Sería esencial que, ante tamaña avalancha turística, la oficina de urbanismo del Ayuntamiento pusiera orden a tantas iniciativas y las canalizase para que la ciudad pueda desarrollar sólo proyectos sostenibles y generadores de riqueza.

La ciudad de Cádiz se está convirtiendo en una población muy atractiva para el turismo, prueba de ello son los más de 300.000 cruceristas que la visitan en los últimos años y que se prevé que vayan a más. No sólo dispone de magníficas playas, sino que conserva fascinantes muestras arqueológicas de su prolongada existencia de más de tres mil años de historia (trazados urbanos, sarcófagos antropoides y edificaciones fenicias, templos y teatro romanos,  torres miradores, castillos, murallas, catedrales, recintos religiosos con pinturas de Goya, Greco o Murillo, catacumbas y entramados subterráneos, paseos dieciochescos, lugares marcados por nuestra primera Constitución democrática, museos, etcétera) que seducen al visitante. Además, es una localidad sin apenas industrias y muy segura, por tener una población envejecida, que hace más apacible el paseo por sus calles y que cautiva al que busca serenidad. Si a esto le añadimos que el fenómeno del turismo se está expandiendo, es de suponer que crezca la inversión en instalaciones turísticas en la capital y que aumente el número de instalaciones hoteleras. 

Actualmente, Cádiz dispone de 34 establecimientos hoteleros que suponen 2.619 camas, a las que habría que añadir 423 más por los 16 apartamentos turísticos con servicios hoteleros. Si a esto le sumamos las 5.794 plazas ofrecidas durante todo el año por las 671 viviendas turísticas declaradas, que son mucho menos de las reales, nos saldrían como mínimo casi 9.000 plazas disponibles oficialmente. Extraoficialmente pueden significar otras diez mil plazas más, si consideramos a las viviendas turísticas no registradas y que se publicitan actualmente en internet. Todo esto, sin contar la gran disponibilidad veraniega de alquileres semanales, quincenales o de meses en apartamentos de temporada para familias, equivaldría a una proporción de más de una plaza ofertada por cada siete personas empadronadas, algo que demostraría la dependencia económica de Cádiz con el turismo.    

A pesar de tan desmesurada cifra, hay en curso muchos más proyectos para levantar nuevos hoteles. Así, hay o ha habido iniciativas más o menos firmes para erigir nuevos alojamientos hosteleros en el Tiempo Libre, Valcárcel, el Campo de las Balas, la calle Sagasta, la estación de trenes, la tribuna del estadio, la Casa del Almirante, el club náutico Alcázar, el Pirulí, la sede de Correos de la plaza las Flores, el edificio de Telefónica de la Calle Ancha y Puerto América.  

Si se llevaran a cabo todos esos planes, sería casi seguro que la oferta de camas superaría ampliamente a la demanda, por lo menos a corto plazo. No obstante, si todos estos proyectos tuvieran éxito, podrían convertir a Cádiz casi en un gran resort turístico que abarcase todo el término municipal y, a su vez, transformarían la ciudad en un lugar inapropiado para ser habitada por sus vecinos, como consecuencia del proceso de turistificación o saturación turística. Para evitar esto, sería esencial que, ante tamaña avalancha turística, la oficina de Urbanismo del Ayuntamiento pusiera orden a tantas iniciativas y las canalizase para que la ciudad pueda desarrollar sólo proyectos sostenibles y generadores de riqueza que equilibren a la ciudadanía local con los visitantes y eviten posibles colapsos.  

¿Qué modelo queremos ofrecer a Cádiz, un parque de atracciones viviente llena de monumentos donde todo se ponga al servicio del turista o una ciudad habitable y habitada donde el turismo sea sólo el motor de la economía, pero se prime la vida de sus ciudadanos apostando también por otros sectores económicos?

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