Hay días que explican por sí solos el prestigio de una Semana Santa, y el Jueves Santo de Jerez es, sin duda, uno de ellos. Jornada de hechuras clásicas, de santos oficios y de visita a los Sagrarios. De cofradías centenarias con un poso inconfundible, como las de la Vera Cruz, Mayor Dolor y Oración en el Huerto.
También de corporaciones como la Lanzada, que pone en la calle uno de los altares de insignias más importantes de cuantos hay en la ciudad. Y de contrastes como los de Redención, con sus maneras alegres y de barrio, o de Humildad y Paciencia, con el ascetismo y sobriedad como manera de entender su puesta en escena.
Un día, en definitiva, que condensa buena parte de las esencias de la Semana Mayor jerezana y que, no por casualidad, vuelve a situarse en el centro de una aspiración histórica: el de convertirse en Fiesta de Interés Turístico Internacional.

De hecho, tras el reciente tropiezo en la carrera por convertirse en Capital Europea de la Cultura en 2031, el Ayuntamiento de Jerez quiere quitarse esa espinita y ya trabaja para que su Semana Santa, actualmente de Interés Turístico Nacional, alcance de una vez el marchamo internacional que su historia, su patrimonio y sus cofradías merecen.
Más de cuatro siglos de historia desde San Juan
Volvamos al Jueves Santo. Sumemos argumentos para ese reconocimiento.
Desde San Juan de los Caballeros la Vera Cruz se pone en la calle con sus más de cuatro siglos de historia, como recuerda el techo de palio de la Virgen de las Lágrimas, con el escudo de armas de Carlos I de España y V de Alemania, emperador que reina cuando se funda esta cofradía.
Pasan 13 minutos de las seis de la tarde cuando el tañido de las campanillas del muñidor rompe el aire en Chancillería, donde el público guarda un silencio respetuoso. Música de capilla para el paso de la Santa Cruz y de cornetas para el misterio, donde sobresale la impresionante talla del Cristo de la Esperanza, de la que aún se desconoce su autoría pero que los historiadores del arte atribuyen a algún autor del círculo de Juan de Mesa. Saeta cordobesa para el palio de la Virgen de las Lágrimas, que sortea con cuidado un par de balcones y que ya en su recogida, a la salida de la calle Carmen, sufre un incidente en el último varal del costero izquierdo, que obliga a su retirada.

Costaleras bajo el Señor de la Redención
A unos metros, en la calle Porvera las terrazas de los bares ya casi cuelgan el cartel de completo. Es día de trajes oscuros. Mujeres de mantilla se hacen fotos que seguramente en unos días ya se quedarán en el olvido y en la memoria de sus teléfonos móviles. Las puertas de La Victoria se mantienen abiertas, con el palio de la Soledad en el dintel, aguardando un nuevo Viernes Santo.
Por la calle Lealas, una de las pocas que todavía huelen a vino en Jerez, discurre la Hermandad de la Redención. La amplitud de las aceras permite verla con comodidad. Alrededor del paso de misterio vienen muchos vecinos de Icovesa, que bajan al centro acompañando a su cofradía.

El capataz, Manuel Monje, llama a su cuadrilla, de la que forma parte Nerea. Con su molía bajo el brazo, aguarda un nuevo relevo. Ya sacó el Domingo de Ramos a la Reina del Transporte y comenta que junto a ella, otras cuatro mujeres son costaleras del Señor de la Redención. “Es mi segundo año aquí y me han acogido muy bien”, comenta, demostrando que en la costalería jerezana también poco a poco está llegando un cambio que, sin duda, irá a más en los próximos años.
El Jueves Santo se comprime
Tiene una dificultad el Jueves Santo, y es el poder contemplar serenamente el discurrir de sus cofradías por el hecho de que todas, salvo la Redención, se concentran en el casco histórico y, por lo tanto, su llegada a la Carrera Oficial es relativamente rápida.
Desde que se estableciera el inicio de ese recorrido común en la plaza Aladro, la Hermandad de la Oración en el Huerto se ve obligada a dar un gran rodeo, a pesar de tener su sede a escasos metros de ese punto.

