Un momento del asalto al Capitolio por parte de seguidores de Trump.
Un momento del asalto al Capitolio por parte de seguidores de Trump.

El Día de Reyes de 2021 vino cargado de sorpresas para muchos. Los más pequeños vieron sus habitaciones invadidas por los juguetes que tres Reyes Magos habían colocado expresamente para ellos. Lo que venía tras el papel de regalo era sorpresa, pero que algo habría, si habían sido buenos, era de esperar.

Algo similar ha ocurrido cuando seguidores de Donald J. Trump entraban violentamente en el Capitolio de los Estados Unidos de América. Después de que el expresidente norteamericano expusiera que no concedería la victoria, pidiéndole incluso a su número dos que detuviera la certificación del triunfo de Joe Biden, hemos sido testigos de cómo la Cámara de Representantes y el Senado de EEUU ha tenido que pedir un receso de emergencia. A pocos sorprende que quien se ha mantenido en su discurso aun habiendo perdido las elecciones haya acabado produciendo estos disturbios: crónica de un intento de golpe de Estado anunciado.

La cuestión es que nadie discute que los seguidores del expresidente tengan derecho a manifestarse: lo que no tienen es derecho a intentar subvertir el resultado de unas elecciones. Si el sistema electoral no les gusta –quizá en parte porque no ganó quien ellos quisieron–, ostentarán los mecanismos legales para que, con los apoyos suficientes, cambie hacia uno más representativo. Si éste fuese el problema, en España, bastaría con cambiar algunos apartados de la Constitución Española y de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General. Pero bastante claro queda que el camino no es entrar en un Parlamento con armas.

El electo Joe Biden tuiteaba el mismo día de Reyes que las escenas bordeaban la sedición. Igual se quedaba corto.

De la responsabilidad en la que incurre Donald Trump se escribirá y bastante. Y de la responsabilidad penal que habrá de exigirse a multitud de manifestantes, como aquel que sale robando un atril, también. No hablo ya de columnas como la que se encuentran leyendo, sino sentencias. Pero es un gran momento para que seamos realmente conscientes de las bondades de un Estado democrático. De lo importante que es defender la separación de poderes y el imperio de la ley. Porque cualquier vicisitud en su defensa puede dar lugar a situaciones como las que hemos tenido que presenciar.

En suma, imprescindible para que estos sucesos no se produzcan en nuestro país debiera ser conocer nuestra Constitución, luchar por lo que son las bases de nuestra democracia y proponer los cambios oportunos para cambiarla.

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Comentarios (2)

Javier Tiedra Hace 10 meses
Estando de acuerdo en lo esencial, sí señalaría que haríamos bien en no elevar a el episodio a la categoría de golpe de Estado. Es algo que últimamente se exagera a lo largo de todo el espectro ideológico. Y aquí hago referencia a una definición práctica de golpe de Estado: llevar a cabo actos dirigidos a desbancar a un gobernante para colocar a otro. Trump bien se merece lo que los antiguos romanos denominaban una damnatio memoriae, es decir, condenarle a desaparecer de la historia
David Hace 10 meses
En las últimas elecciones presidenciales de EEUU hubo un gigantesco pucherazo del Partido Demócrata que le robó el triunfo a Trump. Hay muchas cosas que no cuadran en las cifras de voto de Biden. Ese pucherazo electoral no es novedoso allí. Ya lo hubo con Kennedy frente a Nixon, con Bush hijo frente a Gore y con Clinton (Hillary) frente a Trump (aunque lo hicieron mal y entonces no fue suficiente para arrebatarle la victoria al republicano). El sistema electoral estadounidense es un desastre
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