Las calles de Bornos, durante la crisis sanitaria.
Las calles de Bornos, durante la crisis sanitaria.

Un virus mortal sigue suelto y haciendo del mundo un lugar inhóspito para vivir. Un mundo mucho más triste y menos fascinante.

Una vida llena de temor, inseguridad, complica aún más la convivencia.

Definitivamente no.

No nos salvaremos de este virus con la bronca por bandera.

Una bandera por sí sola no cura. Unos colores, unos símbolos, no.

Sirven para lo que sirven, pero desde luego no están para dividir a un país como aquellos tiempos oscuros y ya remotos, que parecen empeñados unos más que otros, en que vuelvan.

Cura la ciencia. Cura la medicina y los que trabajan por la humanidad.

Nos curamos también, con la solidaridad, el respeto al contrario pensado en la salud de todos. Insistimos en apelar a la responsabilidad individual para evitar, como dice el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, “evitar medidas más duras que afecten mucho más a nuestra vida”.

Sí, estamos cansados y también hastiados de cómo los políticos gestionan enfrentados esta pandemia, a la vez que los múltiples problemas de este complicado presente que se está convirtiendo en un inseguro futuro.

Vemos, oímos, un día sí y otro también sus insultos. Echarse en cara el tú más, manipular informaciones, mentir… y ya no te digo si hay una corrupción por medio con sentencia incluida.

Todo muy desalentador, porque son los hombres y mujeres elegidos para llevar el país, para liderar una oposición o una Comunidad Autónoma. Dependemos de sus acciones, de sus medidas, de su gestión acertada o no, para salir adelante más bien que mal en estos tiempos convulsos y complicados, en todos los sentidos.

Sin embargo ahí están, en medio de trifulcas, de espectáculos bochornosos en las sesiones del Congreso y fuera de él.

El Congreso de los Diputados debería ser el Templo de la política, pero desde hace tiempo se ha convertido en puro teatro, pero del malo. Y no tiene visos de cambiar.

Es duro decirlo, pero más duro contemplarlo y padecer sus falta de empatía por los problemas de la calle.

Hablan de lo suyo pero… y de lo nuestro, qué hay.

Y luego está la prensa afín a ciertos partidos que animan el cotarro alentando a sus seguidores que de forma violentan, se manifiestan en redes sociales o ante casas ajenas.

El patio está muy revuelto y habrá que reflexionar qué país queremos para vivir, qué España dejaremos a nuestros hijos y nietos. Si una España convulsa o un lugar donde convivir respetando las ideas contrarias a las nuestras.

Un país que progresa y avanza con una mejor Sanidad, Educación, Industrias, Empresas y demás signos de oportunidades donde encontrar un trabajo digno, bien pagado y que esto no se convierta en una tarea peliaguda. Que los trabajadores o empresarios puedan llevar a cabo sus proyectos para sacar adelante sus vidas y las de sus familias.

Antes de la pandemia si no encontrabas trabajo en tu ciudad, hacías las maletas y buscabas algo en otra zona del país o fuera de él, pero ahora… Cómo y dónde viajar si el virus lo atraviesa todo. Nos distancia.

Y así están nuestros jóvenes en casa; estudiando, preparándose para cuando la tormenta perfecta pase, saltar al mercado laboral. Cuál, ya veremos, cómo, dónde y cuándo.

Ya, ya sé que usted, todos, queremos volver a aquella otra vida que recordamos con nostalgia y ya lejana.

Pero también es cierto que no apreciábamos, en toda su dimensión, lo que teníamos hasta que lo perdimos. Siempre ocurre.

¿Aprenderemos la lección?

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