La dualidad entre el mundo rural y la producción ecológica

Profesora de la Universidad de Valencia. Investigadora de la producción ecológica.

Precioso entorno natural.

Desde finales del siglo XX, el planeta ha estado fuertemente afectado por cambios ambientales muy globalizados, con repercusiones directas sobre el clima y los aspectos donde el clima influye, como por ejemplo la producción de alimentos. Parte de las soluciones a estos problemas ambientales y sus repercusiones económicas tienen que venir de remodelar la organización espacial de los usos del suelo, para maximizar el secuestro de carbono y la producción sostenible de alimentos, en paisajes rurales multifuncionales.

La Ciencia pone de manifiesto que es muy difícil, o casi imposible, secuestrar grandes volúmenes de carbono en suelos dedicados a la producción intensiva de alimentos. Aunque son posibles algunas sinergias entre diferentes usos del suelo, la misma extensión de tierra no puede maximizar simultáneamente la producción de alimentos, secuestrar carbono en bosques antiguos y preservar la biodiversidad. Por lo que las soluciones a los graves problemas ambientales, implican la planificación del uso del suelo rural, que garantice la seguridad alimentaria, la biodiversidad y la lucha frente al cambio climático, soluciones que sin duda deben utilizar variables ecológicas como la calidad del suelo, la duración de los ciclos de cultivo, la optimización de los recursos, etc.

Por ello, para resolver al menos, algunos aspectos de nuestra difícil situación económica y ambiental global, debemos mejorar las dietas y garantizar la seguridad alimentaria a través de la producción sostenible, al mismo tiempo que poner fin a la expansión abusiva del territorio y acelerar la recuperación ecológica en antiguas tierras de cultivo para combatir el cambio climático, conservar especies y preservar otros servicios de los ecosistemas. Estos desafíos políticos, sociales y ecológicos, sin duda convergen en el modelo de producción ecológica.


¿Qué ofrece la Producción Ecológica al Medio Rural?

El sistema alimentario globalizado, intensivo e impactante ha tenido repercusiones sobre la pérdida de biodiversidad, la presión sobre los suelos, la contaminación por pesticidas, la dependencia de fuentes de energía no renovables, el uso excesivo de fertilizantes sintéticos y antibióticos, el bienestar animal comprometido y las cadenas de suministro abusivas con los productores, aspectos que requieren atención urgente y una transición adecuada. La producción ecológica tiene como principal objetivo hacer que los sistemas alimentarios sean justos, saludables y respetuosos con el medio ambiente.


Así, la agricultura ecológica emplea técnicas de cooperación con la naturaleza y sus prácticas llegan a albergar un 30% más de biodiversidad que la agricultura convencional, con las repercusiones positivas en la protección y salud del suelo, la minimización el uso de recursos y el bienestar animal. Al utilizar fertilizantes orgánicos, cultivos de cobertura u otras técnicas que aumentan los contenidos de materia orgánica del suelo, reducen la energía utilizada en la producción de alimentos, sin generar dependencias de los combustibles fósiles, contribuyendo a una mayor captura de carbono en el suelo y a la mitigación del calentamiento global. Reduce el uso y riesgo de plaguicidas químicos tóxicos, los cuales contribuyen a la contaminación del suelo, del agua, del aire, de los alimentos y de las personas y tienen efectos negativos para la salud de las comunidades agrícolas, sus comunidades vecinas, los consumidores y la biodiversidad.

En las prácticas ganaderas ecológicas se reduce el uso de antibióticos utilizados, por el contrario, en la ganadería intensiva, desgraciadamente los antibióticos disponibles se utilizan en exceso, lo que da lugar a bacterias multirresistentes que causan alrededor de 33000 muertes en la UE cada año, incluida la resistencia a los antibióticos en bacterias del suelo. La reducción en el uso de antibióticos y la introducción de "antibióticos de reserva" para la salud humana debe lograrse lo antes posible. Es necesario reequilibrar las prácticas ganaderas y la producción de cultivos de una manera que se ajusten a los límites naturales de cada territorio, y que los animales terrestres sean actores activos, poniendo en valor sus operaciones no sólo en la producción de alimentos sino como elementos dentro de la protección del territorio, limpieza de bosques, contribución paisajística, etc. El etiquetado de bienestar animal debe incluir información sobre el origen, nacimiento, crianza, transporte y sacrificio de los animales, pero también debería existir información para los consumidores sobre las aportaciones positivas que la ganadería extensiva ecológica, realiza sobre el paisaje y el territorio.

