El pasado 14 de febrero de 2026, mientras escaparates y redes insistían en corazones rojos y promesas de amor eterno, AFRA Mujeres decidió hacer algo mucho más subversivo: hablar de sexualidad feminista.
El local de la asociación de la barriada La Alegría, en Jerez de la Frontera, se convirtió en un espacio de reflexión, escucha y cuestionamiento colectivo en torno al libro de Iris Borda, ¿Prácticas buen sexo? Cómo conseguir una sexualidad feminista. Y no fue casualidad la fecha. Si el relato dominante nos quiere enamoradas y complacientes, nosotras elegimos estar conscientes.
Más allá del mito: desmontar el guion patriarcal
Desde primera hora de la mañana, socias y simpatizantes se reunieron con un objetivo claro: desmontar los mandatos que han condicionado históricamente nuestra manera de vivir el deseo.
La jornada giró en torno a tres ejes fundamentales que atraviesan la obra de Iris Borda y que resonaron con fuerza entre las asistentes.
Primero, el cuestionamiento del coitocentrismo y de la supuesta “obligatoriedad” del orgasmo. ¿Quién decidió que el placer femenino debía medirse en tiempos, rendimientos o validaciones externas? Analizar estos mitos no es un ejercicio teórico: es una forma de recuperar el derecho a definir nuestra experiencia sin presión ni examen.
Segundo, la comunicación como herramienta política. Hablar de deseos, límites y necesidades sigue siendo difícil en una cultura que ha educado a las mujeres en la complacencia. Expresar un “no” claro o un “esto me gusta” consciente es un acto de autonomía. Y la autonomía incomoda.
Tercero, el placer como derecho. No como concesión, no como premio, no como efecto secundario del placer masculino. El placer propio forma parte de la salud integral de las mujeres. Nombrarlo y reivindicarlo es también una forma de justicia.
Participar, escuchar, reconocerse
El taller no fue una charla magistral. Fue un espacio participativo donde, a partir de fragmentos seleccionados del libro, las asistentes compartieron experiencias y reflexiones. Se habló de presión estética, de inseguridad corporal, de cómo el juicio constante sobre nuestros cuerpos impacta directamente en el disfrute erótico.
“No se trata solo de qué hacemos en la cama, sino de cómo nos sentimos con nuestros cuerpos y qué espacio ocupamos en el mundo”, señalaba una de las participantes. Y ahí está el núcleo del debate: la sexualidad no se vive aislada del contexto social. Se construye en él.
Feminismo en el barrio, conciencia en comunidad
Que este encuentro tuviera lugar en la barriada La Alegría tampoco fue casual. AFRA Mujeres continúa tejiendo redes en los barrios de Jerez, acercando el feminismo a espacios cotidianos y creando lugares seguros donde formarse, debatir y sostenerse mutuamente.
Hablar de sexualidad feminista en comunidad rompe el aislamiento. Permite descubrir que muchas de las dudas, culpas o silencios no son individuales, sino producto de una educación desigual. Y lo que es estructural, se transforma colectivamente.
La jornada concluyó con una sensación compartida: la sexualidad feminista no es un eslogan ni una moda editorial. Es una herramienta de libertad personal y de transformación política. Implica autoconocimiento, consentimiento real, comunicación honesta y ruptura con guiones heredados.
El éxito del taller demuestra algo que venimos constatando desde hace años: existe una necesidad profunda de hablar de estos temas sin tabúes, con rigor y desde una perspectiva feminista.
Porque el amor romántico puede tener su día en el calendario.
La conciencia feminista, no.
Esa se practica todos los días.
