Pedro Sánchez preside un Consejo de Ministros reducido. FOTO: MONCLOA
Pedro Sánchez preside un Consejo de Ministros reducido. FOTO: MONCLOA

Este miércoles se aprobará en el Congreso la sexta prórroga del estado de alarma. Cuando ocurra, con amplios apoyos parlamentarios, salvo los votos voxeros y del PP, que llevan días fuera de la civilidad, y otros, como el diputado de Compromís, que confunde protección de la salud con qué hay de lo mío lo mismo que confundió álgebra con geometría al no saber que Más Madrid es menos España y consiguientemente menos País Valenciá.

Por encima del ruido de la prensa de derechas echada al monte, de los espacios televisivos repletos de ideología fake news y de tertulias de radios conformadas por pseudoanalistas y autodenominados periodistas paniaguaos que lo mismo no alcanzan ni el millón de euros patrimonial, lo evidente es que lao última prorroga del estado de alarma se va a aprobar con una mayoría mayor que la mayoría de la investidura de Pedro Sánchez que dio lugar al actual Gobierno de coalición.

Las curvas de contagios, de positivos, de ingresos en UCI y de muertes están aplastadas, como gráfica y manualmente explicaba el doctor Fernando Simón que había que hacer para controlar la pandemia y evitar el desbordamiento del sistema sanitario, limitando así las muertes. Se ha hecho con las medidas gubernamentales tomadas durante el estado de alarma y con la colaboración mayoritaria de la ciudadanía española. Una ciudadanía que, fuera del virus del odio que algunos han propagado por WhatsApp, Twitter, cacerolas vacías de habichuelas golpeadas con cucharas de plata y manifestaciones motorizadas, se ha mostrado como la ciudadanía de un país civilizado, más civilizado en los barrios populares que en los barrios donde habitan los mercedes.

Entramos en la última prórroga con las curvas aplastadas gracias a la ciencia, a un Gobierno que ha tripulado el huracán Covid-19 llevando dentro del barco de la política parlamentaria unos cuantos camarotes infectados de intolerancia, ignorancia, y fascismo. No todo lo ha hecho bien, pero lo esencial y lo imprescindible sí, y eso es lo importante.

Con dudas y tensiones internas iniciales, pero con la determinación de una buena parte del Gobierno, se estableció, al contrario de lo que se hizo en la crisis del 2008, y muy al contrario de lo que hizo el primer Gobierno de Rajoy desde el 20 de noviembre de 2011 en sus primeros cien días, un plan de choque contra los despidos, las quiebras empresariales, el hundimiento de las y los autónomos, los cortes de suministro de servicios básicos, sumado a la ampliación y mantenimiento de las prestaciones sociales. Al mismo tiempo se negociaba con seriedad, convicción y argumentos en la Unión Europea para que, esta vez Europa no tomase el camino de la autodestrucción. No lo va a tomar, las noticias son alentadoras.

Este miércoles el Gobierno de coalición va a aprobar la última prórroga del estado de alarma, lo hará con una mayoría reforzada sobre la que invistió a Pedro Sánchez. Esos son los números por mucho que algunos se empeñen en hablar de un Gobierno quemado y débil. Este miércoles el Gobierno va a aprobar la última prórroga del estado de alarma después de haber firmado tres acuerdos con sindicatos y empresarios desde que comenzó su andadura. Este miércoles el Gobierno de coalición va a aprobar la ultima prórroga y va a aprobar la propuesta más estructural para avanzar en seguridad, bienestar y contra la pobreza procedente de Unidas Podemos, el Ingreso Mínimo Vital, desde que se aprobó la Ley de Dependencia de Zapatero. Propuesta de la que se mofaron primero, para repudiarla después, Ciudadanos y el PP (éste la llegó a llamar paguita en una campaña feroz).

El Ingreso Mínimo Vital que llegará a más de un millón de familias, una cuarta parte andaluzas, va a ser convalidado en el Congreso con una mayoría aplastante. Solo Vox, novios del hambre y la muerte, va a votar en contra. Ciudadanos, en su huida de la foto facha de Colón dirá que sí. ¿Y el PP? Pablo Casado se debatía entre el sí o la abstención, finalmente votará también que sí (demoscopia, el 80% del electorado está a favor), mientras algunos de sus presidentes autonómicos, Moreno Bonilla (Andalucía), Feijó (Galicia) o el de Murcia lampan por gestionarlo para poner sus membretes en una medida que no solo no pelearon sino que nunca la desearon.

Con este balance de resultados y a la espera de un mínimo de 140.000 millones de euros de la caja única de la Unión Europea, el voxinglerío puede seguir gritando, el PP de Casado y Ayuso, con sus marquesas y Teodoros, puede seguir echado al monte. Mientras tanto el Gobierno de España, a lo importante, y todo el mundo menos Vox en la mesa de Reconstrucción. Si eso es debilidad del gobierno que venga Dios y lo vea.

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