Desde el punto de vista social, la producción ecológica es un atractivo para que la juventud se incorpore a las actividades agrosilvopastoriles, con visiones más proteccionistas con el territorio, proporcionando igualdad de acceso e ingresos. Este aliciente debe ser el motor para impulsar la actividad de tierras y de tareas dentro del Medio Rural, contribuyendo a evitar el grave problema de la despoblación de estas zonas y garantizando el relevo generacional en las actividades.

Pero sin duda, la producción ecológica contribuye a la producción de alimentos a nivel local teniendo en cuenta el equilibrio y la soberanía alimentaria, disminuyendo las dependencias externas, potenciando la localidad, la temporalidad, la gastronomía tradicional y reduciendo el transporte de alimentos. En este sentido el Medio Rural debería ser capaz de generar cadenas alimentarias regionales que se basen en la disponibilidad local y estacional, ya que la dependencia de las relaciones comerciales con largas cadenas de suministro, debilita nuestra seguridad alimentaria.

En consecuencia, hay que llegar a un entorno alimentario y unos precios justos, donde se refleje el costo real de la producción de alimentos, contabilizando y poniendo en valor económico, las contribuciones de las externalidades que el Medio Rural soporta para el global. Así, la alimentación sana y sostenible debe ser la más asequible y la más fácil de obtener para los ciudadanos, incluso en los servicios de restauración colectiva o máquinas expendedoras, siendo fundamental en la contratación pública como hospitales, residencias, centros deportivos, guarderías, colegios, universidades, etc. y en la implementación de estos procedimientos de contratación, se debe prestar especial atención a las pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas que sustentan el Medio Rural y contribuyen a su medio de vida.


¿Qué ofrece el Medio Rural a la Producción Ecológica?

Principalmente, el Medio Rural proporciona un modelo de sistemas locales, de agricultura de proximidad y temporalidad, donde la calidad, la cultura y la cercanía a los consumidores, le da un valor al producto final, estos aspectos son base para la ganadería y la agricultura ecológica, simplificando los trámites para alcanzar el estándar de calidad reconocido con la producción ecológica.
El equilibrio de la vida rural es fundamental para recuperar la dignidad y el valor del trabajo agrícola y ganadero, ayudando al relevo generacional, estos aspectos son componentes importantes para establecer un modelo productivo sostenible en la vertiente medioambiental, económico y social, tanto a corto como a largo plazo.

El suelo multifuncional que coexiste en el Medio Rural tiene la capacidad de absorber grandes cantidades de carbono, pudiéndose establecer medidas claras y mecanismos de apoyo para el almacenamiento de CO2 en el suelo a largo plazo, jugando un papel clave en la lucha contra la crisis climática, pero además, este carbono acumulado es la base de un suelo fértil y vital, para la producción ecológica.

Las grandes amenazas actuales que se presentan en el Medio Rural y por similitud en la proyección del modelo de producción ecológica, son el tema del acaparamiento de tierras por parte de los grandes inversores y los fondos de inversión opacos, la compra de suelos fértiles para la transformación abusiva en parque energéticos, así como las prácticas injustas de los grandes mayoristas que pagan a los pequeños productores por debajo de los costes de producción. Así, las recientes acciones de apropiación de tierras por parte de especuladores y fondos de inversión de países con inseguridad alimentaria han interrumpido el campo de acción estratégica que ha surgido en torno a la planificación del uso del suelo en las zonas rurales.

En conclusión, los programas, las iniciativas y las inversiones en formación e investigación deberían apoyar y empoderar a agricultores y ganaderos, partícipes del Medio Rural, en la transición ecológica, que es necesaria tanto para la capacidad resiliente de producir alimentos, sanos y nutritivos, como para la continuidad de la actividad agrosilvopastoril respetuosa. La investigación y el desarrollo de prácticas ecológicas deben apoyar al sector, además de la dirección estratégica de la demanda ciudadana.

El binomio entre el Medio Rural y la Producción Ecológica y sus correspondencias son vitales, pero también es vital recuperar la naturalización y la ruralización de los espacios urbanos y el patrimonio y memoria agrícola dentro de la ciudad, a través de los cinturones verdes, las zonas periurbanas, la permeabilización de bordes urbanos, el fomento de la funcionalidad de las infraestructuras verdes, etc. La esencia de los planes para las iniciativas de activar el Medio Rural debe contemplar la Producción Ecológica para promover la sostenibilidad ambiental, el proceso del uso multifuncional del suelo, la adaptación y resiliencia al cambio climático, el incremento de la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la calidad nutricional.