Tragaderas

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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La habladuría, el chisme, los falsos rumores se difunden ahora la velocidad del clic, como arma entre bandos.

Me llegó a través de Twitter mucho antes que por el Caralibro; no en vano el pajarito es el medio más rápido para la difusión de e-noticias, e-eventos y e-todo en general. Resoplé satisfecho, porque la tesis que defendía la imagen se ajustaba a mis creencias, pero ya uno es perro viejo y no tardó en surgirme un interrogante sobre su credibilidad. Le envié el montaje a mi hermano, con un mensaje adjunto: "Habrá que llamar a un fisonomista". Las ancianitas se parecían. La que posaba sonriente abrazada al terrorista Otegui y la que era llevada por los agentes en volandas, como sacrificada sobre una cruz. Su pelito rizado cano, sus gafitas bondadosas. Su incoherencia como pacífico símbolo de resistencia independentista, de ser cierto aquello. De tan bueno, no podía ser real. Y no lo era, como quedó demostrado unas horas después.

El de las ancianitas ha sido el más reciente y escandaloso bulo esparcido por las redes, pero hay infinidad de muestras. Quizá conozcan la existencia en Twitter de una cuenta creada con el propósito de detectar las mentiras que pululan en absoluta impunidad, confundiendo, pervirtiendo, erigidas en el e-agit prop del siglo XXI. @maldito bulo, se llama. Aconsejo que la sigan, sobre todo si son de los que desenfundan el teclado rápido. Estoy bastante convencido de que hay equipos a un lado y a otro de las trincheras produciendo fakes a tres turnos, y debemos estar preparados para defendernos.

Hay una modalidad de bulo menos ruin, más graciosa, pero que también ejemplifica el riesgo que supone asomarse a las redes para informarse; hace unas semanas se dio un caso: un tuitero del entorno de la afición madridista, al acabar un partido, publicó unas declaraciones fantaseadas de un futbolista, que se acaba de inventar sobre la marcha, como si fueran ciertas. Fulanito dos puntos se abren comillas tracatrá se cierran comillas. Los primeros retuits y favs se produjeron a sabiendas del truco, entre conocidos y seguidores del bromista, pero como el contenido era polémico, por jugar con la dualidad Messi-Cristiano, acabó teniendo un eco brutal y llegando a ser dada por buena por numerosos medios de comunicación. En otras ocasiones ha sucedido que alguien se ha inventado un fichaje por parte de un club, ha creado incluso una cuenta ex profeso para anunciarlo, y la prensa se ha tragado la travesura hasta el fondo.

Así que por un lado tenemos a ciudadanos sin el más mínimo filtro a la hora de compartir y retuitear, y por otro a periodistas (cada vez la frontera entre ambos es más difusa) que no atendieron cuando explicaron aquello de acudir a las fuentes, contribuyendo a la proliferación de la mentira y la discordia. La habladuría, el chisme, los falsos rumores se difunden ahora la velocidad del clic, como arma entre bandos.

Apelo a la responsabilidad de todos nosotros para contrarrestarlos.

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