El matón del mundo y los que le mueven la cola

Ese silencio, esa indiferencia, ese mirar para otro lado porque las bombas no caen aquí o no caen hoy es lo que termina convirtiendo en una espiral de injusticia la injusticia del mundo

05 de marzo de 2026 a las 07:00h
Donald Trump en el Foro económico mundial en Davos.
Donald Trump en el Foro económico mundial en Davos.

El cuento es viejo: el matón del patio de recreo va repartiendo collejas a diestro y siniestro, mientras un grupo de grandullones que no se atreven con él le ríen las gracias desde lejos.

Normalmente, el matón lleva a su lado a un pequeño y ridículo capullo que le ríe las gracias de un modo especialmente sonoro, como para que a los disparates del matón no les falte jamás el eco. El capullo, pequeño y ridículo, suele envalentonarse al pasar junto a las víctimas y él también arrea, como si fuese otro matón de veras, collejas a diestro y siniestro, en la confianza de que ante cualquier respuesta legítima salte su matón preferido, al que está dispuesto a lamerle a diario lo que haga falta. De modo que el matón de veras y el matón de mentira se hacen con el control del patio solo porque la mayoría de los chicos no quieren problemas y han aprendido a mirar hacia otro lado.

El colmo de la injusticia puede darse cuando alguno de estos chicos dice que no está bien lo que ocurre y recurre a la sala de profesores y recibe, encima, una reprimenda por ser un tocapelotas, por no entender las reglas tácitas, por ser un inoportuno, por no tener ni pajolera idea, en el fondo, de cómo ha funcionado siempre el patio del recreo.

Como suele ocurrir y refirió Luther King, lo más preocupante de este mundo no son los malos, sino el silencio de los buenos. Ese silencio, esa indiferencia, ese mirar para otro lado porque las bombas no caen aquí o no caen hoy es lo que termina convirtiendo en una espiral de injusticia la injusticia del mundo. El torbellino comienza en el patio de cualquier colegio y puede terminar en el parlamento europeo. ¿Cuál es la diferencia? Solamente la magnitud, la cantidad, la escala.

Por lo demás, el cáncer que supone que desde las más altas instituciones se esté dando la espalda al derecho internacional, a los derechos humanos y a las más básicas reglas de convivencia de la humanidad solo porque a un matón estratosférico le convenga andar en guerra y los demás no se atrevan a chistarle tiene unas consecuencias inimaginables, porque el mensaje que se les está lanzando a los de abajo -a los países más pequeños, a los responsables autonómicos, a los alcaldes, a la gente de a pie, a los jóvenes, a los adolescentes y hasta a los niños que ven el telediario- es que toda la teoría del derecho con que nos hemos ido protegiendo en este último siglo es puro papel mojado, que en realidad todo tiene sus límites y sus excepciones, que el dinero lo puede todo como siempre y que la avaricia de los verdaderamente poderosos es imparable porque, llegados a este punto, la historia está condenada a repetirse por los siglos de los siglos.

La única esperanza es que no todos digamos amén.

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