Los unicornios verdes y la preferencia nacional

"Una teoría que no puede ser refutada por ningún acontecimiento concebible no es científica. La tautología es el refugio de quienes no se atreven a arriesgar una afirmación real", K.Popper

Entrevistas de trabajo en el Centro de Iniciativas Juveniles Box de Chiclana.
28 de abril de 2026 a las 17:38h

La preferencia nacional presenta una incoherencia lógica fundamental que precede a cualquier valoración política o moral. Antes de preguntarnos si es justa o injusta, conveniente o perjudicial, debemos preguntarnos algo más básico y más urgente: ¿es el concepto internamente coherente?¿Puede funcionar como criterio normativo preciso? El análisis que sigue no toma partido político, y ya es mucho, sino que examina la estructura lógica del concepto usando cuatro herramientas filosóficas y matemáticas: la teoría de los números surrealistas de Conway, la identidad de los indiscernibles de Kripke, la crítica kantiana al argumento ontológico y la noción de verdad vacua que tan bien ilustra la famosa frase: "No hay en la sala ningún unicornio verde."

Conway demostró que toda construcción numérica coherente exige que sus elementos sean distinguibles desde el primer momento. En su sistema, el número cero surge de la expresión { | }, donde tanto el conjunto izquierdo como el conjunto derecho están vacíos. Esta construcción es válida precisamente porque la regla axiomática que prohíbe que ningún elemento de la izquierda sea mayor o igual que ningún elemento de la derecha se cumple de forma vacua: no hay elementos que puedan violarla. Pero aquí aparece una consecuencia decisiva que con frecuencia se pasa por alto. El hecho de que { | } sea válido no significa que dos instancias de { | } sean idénticas en sentido sustantivo. Son indistinguibles porque ambas carecen de contenido, pero su identidad es ella misma vacua: no hay ninguna propiedad interna que la sostenga. Conway no construye la identidad entre conjuntos vacíos sino que la elude: en su sistema el vacío no se identifica, se supera. En cuanto aparece el primer número, el cero, la construcción avanza y el vacío queda atrás como condición de posibilidad, no como objeto de identidad. Aplicado a la preferencia nacional esto es revelador. Un criterio normativo que pretenda operar sobre un conjunto cuya extensión es vacua o indeterminada no construye ninguna relación de orden real sino que repite el gesto de Conway sin dar el paso siguiente: enuncia la condición de posibilidad del criterio pero nunca produce el criterio mismo.

El primer problema concreto aparece en el propio predicado "nacional". En lógica de predicados un término funciona correctamente cuando tiene una extensión clara, es decir, cuando podemos determinar sin ambigüedad el conjunto de objetos a los que se aplica. El predicado "nacional" admite al menos cuatro extensiones distintas e incompatibles entre sí. La primera es el criterio del jus soli, según el cual es nacional quien nació en el territorio. La segunda es el jus sanguinis, según el cual es nacional quien desciende de nacionales. La tercera es el criterio cultural, según el cual es nacional quien comparte lengua, costumbres e identidad colectiva. La cuarta es el criterio jurídico, según el cual es nacional quien posee el documento legal correspondiente. Estas cuatro extensiones no coinciden. Una misma persona puede ser nacional según un criterio y no nacional según otro. Puede haber nacido en el territorio pero carecer del documento, o poseer el documento pero no compartir la cultura, o compartir la cultura pero descender de extranjeros. El predicado no selecciona un conjunto estable sino que selecciona conjuntos distintos según el criterio que se adopte implícitamente en cada contexto. En términos técnicos el predicado está semánticamente subdeterminado y un predicado subdeterminado no puede ser el fundamento de ninguna norma operativa precisa porque la norma cambia de contenido cada vez que cambia implícitamente el criterio subyacente. En el lenguaje de Conway esto equivale a intentar construir un número surrealista cuyo conjunto izquierdo o derecho no está definido: la expresión { ? | } no produce ningún número válido porque la indeterminación del conjunto izquierdo impide que la regla axiomática pueda siquiera aplicarse.

Kripke añade una crítica semántica más radical a este problema. En su teoría de la referencia un término genuinamente connotativo debe ser un designador rígido, es decir, debe referir al mismo objeto o al mismo conjunto en todos los mundos posibles y en todos los contextos de uso. El nombre propio "Aristóteles" refiere siempre al mismo individuo independientemente del contexto en que se pronuncie. Pero "nacional" no funciona así. Refiere a conjuntos distintos según el criterio adoptado, lo que significa que no es un designador rígido sino un designador flácido. Las consecuencias son graves porque si la proposición "los nacionales deben recibir preferencia" contiene un término que no designa rígidamente entonces la proposición no tiene un contenido lógico fijo. Es en realidad una familia de proposiciones distintas que comparten la misma envoltura verbal pero tienen contenidos semánticos diferentes. Aplicar esta norma en la práctica no es aplicar una sola norma sino aplicar normas distintas de forma encubierta bajo una apariencia de uniformidad. Esto no es un defecto menor sino una incoherencia estructural que afecta a la identidad misma del concepto.

