La utopía del jardín de infancia

Andalucía y España deben discutir seriamente qué tipo de relación quieren con Estados Unidos y la OTAN. Si se quiere el cierre de las bases, que se diga  con claridad y se asuman las consecuencias diplomáticas, económicas y de empleo

16 de abril de 2026 a las 17:47h
La base aérea de Morón.
La base aérea de Morón. MAURI BUHIGAS

Existe una vieja máxima en política y en la vida que reza: “O se nada, o se guarda la ropa”. Pero hay posturas que pretenden hacer ambas cosas a la vez. La última ocurrencia, que algunos intentan colar en el debate político, es la propuesta de convertir las bases militares estadounidenses de Rota, Morón y, por extensión, cualquier otra presencia americana en suelo andaluz, en “bases militares humanitarias y de paz”. O, lo que es lo mismo, pasar del F-16 a la guardería de paz y humanidad.

Empecemos por la base del problema. Las bases de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) no son, ni por asomo, propiedad  andaluza ni española en un sentido pleno. Son enclaves de soberanía estadounidense bajo bandera de convenios bilaterales. Defender su cierre sería una postura legítima, coherente con una tradición pacifista y anticolonial. De hecho, es una exigencia que forman parte de movimientos sociales y políticos desde hace décadas. Se puede estar a favor o en contra, pero es una línea clara.

Lo que no es admisible, desde el rigor del análisis político, es querer disfrazar esa misma exigencia con un maquillaje terminológico: “No las cerramos, las transformamos en bases de paz”. Esta propuesta, no es viable, no es realista y, sobre todo, es intelectualmente contradictoria. Porque ni Estados Unidos va a ceder su infraestructura militar estratégica para instalar talleres de mediación de conflictos, ni la OTAN considera que el sur de Europa sea un lugar idóneo para una guardería militar  humanitaria.

La metáfora del jardín de infancia no es gratuita. Refleja la infantilización del debate político: creer que una base que alberga aviones de combate, sistemas de inteligencia y logística de proyección global puede, por decreto convertirse en un espacio de cooperación. Es como pedir que el Pentágono se transforme en una oenegé. 

Lo más grave es que esta ocurrencia desvía la atención del verdadero debate. Andalucía y España deben discutir seriamente qué tipo de relación quieren con Estados Unidos y la OTAN. Si se quiere el cierre de las bases, que se diga  con claridad y se asuman las consecuencias diplomáticas, económicas y de empleo, siendo que en este caso, toda propuesta de cierre de las bases debe conllevar una alternativa económica y de empleo. Si no se quiere, al menos que se tenga la honestidad de mantener una postura realista. Pero lo que no cabe es esa tercera vía mágica que pretende nadar y guardar la ropa: criticar el imperialismo yanqui mientras se pide que sus cuarteles se conviertan en guarderías militares de la paz. Una base militar no es un centro cívico.

La cooperación internacional, el pacifismo y la ayuda humanitaria no necesitan pistas de aterrizaje para cazas ni búnkeres. Se construyen desde la sociedad civil, los ayuntamientos y las universidades, no desde la estructura logística del complejo militar-industrial.

Por tanto, o se defiende el cierre de las bases (postura respetable y coherente), o se asume su presencia con todas las contradicciones que ello implica. Porque en política, como en la vida, las intenciones no bastan cuando los hechos son tozudos. Y el hecho es que mientras siga ondeando la bandera de las barras y estrellas en suelo andaluz, hablar de “bases humanitarias” es, sencillamente, una disimulo de libro.

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