La oportuniá

Eso es apostar fuerte, a la vieja usanza, como hacían los presos políticos, o en situaciones de gran significación como la que realizó en su momento el Presidente Escuredo

Lagartijo durante la huelga de hambre.
01 de marzo de 2026 a las 09:04h

Hay un joven, torero por demás, que se apostó hace unos días en las inmediaciones de la plaza de toros de Córdoba para realizar un acto reivindicativo de su persona como profesional del arte de Cúchares, solicitando, tal y como tradicionalmente se hacía, una “oportuniá”. El hombre, según dicen las crónicas, tomó la alternativa –yo no entiendo casi nada de corridas de toros, pero tiene que ver con la condición adquirida de matador de toros con todos sus parabienes– en el año 2022 y desde entonces no ha sido contratado para lidiar en “su tierra”. Este profesional autónomo, el torero Lagartijo –que con ese sobrenombre es reconocido en el mundo taurino.

No confundan con el histórico torero de finales del siglo XIX también apodado de esa manera y que fuera glosado por Pío Baroja– tiene la ilusión de mostrar su arte en esa plaza de toros y como no le contratan se revuelve contra un sistema injusto y se decidió a hacer una huelga de hambre hasta que no pueda facturar, con IVA incluido, alguna corrida en Córdoba. ¡Huelga de hambre! Ahí es nada. Eso es apostar fuerte, a la vieja usanza, como hacían los presos políticos, o en situaciones de gran significación como la que realizó en su momento el Presidente Escuredo reivindicando un referéndum para la autonomía de Andalucía.

O las que protagonizaba Gandhi, o el miembro de ETA De Juana Chaos y tantos otros que utilizaron ese mecanismo reivindicativo tan radical. Y Lagartijo, al igual que algunos colectivos de parados en su momento, la hace para pedir trabajo, que al fin y al cabo eso es lo que pide, añadiéndole la peculiar reivindicación de que quiere el trabajo al lado de su casa, en Córdoba. Un empleo ¡Dura la vida del trabajador autónomo aunque sea torero.

Una huelga de hambre es muy mediática, en realidad todo lo que tiene que ver con la ingesta de alimentos lo es. Fíjense que, a diferencia de Lagartijo, hay gente que también enferma de no comer, pero no por dejar de hacerlo voluntariamente, es que simplemente no tienen para comer o no los dejan comer –vean las imágenes de los Gazatíes que no comen tampoco y mucho se mueren–. Lagartijo no. Lagartijo no come porque no quiere y no quiere porque a lo que aspira es a que lo contraten para trabajar de torero. Y el pobre, según parece, ha terminado en el hospital, lógica consecuencia de quien deja de darle combustible al cuerpo. Ahora Lagartijo, aunque quieran contratarlo, no podrá torear, básicamente porque no está en condiciones. Igual está en situación legal de incapacidad transitoria. Igual está de baja. Y lo que quiere es una “oportuniá”.

Dicen las malas lenguas, aquellos apéndices viperinos que a todo le buscan punta, que en la próxima campaña electoral en España, habrá un político que, agotadas todas las tretas, legítimas e ilegítimas, para ser presidente del gobierno como sea, va a revolucionar la campaña electoral con una alta dosis de innovación por desesperación. El hombre ha probado apoyando mociones de censura de los fachas de Vox; ha suplicado apoyos para presentar la suya, incluso echando pelillos a la mar en su anterior, faltona, relación con los anteriores malísimos de Junts; ha utilizado su indiscutible complicidad con jueces y magistrados; no dudó en darle objetivos políticos a sus amigos de la UCO y similares; apoyó bulos y mentiras a sabiendas; se amparó en los grandes empresarios y fortunas del país… y aún así, da la impresión que el hombre no consigue el favor de la ciudadanía, por eso las malas lenguas que decía, están pendientes de la evolución del “asunto Lagartijo” porque es probable que lo próximo que haga Feijoó sea pedir “una oportunía” haciendo una huelga de hambre. Es la última bala. O cómo solicitaba otro torero, sí aquel que solo tiene luces en el traje de trabajo porque en la cabeza tiene pocas, que nos invadiera Trump y se cargara al presidente. 

Y mientras, para entretener, el emperador naranja bombardea Irán.