Empieza la semana con la satisfacción de que Viktor Orbán dejará de ser primer ministro de Hungría, presunto espía en la Unión Europea para Putin y el mejor aliado de dos enemigos, Putin y Trump, lo que en verdad da la idea de que los dos serían los extremos que se tocan. Así como que Orbán sería la síntesis de esos dos extremos. Magyar, el vencedor por goleada de la contienda electoral, antiguo admirador y acólito de Orbán que se volvió su más potente opositor. Veremos lo que cambian las cosas y con qué rapidez o lentitud. Veremos en cuánto tiempo, o no, Hungría pueda convertirse en el salón de baile del príncipe de la Salina y que nada fundamental o estructural cambie. La mayoría de dos tercios deja sin coartada a Magyar para realizar todos los cambios necesarios.
En Hungría, como en Argentina, se ve que el libertarismo no es otra cosa que un liberticidio amasado en una corrupción insoportable y una crisis económica insuperable para una mayoría creciente de la población, en la que las clases medias quedan condenadas a la desaparición y su caída en la pobreza.
Hungría muestra, además, su entusiasmo político por votar para desactivar el abismo liberticida que siguen pregonando los correligionarios políticos de Orbán: Abascal con Vox, en España, o Milei con La Libertad Avanza, en Argentina, donde ya todos cayeron del guindo se dieron cuenta de la estafa gigantesca de Milei, el mejor aliado de Trump, Netanyahu y la corrupción y la prestidigitación con las estadísticas oficiales.
La derrota de la extrema derecha húngara, queda otra aún más extrema que justo alcanzó el 5% y siete escaños, deja entender a las fuerzas conservadoras que se dejaron arrastrar con entusiasmo hacia posiciones de derecha extremada que por ahí no va a ser. Que las sociedades democráticas quizá, aunque tarde, terminan politizándose de nuevo para defender la democracia y unos consensos que permitan vivir diferenciando entre las libertades individuales genuinas y los deseos catequistas que desean imponer a todøs la forma de vivir de solo algunøs.
Andalucía celebra sus elecciones autonómicas este 17 de mayo, en algo más de un mes. Estamos a tiempo de impedir la cronificación de la crueldad, cuyo síntoma más claro quedó simbolizado en los cribados del cáncer de pecho que dejaron de nuevo a las mujeres desprotegidas y terriblemente agredidas.
El barómetro político de marzo para Alemania muestra que la mayoría de la población no desea nada con la ultraderechista AfD, a pesar de que vuelve a aumentar un 2%. La valoración del trabajo del canciller federal, Friedrich Merz es negativa en un 57%, y aumentando; su imagen positiva alcanza el 38% y disminuyendo con energía. La derecha de Merz fue llamada para resolver los problemas económicos y la gente cree que hacen demasiado poco.
La derecha estadounidense se enfrenta en noviembre a unas elecciones de medio término que pudieran convertirse en un gran fiasco: los problemas económicos empeoran bajo la dirección de Trump y además se mete en guerras que había prometido no comenzar. Incluso MAGA, su principal apoyo ideológico, se distancia de Trump con claridad, y algunos sectores rompen con él. Los demócratas vinieron ganando alcaldes, gobernadores, etc., desde que comenzara la presidencia de Trump.
Uruguay recuperó las políticas de progreso con el regreso del Frente Amplio de Orsy, después de que la sociedad quedara agotada y exhausta por el expolio que significó el neoliberalismo para la mayoría de la población. En Chile ganaron los neoliberales, y a pocas semanas de su triunfo la popularidad de Kast cayó al 36% y las movilizaciones ya comienzan.
En Argentina se celebran elecciones de medio término también este noviembre. Los escándalos de corrupción y saqueo del Estado, por parte de la extrema derecha de Milei y sus aliados no tienen parangón. Los pronósticos, ahora mismo, son desoladores contra los libertarios, aliados de Vox y de Orbán.
De regreso en España, todo parece indicar que el PP tratará de no cerrar ninguno de los acuerdos pendientes con Vox, en Extremadura, Castilla y León y Aragón. Los estrategas electorales del PP saben que si firman pactos para gobernar con Vox queda en riesgo la reelección de Moreno a la Junta de Andalucía. Moreno tratará de mostrarse un liberal moderado, cuando sus políticas, empezando por los cribados y todas sus consecuencias, son políticas de crueldad. Exactamente como en el Madrid de Ayuso, y todo bajo la capa de un Feijóo solo capaz de la charlatanería más banal.
El modelo que venía siguiendo MAGA se vino al suelo, en Europa, ayer. Mantener a la sociedad bien manipulada para sujetarla alejada de la política, el mismo modelo que llevó a Trump a la Casa Blanca, al mismo tiempo que agitar constantemente a una masa partidista como si de una hinchada futbolística se tratara. Falló, en primer lugar, en Estados Unidos, con todas las elecciones que se vinieron celebrando allí, y luego con las protestas contra los ICE. El cansancio quizá sea el indicador de los cambios que se pueden venir: el índice de agotamiento. No es eterno, parecería, que Trump pueda decir hoy que se abra el estrecho de Ormuz o hay guerra y que mañana diga que lo cierra él mismo o hay guerra.
Las sociedades que vuelven a politizarse, como en Hungría, en Uruguay, en Brasil, recuperan sus democracias. Es importante insistir que la diferencia entre politización y partidización es enorme. Hungría estaba partidizada y no dejaba de votar a Orbán; ahora se politizó y dejó de votar a Orbán. O eso parece, aunque el principal problema creo son esas masas sociales que se creen por encima del resto moralmente, que en absoluto son de izquierdas, pero se dan ínfulas de progresía y no se mezclan en política si la política no les ofrece la solución perfecta, hasta que todas esas personas se ven ellas mismas derrumbadas y expulsadas personalmente de la vida económica.


