1. Pobreza: en una supuesta pobreza donde todavía se tira de padres o abuelos y el número de calorías mínimas esté garantizada para la mayoría de la población, el concepto de politización será escaso para hacer un verdadero frente común a las desigualdades. Es decir, donde hay todavía más gente nutrida y con acceso al ocio que una minoría, por muy mal que esta minoría esté, ningún conato serio de cambio será realizado, salvo en corrillos, círculos y debates. Al margen de una endogamia de personas ilustradas(la llamada por algunos con inquina: la minoritaria izquierda caviar) que por gustar de la cultura o tener carácter autodidacta se implican entregándose, nada cambia radicalmente lo establecido.

2. Revolución: pongamos por caso que la pobreza se hace mayoritaria. La sociedad se politiza y por una cuestión de supervivencia empieza a ser seducida por líderes que fomentan un ideal en pro del bien común. Todo puede realizarse a favor de la mayoría o de nuevo en favor de unas élites. Se han dado los dos casos. El fascismo vuelve a estar de moda cuando la clase media se tambalea.

3. Guerra: tras el conflicto y la sustancial bajas de inocentes en masa, con mayoría de bajas civiles y gente que proviene de la anteriormente citada pobreza, las élites, si son 'derrotadas' por el pueblo, esto no siempre ocurre (pongamos por caso a la dictadura Franquista) y el pueblo consigue controlar a los poderes fácticos como la iglesia, el ejercito y la manipulación de los medios de comunicación, se inicia un nuevo periodo de modelos, tanto en lo económico como en la concepción de la sociedad.

4. Clase media: con la llegada de periodos democráticos y con la influencia de la concepción del modelo económico de los vencedores, en este caso el capitalismo. Que mantiene a su conveniencia a quién es útil, provenga bien de la revolución o de la élite que supuestamente ha sido derrotada, comprende que hay que empoderar a una clase media para impulsar el consumismo y dota a una numerosa cifra de personas de trabajo no tan esclavo y de ocio, también por la lucha de la clase obrera. Quizás por también por temer otro modelos de economía que les hagan competencia, como el comunismo, aunque éste derive casi siempre en totalitarismos.

5. Confort: de la pobreza a poder tener ahorros en un banco, en la mayoría de los casos, es algo que no se asimila, es decir, un éxito que por una mala gestión de la educación en las escuelas no será comprendido, empezamos a olvidar de donde nos vienen dadas y por qué se pasó de un estado del bienestar a un retroceso, de nuevo.

6. Olvido: el bienestar mal administrado provoca el olvido y la memoria colectiva desaparece.

7. Las élites: los estados que todavía puede controlar el capitalismo legislan y los impuestos son un problema que los grandes empresarios y la banca no están dispuestos a tolerar. Éstos boicotean las estructuras y las instituciones del estado y éste por chantaje y corrupción cede. Quizás revelando la idiosincrasia real de la sociedad en ese momento, o la del ser humano, quien sabe  (en esto tengo mis días y mis dudas).

8. Populismo: falsos profetas provenientes de los extremos seducen a las masas, en un claro retroceso de sus derechos civiles, para invitarles a su particular revolución. Los partidos de lo establecido, tras la mutación del capitalismo, meten también en el mismo saco a quienes quieren ocupar el lugar del progresismo (“nuevas políticas” con metodologías horizontales que chocarán de frente con la ingratitud y la realidad del perfil del ciudadano que configura actualmente esa clase media en extinción). Los partidos de la llamada vieja política crean un caldo de cultivo mediático, mediante el miedo, para obviar su traición al ideal que les catapultó para tener relevancia en una época de transición convulsa, donde generaciones frustradas y agasajadas les perdonan hasta el más vil comportamiento. Y así en bucle, se pasa del paso 8 al 1, de nuevo. Irremediablemente.

Pueden revisar la historia, sus mitos y sus dioses. Sobre la bondad o la maldad, la actuación del individuo en sociedad, los pecados y sus virtudes y lo que somos como especie, cada cual tendrá su filosofo o poeta preferido en la estantería. El que no se consuela es porque no quiere.

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