Esta mañana, en el Arenal, escuchaba a estos chavales mientras hacía cola para el cajero... Sonaba de maravilla ese cuarteto de viento que animaba los alrededores con su estupendo repertorio de canciones. Me acerqué a echarles unas monedas en la funda del saxo que tenían abierta a sus pies,
Mi sorpresa fue cuando uno de ellos me dijo sonriente ¡Feliz Navidad Don Agustín!... Era un antiguo alumno, uno de esos chavales vocacionados por la música que después de largos años de estudio ya está acabando el Grado Superior que, como muchos sabéis, equivale a un Grado Universitario en toda regla.
Buen estudiante, se esforzó enormemente durante toda la ESO y el Bachillerato para compatibilizar estos estudios con los duros horarios del Conservatorio que requerían —a medida que avanzaba de nivel— más y más horas de ensayo. Ahora estaba ahí, en medio de la plaza con sus amigos, endulzando estos días con su música, con la única pretensión de disfrutar de su pasión y de ayudarse un poco en sus estudios.
Me alegré doblemente por él y por sus compañeros que habían seguido similares trayectorias y recordaba lo injustamente tratados que han sido siempre en este país los músicos y los estudios musicales, las penurias que han pasado y pasan los Conservatorios en cuanto equipamientos y dotación de profesores, las escasas facilidades para estos magníficos estudiantes vocacionales que, por lo general, trabajan el DOBLE, que los demás.
Recordaba como en ocasiones han sido noticia en la prensa otros estudiantes y titulados superiores en distintos instrumentos musicales que se ganan la vida en una estación de metro o en las puertas de un centro comercial, ya que este país nuestro no muestra mucho interés por la cultura y las manifestaciones artísticas, distraído como está con otros asuntos.
En estas cosas pensaba mientras después de saludarlos, me quedé un buen rato escuchándolos, discretamente retirado detrás de ellos, disfrutando de su música, de su entusiasmo, con el deseo que el futuro les depare lo mucho que se merecen por su esfuerzo.
TÓCALA OTRA VEZ... JUAN.
¡NO DEJÉIS DE TOCAR CHAVALES!
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