Carreteras nevadas tras el paso del temporal Filomena.
Carreteras nevadas tras el paso del temporal Filomena.

Ha pasado más de una semana desde el inicio del año. El año que todos esperamos que en todos los sentidos sea mejor que el aciago 2020. Es curioso eso de que, de una manera u otra, todos pensemos que el simple hecho de cambiar una noche, la de Nochevieja, de numerito en el almanaque, produce por arte de birlibirloque, un cambio en los sucedidos, una especie de cesura que atraviesa cualquier magnitud, el espacio, el tiempo… es como si la mentalidad mágica, en este aspecto del cambio de año, funcionara de manera unánime en todas nuestras mentes. Es curioso, pero es así.

Pocas personas, si de verdad dicen la verdad, intelectualizan de manera racional eso del cambio de año, y por el contrario, incluyéndome yo mismo, casi todos le otorgamos a la convención humana de cambio de año un poder casi sobrenatural sobre las cosas. Nosotros comemos uvas y pedimos deseos, normalmente salud, nos deseamos felicidad en el nuevo ciclo, invierno, primavera, verano y otoño. Hacemos votos por la ejecutoria de actos que nos reconcilian con nosotros mismos: dieta, dejar de fumar, hacer deporte, escribir un libro, estudiar, y así todo un cúmulo de mentiras piadosas, y mientras el año nuevo va haciendo de las suyas.

De momento el inicio del año nos trae noticias nuevas, de todos los colores, y algunos inputs de dimensión planetaria. Tres asuntos nos han sobrecogido el inicio de 2021, dos de índole planetaria y uno más de aquí, aunque transversalmente todo lo que pasa ―acuérdense del efecto mariposa―, nos afecta. Hablamos de la pandemia, del intento de golpe de estado en Estados Unidos, y la aparición estelar de una majestuosa borrasca llamada Filomena ―a mi pesar―.

En cuanto a la pandemia, nada que no sepamos: la tercera ola está aquí, estamos a un tris de un nuevo confinamiento y da la impresión, por lo menos en nuestro solar patrio, que en algunas zonas del país los políticos no tienen la menor intención de que la cosa vaya singularmente mejor. Lo digo por la esperanza que todos tenemos en la vacuna, en la posibilidad de que a finales del próximo verano, en alguna medida, podamos recobrar cierta normalidad en nuestras vidas sin la guadaña tan cercana a nuestros sistemas inmunológicos.

Sin embargo, el cortoplacismo, la voraz avaricia, la mentecatez de algunos está haciendo que incluso, como ya preveíamos, la administración de la vacuna en nuestro país sería polémica y aprovechada para hacer demagogia a costa de nuestras esperanzas y nuestra salud. Pongamos que hablo de Madrid, que canta Sabina. Es tan transparente la estrategia de Ayuso y compañeros mártires que es ocioso explicarla: hacer ineficiente el sistema público de salud para poder tener una buena excusa para su privatización. Se la suda ―con perdón― que su actitud sea, yo diría, prevaricadora (y más cosas que usted y yo pensamos), si con eso se vuelve a cagar en lo alto del gobierno de la nación (como si el gobierno no se bastase solo para cagarse en si mismo) y de camino ―lo más importante― unta, subrepticiamente, de dinero a las empresas beneficiarias de sus políticas.

Sobre lo de Estados Unidos, tampoco tengo mucho que decir que sea novedoso, es todo, al igual que lo anterior dicho, tan transparente, tan meridiano, que difícilmente se puede aportar más que una reflexión ya hecha por muchas personas, pero que en este caso no está de más que sigamos, todos y cada uno de nosotros haciéndola: ¡ojo! En España hay mucho emulo de toda esa farándula enloquecida que asaltó el capitolio. Igual aquí no se disfrazarían de búfalos, Village People o lo que sea, aquí muchos tienen el disfraz guardado en su armario, su traje de cuando eran militares, pero muchos de ellos ya han dicho lo que quisieran hacer y entre otras cosas singulares una de muy difícil digestión: fusilar a un puñado de millones de españoles. ¿Quiénes? Cualquiera que ellos consideren que no cumplen su check list de patriotas. Es decir, usted, yo mismo.

¡Ojo! que en nuestro solar patrio hay también una importante proporción de personas que nunca han pasado por un necesario diagnóstico clínico de estado mental, y sobre todo, hay un montón de ellos, que saben muy bien lo que hacen o lo que quieren hacer: utilizar la democracia para cargársela. Blanquean la impostura totalitaria por ejemplo comparando el asalto al capitolio americano con las manifestaciones pacíficas de Rodea el Congreso —por cierto cuando hace un par de años el sindicato, o lo que sea, extremista de la policía y guardia civil Jusapol, no solo rodeó el Congreso sino que incluso estuvieron intentando algo parecido a lo de Estados Unidos, uno de los que estuvo con ellos, arengándolos y compartiendo la hazaña, fue el ínclito Casado. Pero de eso no se acuerda. ¡Ojo! la libertad y la democracia se conquista todos los días con su defensa—.

Por último, llegó Filomena, Madrid esta colapsado con la mayor nevada dicen de los últimos 50 años. Esperemos que todo vaya bien. No obstante Ayuso echará la culpa al gobierno socialcomunistabolivarianomasón en 3, 2, 1… ¡Qué año llevamos! ¡Viva 2022!

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