La Janda era una laguna, un enorme humedal, la laguna más grande de toda la Península ibérica. Nací allí una primavera, en un pequeño montículo escondido entre altos y finos juncos, bajo un cielo tan azul que casi te hacía llorar. Exploré la Janda. Vi zorros, ciervos y ginetas. Descubrí tejones malhumorados y comadrejas que buscaban refugio cuando las águilas sobrevolaban... En otoño y primavera millones de aves migraban allí: grullas, cigüeñas y numerosas especies de patos y limícolas. La Janda era hermosa. Y era mi hogar” (leo Alba y la vieja grulla, de Marta Curti, narradora, Los Ángeles, California; y Gorka Gorospe, ilustrador, San Sebastián, País Vasco).
Hasta su desecación en los años 60, bajo el régimen de la dictadura franquista, para convertirlas en tierras cultivables, la Janda fue el humedal interior más extenso de la Península ibérica. Lo formaban varias lagunas estacionales de agua dulce: La Janda, Espartinas, Jandilla, Rehuelga, el Torero, Alcalá, la Haba, Tapatana y Tapatanilla. Las lagunas se nutren de las aportaciones de los ríos Barbate, Celemín y Almodóvar.
Hoy la mayor parte de las tierras cultivables, con olivar superintensivo de regadío y plantaciones de aguacates, pertenecen a terratenientes como la familia Mora-Figueroa, que recibe cuantiosas ayudas de la PAC. Estas familias se niegan a dialogar para buscar una solución y que parte de la laguna pueda ser restaurada ecológicamente.
Lo curioso es que existe una sentencia del Tribunal Supremo de 1967 que reconoce que 6.125 hectáreas del antiguo lago son de dominio público hidráulico. En épocas de lluvias intensas como las actuales de enero y febrero, el agua de las lagunas ocupa unas 9.000 has. La sentencia del TS nunca se ha aplicado y los terratenientes siguen utilizando las lagunas como propiedad privada.
Coincidiendo con el Día de los Humedales, 2 de febrero, como en años anteriores, se celebró una marcha reivindicativa el domingo 1 de febrero por la recuperación de la Laguna de la Janda, en la que participaron cerca de 200 personas que desafiaron al mal tiempo y acudieron a la altura del km 47 de la N-340, en el término de Barbate y frente a la Sierra del Retín, donde se halla uno de los aliviaderos por el que el agua, que inunda estos días los campos andaluces y desborda al Guadalete cerca de Jerez, se precipita suicidándose para aparecer aguas abajo en las Marismas de Barbate y de ahí al Océano Atlántico.
En la marcha participaron una decena de asociaciones conservacionistas de Cádiz y del resto de Andalucía.
José Manuel López es el presidente de la Asociación Amigos de la Laguna de la Janda: “La Asociación se creó en 1984. Hay futuro, pero es complicado. No hay voluntad política por parte de la Junta de Andalucía y del Gobierno de España, aunque la razón judicial está de nuestro lado, pues la sentencia del Supremo reconoce que es dominio público. Nos estamos planteando recurrir ante los tribunales europeos. Tengo esperanza en que, antes de morirme, mis nietos puedan disfrutar de este espacio natural”.
Otra de las organizaciones convocantes, la Fundación Savia, ha presentado una alegación formal al POTA (Plan de Ordenación del Territorio de Andalucía) para que las lagunas de la Janda sean incluidas en la documentación cartográfica del POTA como elementos de la infraestructura verde de Andalucía, desde el punto de vista hidráulico y por una cuestión de justicia histórica y ambiental. Su presidente, Paco Casero, señala: “La Janda representa la renuncia de las Administraciones Públicas a la defensa de lo público, ante el poder de lo privado, y no atienden a las demandas de la sociedad civil y a los valores que engrandecen a esa sociedad. Estamos condenando a las generaciones futuras a no poder disfrutar de ese espacio natural”.
Uno de los participantes en la marcha fue tajante: “En la dictadura, el Supremo reconoció que estas tierras eran de dominio público hidráulico, y hoy, tras 50 años de democracia, agachamos la cabeza con los poderosos y no se aplica aquella decisión judicial por parte de la Junta y el Ministerio de Transición Ecológica”.
Para Lola Yllescas, de Ecologistas en Acción, que también estuvo en la marcha, “una solución sería cerrar los desagües de la laguna y abrir los embalses como el de Barbate o el de Almodóvar, para rellenar la laguna y recuperar la titularidad pública de la Janda. Veo difícil la solución, lo cual no me quita el ánimo para seguir luchando por lo que creemos justo, pues el Estado contempla 6.125 has de dominio público”.
Antonio Aguilera es pajarero, economista y secretario de la Fundación Savia: “En estos años tenemos entre 1.000 y 1.200 grullas invernantes que, provenientes de Holanda, Alemania y países escandinavos, se mueven entre La Janda y Tánger. Sacapuntas es el nombre de una aguilucha ceniza que nació en la Janda en 2019, se marcó con GPS y da información en tiempo real de dónde está”. Aguilera escribió un libro contando la historia de Sacapuntas, y en 2025 Alfredo Penella realizó un documental sobre esta ave rapaz migratoria, que ahora debe estar en Senegal. Para Aguilera, “uno de los sueños es que la grulla vuelva a criar en la Janda”.
Juana Lagóstena, que vive en la comarca de la Janda, recuerda que “de jóvenes íbamos a la Janda a pajarear con colonias de garcilla. Antes había arrozales, ahora no, y desaparecen las limícolas. Confiamos en que actúe el Gobierno para recuperar la laguna. Los terratenientes lo utilizan como negocio. Pido a la sociedad que se implique porque ese espacio natural es de todos”.
Su hijo Darío tiene quince años, estudia música y toca el violonchelo, y lleva acudiendo aquí todos estos años atrás para pedir que se proteja a la Janda, porque “es un símbolo de la provincia de Cádiz y un lugar con un alto índice de biodiversidad, por donde pasan miles de aves migratorias. Desde la sociedad tenemos que actuar conjuntamente con la ayuda de los medios de comunicación para recuperar la laguna como bien público”.
En la marcha reivindicativa, un grupo de artistas y músicos locales realizó una performance, representando un funeral simbólico por la Janda, un espacio natural que nos viene legado por nuestros ancestros, un lugar crucial para las aves migratorias entre Europa y África, donde convergen y se hermanan tres grandes espacios naturales: el Parque Natural del Estrecho, el de Grazalema y el Parque Natural de los Alcornocales.
La Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo (Andalucía-Marruecos) fue declarada por la UNESCO en 2006 y protege más de 900.000 has entre el sur de España y el norte de Marruecos, e incluye los parques naturales de Grazalema, Alcornocales, el Parque Nacional de la Sierra de las Nieves y el Parque Nacional de Talassemtane, en Marruecos: dos mares, dos continentes.
La Laguna de la Janda se halla en peligro de extinción y, en ese espacio natural, peligra también la supervivencia de miles y miles de especies migratorias como las grullas, si no ponen remedio el Gobierno español y la Junta de Andalucía. Una sociedad democrática avanzada debería recuperar parte de la Janda para el disfrute de las futuras generaciones.
