La vida al repique de un campanario
La vida al repique de un campanario

Hace más de 20 años que emigré de una gran ciudad para vivir en un pequeño pueblo de la Alpujarra almeriense, y echando la vista atrás puedo decir con orgullo, que me siento feliz de tan acertada decisión, y que gracias a lavozdelsur.es en su sección Savia Rural, me ha permitido poder compartirla hoy con todas y todos los que creemos en el mundo Rural.

A priori dar el paso puede asustarnos, porque malas praxis políticas de años, han propiciado que los desequilibrios territoriales se agraven y a los pueblos de menos de 1000 habitantes nos hayan ido desmantelando de servicios públicos y de proximidad como si estuviéramos de mudanza. Entidades financieras sustituidas por cajeros, servicios médicos una vez a la semana, escuelas (las que subsisten) sin aula matinal o comedor, y nuestro internet/wifi que se corta o ralentiza cuando se nubla, menos mal que la lluvia por aquí es también como lo demás, escasa... aunque suficiente.

Suficiente en el sentido de “lo justo y necesario”,  porque ese concepto de idea va ligado a la generosidad, y entonces lo pequeño suma al todo, ejemplo de ello nos brinda nuestra Montaña del sol (Sulayr o Sierra Nevada), que es generosa, como su gente, y bien custodia la “poquica agua que cae” como el tesoro que es, entre aljibes, acequias y acuíferos regando nuestras huertas en los valles de los ríos Adra, Chico, Guadalfeo, Andarax y Nacimiento dándonos vida y sustento a animales y personas más allá de los límites geográficos de las provincias de Almería y Granada.  Necesario y Suficiente... esa es la gran pregunta que debemos hacernos si se está pensando vivir en un pueblo: ¿qué es lo suficiente para mí ? ¿qué es lo que realmente necesito?

La Alpujarra.
La Alpujarra.

El momento sanitario que estamos viviendo por la pandemia, está haciendo que muchas personas cambien su modelo de vida, y decidan vivir de forma más sencilla que en la ciudad, vivir de forma más cercana a la naturaleza y disfrutar del ocio de la vida, de lo hermosamente llenos que están nuestros pueblos de tantos matices de colores que inundan el cielo y la tierra al paso cambiado de las estaciones. Esta crisis sanitaria para nosotros significa Esperanza, porque estamos asistiendo en directo al éxodo urbano de los que serán neorrurales pero también esperamos con ilusión el retorno de nuestros jóvenes, que una vez formados, vuelven la mirada de nuevo al pueblo y deciden emprender en el.

Más allá de lo típico asociado al turismo rural, los pueblos representan una excelente oportunidad para el emprendimiento en el sector servicios: academias, servicio de taxi, asesorías, comercios de toda índole, gimnasios, clínicas dentales, fisioterapia etc. Para los jóvenes y no tan jóvenes, adquirir una vivienda en el pueblo mejora la calidad de vida además del bolsillo, y a su vez permite el asentamiento en cualquier municipio por remoto que sea para desarrollar con profesionalidad nuevas formas de trabajar como el teletrabajo. El sector primario, tan maltrecho y maltratado por la Administración, prácticamente abandonado en muchos lugares por la falta de relevo generacional y el envejecimiento de la población, ha sido por primera vez valorado como lo que es, Primera Necesidad, y hoy por hoy representa una oportunidad de desarrollo sin precedentes que debemos aprovechar, a través de la especialización inteligente y su modernización hacia sistemas de producción ecológica, que garanticen nuestra salud, la producción de alimentos de calidad, y la sostenibilidad del entorno de producción.

Los cambios en los hábitos de consumo, la mirada al futuro desde el origen, el reconocimiento de un Medio rural vivo, los fondos europeos Netx Generation de recuperación económica, todo eso y más, supone para nuestros pequeños pueblos revertir la despoblación que veníamos padeciendo.

Una buena gestión de esos recursos económicos pensados para el medio rural, debe garantizar que el diseño e implementación de los proyectos se haga desde el propio medio rural, una fórmula eficaz para ellos pueden ser los Grupos de Desarrollo Rural presentes en todo el territorio andaluz y conocedores como ninguna entidad de la cotidianidad de nuestra realidad rural. Proyectos concretos y transversales a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de rápida ejecución para que incidan a corto plazo en las carencias de los pueblos en servicios básicos, fomenten la autonomía energética local mediante inversiones en energías renovables, mejoren las telecomunicaciones para que tengamos las mismas oportunidades de asentamiento empresarial y cultural, en definitiva proyectos que posibiliten un medio rural atractivo para nuevos pobladores, como funcionarios de la administración local o provincial, sanitarios, maestros,etc... que cada día vienen a trabajar al pueblo y a los que tenemos que animar, que no convencer, que vivir en el pueblo, y requetebién, es posible.

En resumen, la vida al repique de un campanario, supone escoger abiertamente la diversidad de posibilidades laborales y personales para iniciar una actividad o un modo de vivir, tan diverso como los colores, olores, sensaciones, sabores y sonidos que nos ofrece el pueblo. Un medio rural con luz propia, donde conviven fanalitos artesanos y nuevas tecnologías. Pueblos en movimiento, con Valores, con pasado, presente y futuro. Mucho más que suficiente. Mucho más de lo que se necesita para ser felices. Seguramente las mayores de sus muchas o pocas necesidades estarán en su pueblo, porque indudablemente son las vitales. Háganse entonces mi pregunta ¿es suficiente?

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