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El triunfo esconde la mascarada de que no se hable de violencia contra la mujer y que las asesinadas sean consecuencia de violencia de género. 

Los socialistas sacan la primera ley, la derecha saca la palabra mujer, en dos mil cuatro se aprueba en España la primera ley contra la violencia de género de Europa. El triunfo esconde la mascarada de que no se hable de violencia contra la mujer y que las asesinadas, todas mujeres, sean consecuencia de violencia de género. 

En Soledad Cazorla recae la responsabilidad de defenderla, de poner en marcha un cuerpo de fiscales especializados en los nuevos delitos contra la vieja saña machista. Asume el desafío con conocimiento, energía y corazón. La tarea es lenta, ardua y  duele mucho, las víctimas no cesan, la sociedad no cambia. Ella cree en su causa como cree en el derecho, por eso la elige, aun sabiendo que una ley sólo es el comienzo. Se sube a las tribunas para decir que faltan fondos y sobra el cuestionamiento al que son sometidas las que denuncian. Expresa su temor a retroceder si bajan las denuncias y las órdenes de protección. Sabe que la indefensión económica es peor que el miedo y que todo cambio empieza en lo social, por eso rompe el mito de las denuncias falsas con detallados informes. 

Soledad se muere en dos mil quince y su ímpetu la sobrevive, unas becas con su nombre compensan la deuda de la sociedad hacia los hijos de las víctimas.

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