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El pasado 11 de abril Amnistía Internacional, que lleva 40 años luchando por la abolición mundial de la pena de muerte, sacó el informe anual sobre las ejecuciones y aboliciones durante el 2016. Durante estos años 141 países han abolido la pena de muerte en la ley o en la práctica; 58 países se consideran ahora retencionistas, y el número de los que la siguen utilizando es mucho menor. La tendencia mundial es a la abolición. Los cinco países que más ejecutaron fueron China, que ejecutó a más personas que el resto de los países del mundo juntos, Irán, Arabia Saudí, Irak y Paquistán. En cuanto a otros países, preocupa también la magnitud de las ejecuciones en Vietnam y en Malasia, donde más de 1000 personas están en espera de ejecución.

El caso más alarmante es el de China, en el que el horrendo uso de la pena de muerte continúa siendo un secreto de alto estado. Según Amnistía Internacional fueron ejecutadas allí al menos 931 personas entre 2014 y 2016. Ésta, sin embargo, no sería sino una mínima parte del total de ejecuciones, puesto que la información que recibimos de ese país es engañosa. Los tribunales chinos fallaron también que cuatro personas que se enfrentaban a la pena capital eran inocentes y anularon sus condenas a muerte. Uno de los casos más destacados de error judicial y ejecución errónea en China fue el de Nie Shubi, ejecutado en 1995, cuando tenía 20 años. En diciembre de 2016, el Tribunal Supremo Popular consideró su sentencia errónea.

La gran sorpresa, sin embargo, ha sido Estados Unidos que, gracias a la presión que allí están ejerciendo asociaciones abolicionistas como Amnistia Internacional, ha salido de la lista de los cinco países más ejecutores. En 2016 alcanzó el mínimo de ejecuciones registrado  desde 1991. Pero, aunque  su uso ha bajado considerablemente en el país, preocupa el alto número de ejecuciones programadas, sobretodo en el estado de Arkansas. Según Salil Shetty, el Secretario actual de Amnistía Internacional, “la constante disminución del uso de la pena de muerte en Estados Unidos es un signo esperanzador para los activistas que llevan mucho tiempo haciendo campaña para acabar con la pena capital”

En noviembre de 2012 tuvimos la suerte de tener en Sevilla a uno de los grandes activistas contra la pena de muerte, Billy Moure. Nos habló de su experiencia en una charla organizada por la Comunidad de San Egidio, en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla. Billy Moure pasó 16 años en el corredor de la muerte y fue indultado, no sólo por su propia evolución personal, sino porque la familia de la víctima pidió el indulto por motivos de conciencia religiosa. Desde entonces es uno de los más conocidos activistas contra la pena de muerte.

En lo que se refiere a España, hoy hay sólo un español condenado a muerte. Está acusado de asesinar a tres personas durante un robo en una vivienda en 1994 y condenado a pena capital en un juicio plagado de irregularidades celebrado en el año 2000 en el que se lo consideró culpable. El Tribunal Supremo de Florida anuló el 4 de febrero de 2016 la condena a muerte de otro español más conocido, Pablo Ibar. Según la Asociación contra la Pena de Muerte Pablo Ibar,  se prevé que la repetición del juicio pueda empezar durante la primera mitad de 2018.

Otro caso en cuya anulación también colaboró Amnistía Internacional fue el del hispano filipino Paco Larrañaga, condenado a muerte en Filipinas por el caso de secuestro, violación y asesinato de dos hermanas en la ciudad de Cebú (Filipinas) en 1997. Su juicio estuvo plagado de irregularidades y fue indultado en el año 2006. Actualmente cumple condena en una cárcel española y sigue luchando por su inocencia. El primer abogado español que tuvo el hispano filipino visitó al grupo de Amnistía de Sevilla y comentó que se salvaría por ser español, pero los otros seis acusados no. Gracias a que la diplomacia española consiguió que se aboliera la pena de muerte en Filipinas en el año 2007, se cambió la pena capital por la de cadena perpetua también a los otros seis acusados, que siguen luchando por su inocencia, como aparece en el  documental de cine americano independiente Ríndete mañana, escrito y dirigido por Michael Collins en 2011.

También aquí la mujer juega con desventaja, ya que suelen ser víctimas indirectas por la ejecución de un miembro masculino de la familia. Es en países islámicos donde se han producido la mayoría de las ejecuciones de mujeres, a veces por delitos de honor que solo lo son para las mujeres. En Irán se ejecutó al menos a ocho mujeres, en Egipto a ocho, en Arabia Saudí a tres.

Uno de los países islámicos que está preocupando más en cuanto a las condenas de pena de muerte a grupos de personas es Egipto, donde se violan contantemente los derechos humanos. Actualmente Amnistía Internacional España en la red de acciones urgentes está llevando la acción de seis personas condenadas a muerte en diciembre del 2016 por un Tribunal Militar, acción que se está  llevando también por carta postal. No hay justicia sin vida, es por eso lo que Amnistía Internacional pide el fin total de la pena capital, “puesto que condenar a muerte a una persona supone negarle el derecho a la vida, proclamado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

Artículo escrito por Paloma Galán Ávila, activista del equipo de Medios de Comunicación de Amnistía Andalucía.

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