Los Mossos entran en la Universidad de Lleida para detener a Pablo Hasel.
Los Mossos entran en la Universidad de Lleida para detener a Pablo Hasel.

Hace pocos días hemos conocido la resolución de la Audiencia Nacional, que fija un plazo de diez días para el ingreso en prisión del rapero Pablo Rivadulla Duró, conocido artísticamente como Pablo Hasel. El cantante, convencido marxista-leninista, se enfrenta a cargos de enaltecimiento al terrorismo e injurias a la corona. ¿Enaltecimiento al terrorismo? ¿En serio? Puede parecer una broma, pero Pablo Hasel está acusado de enaltecimiento al terrorismo por pedir una “revolución” contra el Estado. A mí me surgen varias preguntas: ¿Qué han reclamado los comunistas siempre y por qué nunca había sido perseguido? ¿Por qué Hasel y Valtonyc son tratados como delincuentes y exmilitares pidiendo 20 millones de fusilamientos son “viejos chochos”? 

Otros sin embargo, ven en la canción titulada “muerte a los borbones” claras señas de incitación al terrorismo por frases como: “Juancar, juancar no es amigo del pueblo, sino de la banca, la justicia está de duelo, suelo soñar que vuela por los aires, eso no es terrorismo, se merece el cielo.” ¿Sabéis lo gracioso? Que da la coincidencia que son los mismos que ven libertad de expresión y libertad de pensamiento el video en el que un hombre dispara a una diana con la cara del presidente del Gobierno, el vicepresidente segundo, el ministro Grande-Marlaska y demás miembros del Consejo de Ministros. El caso Pablo Hasel es otra prueba más de hasta donde es capaz de llegar la hipocresía y la doble vara de medir en la derecha española: aplauden escraches en la casa del vicepresidente II pero que nadie diga que al rey lo eligió el dictador Francisco Franco, que están infringiendo en varios delitos como apología a la verdad o injurias al adoctrinamiento.

Después tenemos el segundo cargo, injurias a la Corona. Pocos delitos hay en nuestro Código Penal que simbolicen tan bien la edad media mental e institucional como el de injurias a la Corona. ¿No puedo decir que el rey ha robado si así se demuestra? ¿No puedo decir que al rey lo eligió Franco si así fue? ¿Tampoco puedo decir que los españoles hemos pagado operaciones estéticas a Leticia Ortiz, aunque haya sido así? O sea, ¿qué tengo que tragar con todo lo que quiera su majestad, callado y agradecido? ¿Y la libertad de expresión y la dignidad dónde puñetas están?

Bien es sabido por todos mi militancia en las Juventudes Socialistas de España (JSE) y mi respaldo total y absoluto al presidente del Gobierno Pedro Sánchez; es por eso que creo que el Ejecutivo más progresista de la historia no se puede quedar de brazos cruzados ante la inminente encarcelación de una persona de facto por delitos de pensamiento, ya que estamos divisando en la España del siglo XXI tribunales que actúan del mismo modo que la Inquisición, por lo que sería un terrible error permitir tal acto de censura. No basta con las palabras de apoyo del señor Iglesias o el descontento de gran parte de las bases del PSOE —entra las que me incluyo—; la situación impera pasar de las palabras a los actos, espero personalmente estar comprometido con un presidente que esté a la altura y firme el indulto de Pablo Hasel, porque nadie mejor que los socialistas sabemos que la libertad no se toca, y mucho menos si es la libertad para decir la pura verdad.

Lo digo desde las antípodas ideológicas de Pablo Hasel, porque no hace falta compartir su discurso para defender su intocable derecho a la libre expresión y al libre pensamiento. Como dijo el ilustrado francés Voltaire: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo".

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