El segundo problema aparece cuando examinamos la condición de activación más habitual de la preferencia nacional. Generalmente se formula como "en igualdad de condiciones se preferirá al nacional sobre el extranjero". Esta formulación parece razonable a primera vista pero contiene una cláusula que en la práctica define un conjunto vacío. La igualdad perfecta de condiciones entre dos candidatos a un puesto de trabajo, una vivienda pública o una prestación social es una situación que nunca se instancia en la realidad. Dos personas nunca tienen exactamente la misma experiencia, la misma formación, la misma situación familiar, la misma trayectoria, las mismas necesidades y las mismas circunstancias simultáneamente. Las condiciones son siempre parcialmente distintas y la decisión de cuáles condiciones son relevantes y cuáles no es en sí misma una decisión normativa adicional que el criterio no resuelve.

Aquí entra la noción de verdad vacua ilustrada por la frase del unicornio. Si digo "no hay en la sala ningún unicornio verde" estoy diciendo algo verdadero, pero esa verdad no describe ninguna realidad porque no hay ningún unicornio que pueda falsificarla. La verdad existe en el espacio lógico pero no toca ningún objeto real. La norma de preferencia nacional condicionada a la igualdad perfecta de condiciones funciona exactamente igual. Es verdadera vacuamente porque la condición de activación nunca se cumple. En ningún caso concreto hay igualdad perfecta de condiciones y por tanto la norma nunca se aplica estrictamente según su propia formulación. Lo que ocurre en la práctica es que el decisor introduce implícitamente un umbral de similitud suficiente que sustituye a la igualdad perfecta, pero ese umbral no está definido en la norma y queda enteramente a discreción del aplicador. La norma no regula la decisión sino que la delega encubiertamente. Conway habría dicho que esa norma se parece a { | }: formalmente válida, sustantivamente vacía, incapaz de generar por sí sola ninguna relación de orden operativa.

Kant cierra el análisis con una crítica que ya utilizó para destruir el argumento ontológico de San Anselmo. Anselmo de Canterbury argumentó que Dios, siendo aquello mayor que lo cual nada puede concebirse, debe existir en la realidad porque de lo contrario podríamos concebir algo mayor que no exitiera. Kant respondió que la existencia no es un predicado, que de la concebibilidad de algo no se deriva su existencia real y que ningún análisis de conceptos puede producir existencia como conclusión. El mismo error aparece en la preferencia nacional cuando se asume que porque podemos formular verbalmente el concepto existe necesariamente un criterio operativo que lo sustenta. La formulabilidad verbal no garantiza la operabilidad lógica. Para que un criterio exista como tal en sentido kantiano necesita un esquematismo, es decir, una regla que permita aplicarlo a casos concretos produciendo resultados unívocos. La preferencia nacional carece de ese esquematismo porque el predicado "nacional" no tiene extensión fija y porque la condición de igualdad de condiciones nunca se instancia. El concepto existe como formulación verbal pero no existe como criterio operativo real, exactamente igual que el { | } de Conway existe como expresión válida pero no genera por sí solo ningún número hasta que la construcción avanza y lo supera. Añádase que postular exclusivamente que algo existe sin atribuirle ninguna propiedad es como no decir nada, y por tanto postular como axioma la nada implica que de ella no se puede inferir ningún algo que tenga alguna dimensión espacio-temporal o sobrenatural.

La convergencia de estos cuatro argumentos apunta a una conclusión única. El concepto de preferencia nacional tal como se formula habitualmente no es simplemente impreciso o mejorable sino que presenta incoherencias lógicas estructurales. El predicado central carece de extensión unívoca, la condición de activación define un conjunto vacío en la práctica, la formulabilidad verbal del concepto no garantiza la existencia de un criterio operativo real y la analogía con los números surrealistas revela que operar sobre conjuntos indeterminados no produce relaciones de orden sino indeterminación propagada. Esto no significa que sea imposible construir una norma de preferencia basada en la nacionalidad que sea lógicamente coherente. Significaría que para lograrlo habría que resolver primero la subdeterminación semántica eligiendo explícitamente uno de los cuatro criterios posibles, eliminar la cláusula de igualdad perfecta de condiciones sustituyéndola por un umbral definido con precisión y demostrar que el criterio resultante produce resultados no contradictorios ante los mismos inputs. Sin ese trabajo previo el concepto flota en el espacio lógico como la verdad del unicornio y como el { | } de Conway antes de que la construcción avance: formalmente intachable y sustantivamente vacío. El argumento de la preferencia nacional es formalmente inderrumbable pues no se puede derribar aquello que ni siquiera está construido. Es tan malo lógicamente que no es ni siquiera falso o erróneo.