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Ser friki está saliendo muy barato, por ello, mi más sincera admiración para el que lo es de nacimiento y se ve rodeado por la maraña mediática del frikismo de los 20 duros.

En los 80 la fama costaba pero más costaba ser friki. Esa palabra ni siquiera estaba en nuestro vocabulario, si acaso eras un pardillo, el raro de la clase o incluso el apestado. Por suerte, un chico con inquietudes (un chico no tenía inquietudes, jugaba al fútbol y perseguía chicas. O eso te decían) podía refugiarse en cierto modo en tebeos, videojuegos y juegos de rol. Incluso hacía otros amigos de su “especie” y, aunque no eran los más populares del colegio o el instituto, eran felices.

El frikismo era una terapia contra el bullying, algunas veces era su causa directa, pero como lo llevabas en la sangre, te compensaba. No es que yo haya sido un gran friki, pero sí que tenía que ocultar algunas de mis aficiones para no sufrir la sorna de mis compañeros. Los niños son crueles y cualquier diferencia puede desencadenar la ira de unos cuantos que, por lo general, se dejan llevar como borregos por un descerebrado intolerante. Últimamente hemos conocido algunos casos de acoso escolar que han acabado en desgracia, pero tengo esperanza, veo que en los colegios se educa en la tolerancia al diferente, veo que mis hijos tienen unas bases que quizás yo no les he dado y que el sistema educativo las tiene muy presentes. Estoy contento por eso, he aprendido cosas de ellos, cosas que daba por hechas y que un niño de siete años me ha enseñado. Saliéndome un poco del tema: no se puede comparar el Síndrome de Down con nada, pero mi hijo tiene claro que su compañero de clase con esa característica merece todo el respeto y, que tendrá alguna dificultad más que él, pero su deber es comprender su situación. No os voy a contar lo que le pasaba a los diferentes en cualquier aspecto en los 80.

Quizás me estoy poniendo un poco profundo, pero eché de menos esas bases durante mi etapa educativa. La verdadera razón de este texto es reivindicar, en cierto modo, al auténtico friki, el que compraba comics de Spider-Man, el que jugaba a Dragones y Mazmorras, el que se leyó El Señor de los Anillos, el que se sabía los diálogos de La Guerra de las Galaxias (lo de Star Wars es de frikis de palo), el que aguantó que le llamaran “tonto” por abrir un libro en el recreo o por entrar a la biblioteca. Mis respetos para él. Hoy te puedes comprar una camiseta de Marvel por cuatro Euros en Primark e ir de friki, véase la foto, puedes ver cuatro series descargadas de internet, puedes saberte medio universo Marvel simplemente dándole al play sin haber abierto un cómic en tu vida e incluso no tienes por qué estar gordo o tener pelusilla en el bigote. Esto es lo que más me fastidia, ahora hay frikis guapos e incluso cachas, un despropósito todo. Ser friki está saliendo muy barato, por ello, mi más sincera admiración para el que lo es de nacimiento y se ve rodeado por la maraña mediática del frikismo de los 20 duros. Ser friki ya no es friki.

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