, cinco joyas ‘invisibles’ eclipsadas por los grandes palios de nuestra Semana Santa, pero que merecen ser (re)descubiertas cuando nuestras hermandades sacan a la calle lo más valioso de su patrimonio.
