Tánatos es dios de la muerte, pero de la muerte pacífica, tranquila y dulce. Hablar de la política de Tánatos como de la política actual de la muerte, la que representa Trump en Estados Unidos, Milei en Argentina y lo que nos viene en Europa es equivocado. Me explico. Las hermanas Keres son los espíritus mitológicos que manejan la muerte y el destino, pero de la muerte violenta, los espíritus que beberían la sangre se sus víctimas. El patriarcado dejó el reparto: la muerte dulce quedaría gobernada por un varón y la violenta por dos mujeres. Lo peor es que, probablemente por supuestas razones de eficiencia comunicativa, analistas varones prefieren referirse a la política del Thanatos cuando hablan de la actual de Trump. Pudiera ser que no quisieran dar publicidad a Las Keres, el dúo sevillano Hermanas Gestring, aquí. Vean el vídeo insertado y que, en todos sus detalles, también ellas nos advertían de la que se nos venía encima. En el reparto social, en todo, las mujeres siguen cargando con los estigmas del patriarcado y pagando por lo que hacen los hombres. La burla de las Hermanas Gestring es magistral; todo su trabajo lo es.
¿Qué es la política de la muerte o de Keres? Sencillo. Que se pueda curar quien tenga para pagarse la medicina privada: quien no tenga el dinero morirá, y no sería culpa de nadie, sino del destino. Que pueda vivir dentro de una vivienda quien pueda pagar los precios impagables de la vivienda: quien no pueda pagarlo que se muera de frío en la calle. Quien no pueda pagar los precios de los alimentos, que se muera de hambre. “La justicia social es una aberración”, lo decía Milei en agosto de 2023.
El fascismo es esa política de Keres y las políticas de todas las ultraderechas ya mencionadas son simple y llanamente Fascismo numerista, aquí. Resulta muy triste, realmente, ver a las masas enfervorecidas, y subidas a los púlpitos de internet o de las cenas de navidad, defendiendo su propia destrucción por sus ínfulas infantiles basadas en que defender esa ideología las convierte en millonarias en potencia. La manipulación de las conciencias, cuyo análisis comenzó el marxismo, resulta ahora prohibido. Ningún régimen totalitario em interesó nunca, y es parte de ese totalitarismo que las gentes no puedan llegar a distinguir entre un análisis social y una dictadura, sea cual sea. Gentes que luego no dudan de nada, aunque lo ignoran todo. A este desastre nos han entregado. Hemos llegado a nuestro destino. El colapso del Mundo ha llegado ya. Algo improbable podría suceder: que løs ciudadanøs inundaran de protestas del Planeta y convencieran a las gentes para que abran sus ojos, miren y vean.
“No es el petróleo, es el reparto del mundo”, publicaba en mi propio blog, aquí, el otro día. De momento no hay ningún orden internacional nuevo. Es caos, es el caos, todo caos, y por deseo de Trump y las elites que se cobijan en la oscuridad de Trump. Caos que produce un enorme shock para que las gentes sean más manejables, y no pocos líderes políticos también. Caos y shock para tratar de imponer un nuevo orden internacional con un reparto del mundo según el deseo de ese Trump y sus sostenedores. Hay una pregunta de pura táctica: si quienes gobiernan los Estados Unidos pueden sostener, militar y económicamente, además de política y socialmente, su batalla contra el continente americano, además contra Europa y además contra Irán, hasta el momento, además de sus incursiones en África. Todo parece planteado como la Blitzkrieg, la guerra relámpago del fascismo que destruyó Europa y deshizo del mundo para siempre. Pero una guerra que terminó en el mayor fiasco militar para los fascistas que la iniciaron. ¿O quizá no, visto todo con perspectiva histórica?
Trump y sus sostenedores juegan a la psicología del miedo a la guerra nuclear total. Es lo que produce el caos y el shock que han instalado desde la intervención en Venezuela y el bombardeo de Caracas, con más de cien muertos. Un shock dirigido por igual hacia el exterior, hacia el mundo todo, que hacia el interior de su propio país. Una violencia dirigida por igual hacia el mundo todo que hacia sus propios ciudadanos. Es pura ironía que la indignación de Trump por los acontecimientos en Irán pueda resultar una justificación para invadir Irán, ¿e imponer a un Pahlavi exiliado en Estados Unidos como nuevo Shah?, pero las violencias y asesinatos de sus propias guerrillas policiales parezcan legítimas.
La única solución a este problema es separar a Trump de la presidencia de los Estados Unidos con un juicio político, impeachment, del Congreso, que sería advertencia disuasoria suficiente contra cualquier intento de Vance, vicepresidente, de continuar la delirante deriva trumpista. Los demócratas están llamados y actuar; los ciudadanos están llamados a actuar en Estados Unidos; todos los ciudadanos del mundo están llamados a ofrecer fuerza y solidaridad a los hermanos estadounidenses. Cada día más que Trump y los suyos continúen en el poder es un día menos para el mundo. Lo importante, lo fundamental, es el impeachment, el juicio político.


