Vox y los silbatos para perros

El diputado europeo Jorge Buxadé publicaba en Twitter una frase aparentemente anodina: “Trabajo, familia, patria”. Fue el lema de la Francia nazi.

Jorge Buxadé en una foto subida a su Twitter.
Jorge Buxadé en una foto subida a su Twitter.

Hace unos días, el Vicepresidente Primero de Acción Política de Vox y Diputado por este partido en el Parlamento Europeo, Jorge Buxadé, publicaba en Twitter una frase aparentemente anodina: “Trabajo, familia, patria”. ¿Les dice algo? Personalmente, quiero que la gente tenga trabajo y adoro el mío, valoro la importancia de la familia en la sociedad, y, aunque lo de la patria me va un poco menos, tampoco da para escandalizarse. ¿Y si les digo que “Trabajo, familia, patria” es el lema de la Francia nazi? Porque lo cierto es que así es. “Trabajo, familia, patria” fue el lema que sustituyó a “Libertad, igualdad, fraternidad” mientras duró el Estado títere nazi conocido como la “Francia de Vichy”, un régimen totalitario, colaboracionista del Tercer Reich y participante activo en el holocausto judío, instaurado tras la ocupación el país por el ejército nazi.

Naturalmente, podemos pensar que el tuit de Buxadé coincide exactamente con el lema filonazi en palabras, orden y puntuación por pura casualidad, una más certera que sacar un pleno en La Primitiva. Que Buxadé fuera candidato al Parlamento Europeo por Falange en los años 90 o que en 2012 calificara de “almas superiores” a José Antonio Primo de Rivera y Ernesto Giménez Caballero no serían tampoco más que casualidades. El caso es que, en fin, parece más razonable explicar este tuit como lo que en comunicación política se conoce como dog-whistle o, en español, silbato para perros. Ya saben, hay unos silbatos que escapan a las frecuencias del oído humano pero, en cambio, son perfectamente escuchados por los perros. En política, la expresión alude a mensajes que, a oídos del gran público, pasan desapercibidos o incluso son acogidos positivamente, pero esconden un mensaje encubierto que solo un público más específico va a ser capaz de captar. Eso permite a sus emisores atraer a ese segmento de público sin generar polémica entre públicos más amplios que rechazarían dicho mensaje. Es algo habitual en todo el espectro político, pero especialmente habitual en toda la denominada alt-right, empezando por Donald Trump. Y no es la primera ni será la última en que vemos juegos similares por parte de Vox. Les permite ser radicales sin sonar radicales, ser xenófobos sin sonar xenófobos.

Cuando un líder político de un partido de extrema derecha como Vox publica en Twitter “Trabajo, familia, patria” sabe perfectamente lo que está diciendo y a quién está dirigiendo su mensaje. El público de ese tuit son personas abiertamente filonazis a los que Vox quiere guiñar el ojo. Y, sin ánimo de sonar paternalista, las principales víctimas son los seguidores de Vox que retuitean o incluso defienden el tuit al no percatarse de la escandalosa referencia que el partido busca lanzar. Es a ellos a quienes se está engañando. Se ha dicho muchas veces en el último año que en España no hay más de tres millones y medio de personas de extrema derecha. Y estoy de acuerdo. Pero si Vox consigue tres millones y medio de votos, el problema es el mismo. Porque es legítimo ser conservador y defender según que valores, pero juguetear con mensajes patentemente nazis en la España de 2020 es terrible, nauseabundo e indefendible.

En manos de todos está entender que, en democracia, caben todas las ideas, pero existen también límites, unos pocos legales y la mayoría morales. Como decía hace poco Angela Merkel, poco sospechosa de ser una peligrosa ultraizquierdista pese a su cruzada contra la extrema derecha, la libertad de expresión tiene sus límites cuando se propaga el odio. En nuestras manos está combatirlo venga de donde venga. Porque, efectivamente, quienes votan o defienden a Vox no son mayoritariamente de extrema derecha. Pero están defendiendo a un partido que sí lo es. Y eso es preocupante

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