El tiempo sin tiempo

Antonia Nogales

Periodista & docente. Enseño en Universidad de Zaragoza. Doctora por la Universidad de Sevilla. Presido Laboratorio de Estudios en Comunicación de la Universidad de Sevilla. Investigo en Grupo de Investigación en Comunicación e Información Digital de la Universidad de Zaragoza.

El reloj de la calle Larga.
El reloj de la calle Larga.

Confiar en el tiempo. Ese que dicen que cura todas las heridas, que te hace retroceder y avanzar como si estuvieras en la espiral de una ruleta o en el vagón de una noria. Avanzar y retroceder. El tiempo a veces es un gran aliado. Lo sé porque en más de una ocasión no me ha quedado otra que confiar en él. Pero ¿cómo será para aquellos que no pueden medirlo ni vivirlo como nosotros? Quienes permanecen dormidos, expectantes, detenidos, sin hacer planes ni proyectos. Hace un año que todos empezamos a sentirnos así. Un año de tiempo, un año sin tiempo. 

Fue de repente. Seguro que todos lo recordáis con extraordinaria precisión. Seguro que todos recordáis la sorpresa, que se tornó en miedo, que se convirtió en impotencia. Supongo que cada uno tenemos una palabra que refleja lo que ha significado esto en nuestras vidas. Seguro que todos tenemos una imagen que perdurará con más fuerza en nuestra memoria cuando pensemos en este tiempo sin tiempo. A pesar de que esta época se define por lo que no hemos hecho, acabaremos recordando lo que sí nos pasó, las pequeñas alegrías que tuvimos y las decisiones que tomamos cuando pudimos elegir. Acabaremos por recordar el tiempo sin sensación de tiempo pero sabremos que estuvimos allí. 

Recordaremos la quietud, el silencio y su capacidad atronadora. Recordaremos el momento en el que todo lo que creíamos cierto se desdibujó. Primero por dos semanas, luego por meses... y ahora ya no está claro hasta cuándo. A pesar de que reaccionar bien o mal a los límites es una cualidad personal e intransferible, no tenemos más remedio que seguir explorándola. Un poco y otro poco más.

En este tiempo sin tiempo hay muchas reglas, muchas normas, no hay sonrisas o no las vemos. No hay calor. Si en nuestro recuerdo se configura el tiempo transcurrido por lo que hacemos, este será el no tiempo, pero no será el no recuerdo. Rememoraremos una y otra y otra vez lo que vivimos cuando no nos dejaron vivir, cuando no nos dejaron ser, cuando nos impidieron pensar más allá de la siguiente prórroga. Cuando el miedo lo jodió todo, cuando el tiempo se hizo líquido, como en los mundos de Bauman. 

Un año de tiempo sin tiempo. El año que marcó el resto, que nos enseñó quiénes somos precisamente cuando no fuimos. El año que, sin vivir, vivimos más peligrosamente que nunca. Confiemos en el tiempo y en sus paradojas. Volveremos a vivirlo. Volveremos a creer que no es él quien nos tiene a nosotros. 

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