Groenlandia es Cádiz con más fresquito

El mundo libre debe unirse para hacerle frente a Trump. Si el cambio de paradigma es la zafiedad, la brutalidad, el feísmo, la fuerza, la bronca y la psicopatía, el mundo libre debe responder con los contrarios

Una vista de la Catedral de Cádiz.
18 de enero de 2026 a las 08:08h

En una tertulia de radio, un periodista, comentando la deriva autoritaria de Trump y su desafío a la Unión Europea a través de su decisión de colonizar Groenlandia, dejó una pregunta en el aire, concretamente se interrogaba de manera retórica sobre qué haría España o por extensión Europa y qué pensaríamos nosotros, los ciudadanos de a pie, si al emperador “naranja” se le antoja conquistar y anexionarse Cádiz.

Lo dijo y no se contestó, terminaron el programa, pasaron a otra cosa y a mí me dejó el cuerpo muy cortado. Yo estaba desayunando y se me agrió el pan con manteca. Imagínense: "Me quedo con Cádiz por las buenas o por las malas". Más calmado, a mediodía, reflexioné sobre la cuestión y, desgraciadamente, no me pareció  una “boutade” del analista, no en vano pensé que si Trump lo que quiere, en el caso de la invasión a Venezuela, era quedarse con el petróleo de ese país, y en general lo que busca es la explotación de las llamadas tierras raras, ahí lo tienes: si Trump quiere tierras raras lo normal es que quiera quedarse con Cádiz, que convendrán ustedes conmigo que, aparte de muchas cosas, Cádiz es una tierra rara... pero rara, rara, rara.

En Cádiz, por ejemplo, una obra desde que se anuncia hasta que se termina pasan una media de 20 años. Raro. Aquí las obras comienzan publicitando la puesta de la primera piedra y después, como hace el alcalde, se giran rutas para visitar el estado de unas obras que solo tienen la primera piedra puesta. Raro.

Y muchas cosas raras que no quiero ni insinuarlas por aquello de que no se enteren en los Estados Unidos y terminen invadiéndonos, pero vamos que aquí por tener tenemos hasta una patrulla urbana, en plan paramilitares, que no le envidia nada a los famosos agentes, los ICE, que se encargan de aterrorizar a los latinos y a los propios nativos americanos y que tienen, como James Bond, licencia para matar. En Cádiz salen procesiones todos los días, más paro que en ningún sitio del país y menos viviendas, decimos que somos los más antiguos de Occidente aunque hay otras ciudades más antiguas que nosotros. Somos raros.

Cádiz es invadible, lo dice su historia. Por aquí han llegado desde los fenicios, romanos, bereberes, castellanos, franceses, ingleses, holandeses… por raros y porque éramos manifiestamente invadibles y envidiables —permítanme que me autocite, con lo feo que está eso, pero en mi libro Invashión ya les explico el intento de anexión de nuestra ciudad por parte de las huestes sevillanas, deseosos de tener una salida al mar y de un concurso de carnaval en propiedad para ganarlo—.

El caso es que estuve todo el día pensando en la posibilidad de que el dictador Trump se fijara en "ese sitio que está frente a la Base de Rota". Yo estoy muy mayor para ir a la guerra. Daría poco juego y no he hecho ni la mili –en eso me parezco a Abascal–, por lo que toda mi esperanza sería que los “voluntarios de 1812” se pusieran sus uniformes y se apostaran en los lugares estratégicos para pelear contra los Delta Force en el intento de estos de detener a Bruno García y quitarlo de la Alcaldía —ya quisiera él con lo poco que le gusta—.

¿Europa? ¿La OTAN? No sé, no sé, no termino yo de ver la disposición de los aliados, Groenlandia es un síntoma ¿O creen ustedes que si los marines americanos se pegan una excursión conquistadora por la isla de los esquimales o Inuit –como prefieran–, la OTAN va a acudir al artículo 5 de la OTAN que se refiere a la defensa colectiva ante la agresión a un miembro de ese club?

No lo veo, y si en mi libro los sevillanos intentaban invadir Cádiz con un comando de los Cantores de Híspalis, Siempre Así o José Manuel Soto y, por tanto, hacerle frente suponía poco más que poner unos cuantos carnavaleros de los de golpes en el pecho a cantar ripios sobre el terruño, si nos atacan con raperos o reguetoneros, vale, pero si viene la VI flota, ya te digo yo que mañana mismo somos una estrella más en la bandera de los gringos.

Dicho todo esto, realmente, la situación no está como para tirar cohetes, es más, por raros que seamos, no creo que tenga especial interés Trump y sus locos asesores en nosotros, pero ¿y si el vecino del sur, ya saben Marruecos, le pide al MAGA que quiere Ceuta y Melilla y que eso le garantizaría el apoyo de varios países al desmán americano en Palestina? ¿Y si descubre Trump que Canarias es un puente interesante para África?

A mí que, como es natural, lo de Groenlandia me ha dejado helado –modo ironía–, pensar en estas últimas cosas me pone todavía peor. Al final todo esto solo se puede arreglar por los propios americanos, lo que dije la semana pasada: el que pueda hacer que haga, pero que lo haga pronto. El mundo libre –que no es ahora Estados Unidos– debe unirse para hacerle frente. Si el cambio de paradigma es la zafiedad, la brutalidad, el feísmo, la fuerza, la bronca y la psicopatía, el mundo libre debe responder con los contrarios: la cultura, la empatía, la belleza, la buena política y, por supuesto, con democracia.