La Virgen de Amor y Sacrificio, este Lunes Santo.    MANU GARCÍA
La Virgen de Amor y Sacrificio, este Lunes Santo. MANU GARCÍA MANU GARCÍA

No quisiera comenzar este artículo en esta tarde lluviosa de Lunes Santo sin dejar claro que esta semana es para mí una experiencia que pocas palabras pueden definir, como estudiante de Psicología llegaría a afirmar que para quienes nos hace sentir tal sinfín de emociones es lo que llamamos "constructo".

De no ser por mis oscilaciones morales y por la caprichosa tendencia de llover en estas fechas, hoy estaría acompañando a Nuestra Señora del Socorro, que por cierto forma parte del nombre poco típico y compuesto que me pusieron al nacer. Este texto es una declaración por mi amor hacia esta semana, amor que como quien se esconde he estado cubriendo desde pequeña, ya sea por los círculos en los que me movía escolarmente, donde lo más normal en vacaciones de Semana Santa era viajar a algún país tropical o por mis convicciones y gustos personales, que me llevaron a relacionarme en ámbitos donde la Semana Santa más que motivo de admiración era motivo más bien de indiferencia. Sin embargo, ya fuera de la manera que fuera no había Semana Santa que me perdiera.

Desde que tengo conocimiento, un sentimiento que ha ido in crescendo con el pasar de los años ha sido esta amalgama de sensaciones que tengo por la semana en la que la ciudad es testigo de una historia, la de Jesús pero otra historia además; la de las manos que tallan, que bordan, los pies que caminan durante horas ya sea bajo las trabajaderas o el antifaz, las manos y pulmones que crean el acompañamiento musical o las jóvenes manos que llenan cada esquina con el aroma a incienso; no son menos los naranjos, que con su azahar ponen la guinda al pastel en que se convierte una calle, que no es igual cuando el Domingo de Resurrección culmina la semana del plenilunio.

Hace relativamente poco tiempo descubrí que era altamente sensible, una condición que para las personas que la tenemos es en ocasiones un poco asfixiante en los casos en los que solo buscas estar en paz o ignorar un altercado desagradable, pero es un auténtico regalo para los sentidos de quien admira el arte y especialmente la semana mayor, donde cada sentido tiene su parte en esta función.

Sin embargo, detrás de toda esta profunda pasión y sentimiento la realidad es que no cumplir el estereotipo innegable que rodea el mundo cofrade hay una frase que siempre que doy a conocer mi gusto se repite: "No te pega que te guste la Semana Santa"’. Serán mis tatuajes, será mi reticencia a usar una falda que no sea de flores o mi cara lavada y mi imagen poco acorde a quienes pueblan estas calles las que me alejan del prototipo, yo la Semana Santa la llevo por dentro y hay no pocas razones para este hecho. Como no llevar dentro de mi cada vez que me quede dormida mientras mi padre me cantaba amargura de Font de Anta, cada cuaresma que le acompañaba a buscar las flores a Chipiona, cada Domingo de Ramos mirando el cielo azul, cada Lunes Santo en que la calle Carpintería Baja ilumina cada capa de raso cardenalicio, el pan con jamón viendo la Amargura por plaza de Las Angustias, la Vera Cruz entrando en el austero silencio y oscuridad de la plaza de San Juan y el deseo por salir por primera vez en la Madrugá. Es sentimiento, es un constructo no hay palabras para describir lo que siento ahora mientras suena Ione y llego a las líneas finales de este escrito, con la piel de gallina al son de la caja ronca característica de la marcha, con la que puedo vislumbrar un cierre de Viernes Santo con el manto de nuestra Señora de la Piedad, escrito que no acabará sin la breve y amarga anotación que más me entristece y es, la otra historia de la semana santa.

Es en este punto donde la pasión deja de ser sentimiento de júbilo, donde el incienso queda en segundo plano y donde la madre de Jesús llora porque hay personas en la calle que lejos de ir a disfrutar de la Semana Santa y del encuentro con Dios, sale a lucir sus mejores galas, sale a alcoholizarse y a ser ese tipo de personas que reían mientras Jesús era sentenciado.

Sin ser yo cristiana puramente, sino estando entre el cristianismo y el budismo, con una fe claramente marcada por la esperanza y la motivación de ser buena persona y dejar este mundo y mi alrededor mejor de lo que lo encontré, invito a pensar y reflexionar y hacer de esta semana aparte del deleite artístico para los sentidos, una semana para la reflexión, una semana para aquello que nos decían del examen de conciencia. Que la imagen de Jesús nos haga pensar en cómo tratamos al prójimo, que las lágrimas de María nos hagan pensar sobre cómo tratamos la tierra que habitamos. Que cuando acabe la semana, la acabemos con el corazón un poco más lleno y un poco más abierto a ofrecer amor, compasión y escucha, ser más como la imagen que celebramos y menos como la tendencia egoísta e individualista que, a veces, parece gobernar estos tiempos y tirando de mi hemisferio más budista, que no es tan lejano al mensaje de Jesús, que en estos tiempos nos alejemos de cualquier tipo de violencia.

OM SHANTI SHANTI SHANTI. Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

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