Las carreteras son testigos silenciosos de todo cuanto ocurre en ellas. En el asfalto se plasman historias de todo tipo, y en no pocas ocasiones, ocurre lo inaudito, lo insólito. Los fantasmas del pasado parecen hacer acto de presencia para recordar unos hechos que seguramente fueron olvidados, como un bucle que se repite una y otra vez, escenificando ante la mirada del espectador un pasaje concreto, en un camino oscuro y solitario.
Este caso que os paso a relatar ocurrió en los alrededores de Cádiz capital. Al menos, el policía nacional que me contó esta vivencia en primera persona estaba de servicio en esta ciudad, y los hechos ocurrieron en alguna carretera colindante con la misma. Y me lo contó durante una visita a la ruta Jerez oculto y Legendario en una noche de viernes. Este fue su testimonio.
"Estaba de servicio durante una noche con mi compañero, e íbamos con el coche patrulla por los alrededores de la ciudad. Salimos a las carreteras que unían las demás poblaciones, y precisamente por una de ellas, vimos a un hombre mayor que conducía una moto. No había problema aparente, tan solo que no llevaba el casco de seguridad. Deduje que aquel hombre estaba realizando un trayecto corto para llegar a su domicilio, que seguramente estaría cerca. Mi compañero por aquel entonces era un novato que estaba empezando en el cuerpo, y no le gustaba dejar pasar ni una, así que me dijo que pusiera las sirenas y detuviera el vehículo delante de aquel hombre y su moto. Yo le decía que no, que lo dejáramos, pero me insistió en reiteradas ocasiones, así que encendimos luces, sirenas y le dimos el alto a aquel conductor. Nosotros paramos en el arcén, y la moto se paró detrás de nosotros. Por el espejo retrovisor se reflejaba la luz del único faro. Acto seguido, nos bajamos del coche. Fuimos hacia atrás para pedirle la documentación… y ya no estaba, desapareció. Sí, desapareció. No había caminos laterales, no se pudo esconder, era imposible. ¿Qué tiempo pudimos tardar en bajar del coche y llegar atrás? ¿Seis o siete segundos? No estaba el conductor, pero la moto tampoco. ¡Era im-po-si-ble!".
Es un caso extraño dentro de lo extraño, puesto que las apariciones más comunes suelen ser personas a pie, caminantes, pero no conductores de ningún vehículo. Y en esta ocasión, no solo desaparece aquel hombre, sino también la moto en la que se transportaba. Este policía gaditano me confesó que jamás había contado lo sucedido a nadie, ni mucho menos dentro del cuerpo. Ya saben, cualquier acusación por parte de sus superiores podría haberle afectado negativamente tanto a él como a su compañero, y me refiero como acusación a tacharlos de locos por el relato en sí, que no deja de ser sorprendente. ¿Alguien que perdió la vida sobre su moto en aquella carretera y, de un modo u otro, sigue su camino? Quién sabe…
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