Tratarse bien es sexy

Defender hoy la teoría del tiranicidio es hacerle el caldo gordo los que sostienen peligrosamente que libertad y democracia se han vuelto antónimos: significados y significantes opuestos. Estamos presenciando permanentemente un teatrito del absurdo

Donald Trump, justo antes del tiroteo.
27 de abril de 2026 a las 09:37h

Por tercera vez un atentado contra Trump y se deshace el refrán, este como todos los demás, de a la tercera va la vencida. Trump tiene las siete vidas del gato y, la verdad, considero que sea una suerte que haya salido ileso de ese extraño tumulto de disparos. Aunque haya quien rescate la teoría del tiranicidio, parece que lo más sensato es no hacerle el juego a planteamientos que en seguida se dan la vuelta a poco que cambie la brisa o el viento. Es el pensamiento de derecha, hoy más extendido que saludable, el que persigue la idea de que es la violencia, finalmente, la que se aconseja aplicar: que haya gentes con la etiqueta de izquierda que defiendan esas violencias no significa mucho más que las etiquetas que se cuelgan y se descuelgan con enorme facilidad. Defender hoy la teoría del tiranicidio es hacerle el caldo gordo los que sostienen peligrosamente que libertad y democracia se han vuelto antónimos: significados y significantes opuestos. Estamos presenciando permanentemente un teatrito del absurdo.

Se me escapa, la verdad, la comprensión cabal del asunto de este nuevo atentado contra Trump. La lógica, ya completamente quebrada en casi todas las escenas de la vida humana en su dimensión pública, eso que se llamó la res publica, ha quedado sustituida por lo absurdo y no solo por lo que unos calificarían de injusto y otros de justo. Es absurdo que Trump salga alzando el puño, puestos a alzar brazos y manos: lo que sí resultó coherente fue aquello del, ahora caído en el silencio, Elon Musk, ahora sustituido, al menos en varios diarios, por un tal Peter Thiel, personaje que gana celebridad en la Argentina desde hace un par de semanas.

Es un disparate de todo punto de vista pretender asesinar a Trump mediante un atentado. A Trump o a cualquiera. En el pensamiento de eliminar al que no gusta y favorecer una solución rápida a los problemas hay algo muy de derechas, muy mágico y muy infantil. Las verdaderas soluciones, digo yo, llegan gracias a amplios consensos que se asienten en estructuras de funcionamiento, en principio. Si el mundo no quedó ya destruido con la llegada de Trump o Milei es porque desde esas estructuras que menciono se está articulando todavía una cierta resistencia. No niego, claro, que los daños que los dos han cometido ya son inmensos e irreparables en algunos casos. Naturalmente hay que poder apartarse de esa división orográfica de derecha e izquierda y analizar en serio las ideas.

En realidad, escribo esta columna de hoy con desgana, y al tiempo que esto mismo escribo veo que quizá debiera recuperar mi entusiasmo. Yo le venía dando vueltas a un nuevo lema: tratarse bien es sexy. Primero en sentido reflexivo; segundo, en uso vocativo; tercero, en sentido recíproco. Entre las burradas y otras tonterías que pronunció Trump tras el atentado se incluía la idea de que el atentado lo hubiera sido contra un cristiano. En fin. También Milei nos salió un defensor de la civilización judeo-cristiana, y vaya usted a saber lo que el dos veces doctor de nada entiende de lo que él mismo dice. Porque su saber doctoral es puramente por causa de honor: en los dos casos fue nombrado doctor honoris causa. Para que no falte el tercero en discordia, se hace visible el de Amurrio para alzarse contra los obispos, como Trump se alza contra el Papa. En el fondo son las mismas cosas que pasaban en la Europa de los años treinta y que Franco resolvió con que los obispos fueran elegidos de una terna presentada por él mismo al Vaticano. Al fascismo le molestó siempre el cristianismo y pretendió ser él mismo una religión: no fue el único. El estalinismo se dedicó a negar cualquier otra; el fascismo hizo lo imposible por dominar el cristianismo y servirse de él. Sin estalinismo, desde hace tanto tiempo, veamos lo que estamos viviendo.

Por eso, y sin teología ninguna, creo que sí, que tratarse bien es lo más sexy. En reflexivo, en uso vocativo y en recíproco.