Vista Aérea del Puerto de Algeciras
Vista Aérea del Puerto de Algeciras

Hace unos días hemos conocido los primeros datos de los que han de ser nuestros Presupuestos Generales para la nación durante 2017. Me llama poderosamente la atención lo que se destina a la vertebración del país “de las autonomías”, como tanto les gusta recalcar a nuestros políticos. Y es curioso la importante aportación económica que se hace a comunidades como Cataluña o la Comunidad Valenciana, en concreto para el desarrollo del “corredor ferroviario del Mediterráneo” y que potencia puertos como el de Barcelona o Valencia, como claros puntos estratégicos para el gabinete de Rajoy. Sin embargo, ese último empujón al “Algeciras-Bobadilla” vuelve a quedarse un año más en agua de borrajas, y Campo de Gibraltar, la provincia de Cádiz y Andalucía, compuestos y sin novio.

Me parece una aberración que, sistemáticamente, se ningunee de esta manera una comarca deprimida en lo social y lo laboral. Que convive a las puertas de una Gibraltar donde la economía, por el contrario, es floreciente. Lo de este año en concreto, parece una tomadura de pelo: más de 4.000 millones destinados a Cataluña, mientras que el Campo de Gibraltar, se llevará solo veinte. ¡Y yo que siempre creí que las inversiones en infraestructuras eran para las zonas que lo necesitaban! Pues ya ven que no.

Ahora ese corredor mediterráneo corta la posibilidad de que Algeciras, segundo puerto de contenedores y tercero más productivo de Europa —por detrás de Bremerhaven, en Alemania y Rotterdam, en Holanda, no lo olvidemos—, pueda potenciarse con una línea férrea que aumente sus posibilidades de transporte y comercio. Es decir: perdemos la oportunidad de tener el primer puerto de Europa. Y ya uno no sabe qué pensar, y cuando lo hace, uno se teme lo peor. Porque esto solo se explica con intereses ajenos a los “generales”. Esto solo se entiende si hay “facturas políticas” que pagar en determinados territorios fieles a un signo político en las últimas décadas, o como castigo para la Andalucía del bando contrario.

Y cuando uno intuye que este “tinglao” obedece a un pago de favores y se nos niega la posibilidad de subirnos al tren del progreso, del desarrollo y del liderazgo portuario y marítimo de Europa, con todo lo que ello supone en actividad económica y laboral para esta zona tan castigada por el paro… la mala leche que uno siente correr por sus venas es de no te menees. Pues nada, señores. Tomen nota de quiénes son los que —de nuevo— nos condenan al ostracismo, a la pandereta, al turismo y al folclore como únicas vías de supervivencia. Y no vuelvan a votarles, si es que en algo estiman esta bendita tierra, o les queda una pizca de vergüenza.

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