Este año, como novedad, sale de la puerta del reloj de Santo Domingo y encara Larga para, a la altura de la Rotonda de los Casinos, revirar a Bizcocheros para tomar por el barrio de San Pedro. Recorrido coqueto, que, sin embargo, no logra disipar una realidad que se repite año tras año: la cofradía dominica continúa siendo la gran perjudicada de la jornada debido a la actual configuración de la Carrera Oficial.
Su llegada, desde Caracuel a una abarrotada plaza de San Andrés, una auténtica Getsemaní con una decena de olivos de gran porte, se produce cuando el cielo va teniéndose de añil. El paso de misterio, una de las grandes obras salidas del taller de Manuel Guzmán Bejarano, sigue sumando fases a su restauración para recuperar el esplendor que los años le ha ido restando. Tras éste, el no menos portentoso palio de María Santísima de la Confortación, con bordados de Juan Manuel Rodríguez Ojeda.

Mientras la cofradía del Huerto encara la calle Santa Rosa, por Antona de Dios discurre la de Humildad y Paciencia. Sus hermanos votaron meses atrás por cambiar su día de salida al Sábado Santo, algo que denegó el Obispado, pero qué duda cabe que poco a poco va cuajando en el Jueves Santo gracias a sus formas sobrias y con un punto clásicas.
Como gran novedad, el dorado de sus candelabros y del frontal de la canastilla, donde se conjugan también pinturas que imitan al carey. Sin duda, un paso de misterio diferente y que aporta a la Semana Santa jerezana. Solo falta que su cuerpo de nazarenos siga aumentando poco a poco.
Lanzada y Mayor Dolor para cerrar la jornada
Desde la Basílica del Carmen, el portentoso misterio de La Lanzada sale del templo con mayor comodidad gracias a una plataforma que salva los escalones de la puerta principal que da a la plaza. En su recorrido hacia Carrera Oficial la cofradía toma un pequeño rodeo, tomando por calle Chapinería para llegar a Plateros y de ahí, a Tornería.
Una representación de la tuna de ciencias sociales y de la comunicación está presente en el cortejo, para recordar que a la cofradía se la conoce como la de los estudiantes, puesto que fueron alumnos de la extinta Escuela de Comercio los que fundaron esta corporación.


Al mismo tiempo que el Cristo de la Lanzada encara Plateros, el Jueves Santo se completa y se comprime aún más con la salida desde San Dionisio del original misterio del Ecce-Homo y del palio de la Virgen del Mayor Dolor, otra de las grandes dolorosas de la Semana Santa jerezana.
En apenas dos kilómetros a la redonda se reúnen nueve pasos, más de mil nazarenos, cientos de costaleros y músicos y decenas de miles de personas contemplando los cortejos procesionales. La magia de una Semana Santa que busca ser de Interés Turístico Internacional pero que también tiene fragilidades y aspectos con los que hay que estar vigilantes.
Porque si la lluvia es la gran enemiga de la fiesta, no menos lo es el comportamiento de algunos que van al centro con el pretexto de que salen cofradías a la calle, pero no realmente para disfrutarlas.
El alcohol se ha ido adueñando de puntos entre Plateros y Rafael Rivero, incluyendo la Tornería y la plaza del Clavo, y de ahí incidentes como la pelea el Lunes Santo ante el paso de la hermandad de la Candelaria, el Martes Santo cuando una persona insultaba a un miembro de la banda que acompañaba al Cristo de la Defensión o el Miércoles Santo con tres jóvenes intentando armar un lío con bombitas de gas irritante.
Y con todo, más allá de matices, ajustes y debates que llegarán en el futuro, Jerez y su Jueves Santo fueron entregándose poco a poco a una nueva Noche de Jesús que se torna en Esperanza cuando llega la mañana.


