Frutas y verduras procedente de huertos ecológicos.
Frutas y verduras procedente de huertos ecológicos. MANU GARCÍA

Hace años que me di cuenta de los costes ocultos que tienen los productos convencionales, esos que inocentemente compramos a diario en los supermercados. Son alimentos que destrozan el medio ambiente, deterioran nuestra salud y devastan nuestro sector productivo primario, arruinando a agricultores y ganaderos. Había razones de mucho peso para dejar de adquirirlos y comenzar a comprar productos ecológicos y así lo hice. Las personas de mi entorno empezaron a interesarse por mis  nuevos hábitos de consumo y, poco a poco, también cambiaron su forma de alimentación.

Pero, ¿cuáles son esos costes ocultos? Debemos ser conscientes de que el dinero que pagamos al adquirir un producto no es su coste real, eso es simplemente el importe económico que abonamos. Por regla general, cuanto más barato es un producto más costes ocultos tiene. Los costes ocultos más evidentes suelen ser los costes sociales, los costes ambientales y los costes sanitarios.

¿Qué afecciones sociales provocamos comprando barato? En primer lugar, estamos fomentando que los centros de producción se trasladen a terceros países, donde la mano de obra resulta más económica debido a que los trabajadores no tienen los derechos laborales más elementales y, en algunos casos, trabajan en regímenes de semiesclavitud. Nuestro sector primario no puede competir con esos precios y esas condiciones, lo que provoca el abandono de las explotaciones agroganaderas y el éxodo rural.

Por otro lado, lo que nos cuesta barato, le sale caro al medio ambiente. Importar productos desde terceros países tiene una enorme huella de carbono y un gran impacto sobre el medio ambiente.

Pero ahí no acaba todo, también afecta directamente a nuestra salud. En estos nuevos países productores se emplean pesticidas que están prohibidos en la Unión Europea, por ser nocivos para la salud y el medio ambiente. Muchos de estos alimentos contienen restos de productos químicos que acaban en nuestro organismo.

Los sistemas de producción actuales, que no son sostenibles ya que los recursos del planeta son limitados, nos llevan irremediablemente al colapso del planeta y de nuestra civilización. La única opción de futuro que tiene la humanidad es la alimentación sostenible, solamente ésta se puede mantener indefinidamente en el tiempo.

El simple hecho de leer las etiquetas de los productos que compramos en los supermercados es el principio del cambio. La mayoría de los consumidores piensan que comprando en una cadena de supermercados españoles están adquiriendo productos nacionales; si leyesen las etiquetas comprobarían que más del 80% de su cesta de la compra está compuesta por alimentos producidos y elaborados en el extranjero.

Importar ingentes cantidades de alimentos implica un enorme gasto en combustibles fósiles para su transporte y dejar en el paro a nuestros agricultores y ganaderos. Con este modelo de consumo inconscientemente contribuimos al abandono de mundo rural y a la destrucción del medio ambiente.

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